La columna del Director

LA FIESTA DE LA CANDELARIA, PATRIMONIO INMATERIAL DEL PERÚ Y LA PRETENSIÓN BOLIVIANA DE NEGARLO

Por: Luciano Revoredo

“…el desfile de las danzas puneñas en las calles y Plaza de Armas de Puno fue el espectáculo más impresionante y cargado de significado que vi nunca…”

José María Arguedas

Puno espera febrero todo el año. Los vecinos de los diversos barrios unidos en cofradías y asociaciones  han ahorrado sol a sol para estrenar nuevos trajes en su fiesta mayor. Los artesanos y bordadores trabajan sin descanso dando los últimos toques a las máscaras y trajes que por miles tomarán las calles para danzar ante la mamita Candelaria.
Los ensayos dan la nota festiva durante varias semanas cuando por las noches van juntándose las comparsas en los barrios, obviamente que divididas en partes ya que algunas de ellas están conformadas por 1500 o 2000 danzarines y la música y las danzas altiplánicas hacen vibrar a las familias que ya sueñan con la fiesta,  con las visitas, con los parientes y amigos que vendrán desde lejos para disfrutar de los potajes de su imponente gastronomía y bailar ahí, en las aturas de Puno, cerquita al cielo, ante nada menos que la mismísima Madre de Dios.
Las bandas de músicos también ensayan y el sonido armonioso de las morenadas o la fuerza de una diablada viajan por los aires llevando sus festivas tonadas por toda la ciudad que ya se apresta a celebra como Dios manda. Pronto serán miles y miles  los músicos que unan sus acordes en interminables jornadas de fiesta, jolgorio y también devoción.
Los Sikuris con su fuerza milenaria y las danzas nativas con sus instrumentos ancestrales son el otro lado de la fiesta, el mismo arraigo telúrico que estremeció tan definitiva y profundamente a Arguedas.
Según el Texto de la Convención para la Salvanguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, se entiende como   “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas -junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes- que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.
La definición es clarísima. Quién podría dudar que tan arraigada fiesta que desde hace tantos años cada febrero convierte Puno en el epicentro de la cultura tradicional de América,  es patrimonio inmaterial de Puno y el Perú.
Más aún cuando el expediente presentado a UNESCO no se refiere a las danzas sino al hecho cultural de la fiesta íntegra, los usos y costumbres que la rodean, las tradiciones que la integran.
Bolivia reclama en un gesto insólito la propiedad de algunas de las danzas y señala que el Perú no se puede solicitar la condición de Patrimonio Inmaterial de la fiesta de la Candelaria porque se ejecutan esas danzas.
Olvidan en ese acto nuestro origen común. Olvidan que bien vistas las cosas ellos recién empiezan a formar una identidad diferente a la nuestra cuando en 1826 el megalómano Bolívar, que tanto daño nos hizo, firma en Lima un decreto reconociendo la independencia del Alto Perú. Olvidan que algunos de los más antiguos trajes de diablada que se conservan en Oruro tienen bordado el escudo Peruano. Olvidan que el Altiplano es uno, la Nación Aymara es una y su cultura es común a Bolivia, Puno y parte de Chile.
El Perú grande y generoso no olvida nada de eso y sabe que compartimos un patrimonio, pero también sabe que la fiesta de la Candelaria, la más grande manifestación patrimonial de cultura tradicional de esta parte del mundo es puneña y peruana. Condición que estamos seguros que UNESCO también reconoce.

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