
Por Luciano Revoredo
Escribo estas líneas como hincha y socio adherente de Universitario de Deportes. No desde la distancia de quien observa al club desde una tribuna virtual, ni como hincha de última hora, sino desde el afecto y la preocupación de quien siente que la institución forma parte de su vida desde hace más de medio siglo.
Universitario es una institución enorme. El equipo con más títulos nacionales. Vargas Llosa la definió como «un mito, una leyenda, una tradición y una de las historias más hermosas escritas por el deporte peruano». Su historia, sus títulos, su hinchada y su presencia en el fútbol nacional y continental convierten a la U en un patrimonio deportivo que trasciende a cualquier dirigente, jugador o administración de turno. Y precisamente por eso preocupa lo que viene ocurriendo en las redes sociales.
En los últimos tiempos han proliferado páginas, cuentas y supuestos espacios de opinión identificados como “hinchas” de Universitario que parecen haber convertido en misión permanente cuestionar, atacar, desacreditar y generar enfrentamientos alrededor del club. Todo se convierte en motivo de escándalo. Cada decisión es presentada como una catástrofe. Cada declaración es utilizada para alimentar una nueva pelea. Cada diferencia interna termina convertida en una guerra pública.
Y aquí conviene hacer una pregunta sencilla: ¿eso es realmente ser hincha?
El hincha puede criticar. Por supuesto que sí. El amor por un club no significa cerrar los ojos frente a sus errores. La hinchada tiene todo el derecho de pedir explicaciones, cuestionar decisiones dirigenciales y exigir transparencia. Pero una cosa es la crítica, incluso dura, y otra muy distinta es convertir la crítica permanente en una herramienta para destruir la confianza alrededor de la institución.
Universitario no necesita enemigos internos. Tampoco necesita que quienes dicen defenderlo se dediquen diariamente a sembrar desconfianza entre sus propios hinchas. Y lo más absurdo es que esta campaña de cuestionamientos parece ignorar por completo la realidad deportiva del momento.
Universitario está peleando arriba. Se encuentra en el segundo lugar del acumulado y del Torneo Clausura, a solo dos puntos del primer puesto, cuando quedan siete fechas por disputar. Es decir, estamos hablando de un equipo que está plenamente metido en la pelea por el campeonato, no de una institución sumida en el desastre que algunos parecen empeñados en pintar.
La situación deportiva exige concentración, unidad y serenidad. Estamos ante la posibilidad de llegar nuevamente a una definición del campeonato y enfrentar en Matute a Alianza Lima, con el objetivo de conquistar el tetracampeonato nacional. Será la ocasión de dar una vez más la vuelta en su cara y con su gente. Los hinchas de la U tenemos derecho a soñar con eso. Y tenemos derecho a trabajar para que ese sueño se convierta en realidad.
Sin embargo, pareciera que para algunos nada de esto existe. Los buenos resultados desaparecen de sus publicaciones. La posición en la tabla no importa. La posibilidad de conseguir un nuevo campeonato tampoco. El esfuerzo del equipo queda relegado frente a una permanente lluvia de críticas, acusaciones, sospechas y mensajes destinados a generar malestar. Son verdaderos misiles desestabilizadores.
Mientras el equipo necesita que todos empujemos en la misma dirección, algunos parecen empeñados en disparar contra la propia institución.
Las redes sociales han creado un fenómeno peligroso: cualquiera puede convertirse de la noche a la mañana en una supuesta autoridad en cualquir materia. Una cuenta con miles de seguidores puede instalar una versión, convertirla en “verdad” y provocar durante horas una indignación colectiva. Muchas veces sin documentos, sin contexto y, sobre todo, sin responsabilidad sobre las consecuencias de lo que publica.
Lo más preocupante es que algunas de estas plataformas parecen tener como objetivo permanente presentar a Universitario como una institución en crisis, enfrentada consigo misma y al borde del desastre. No afirmo que detrás de cada una exista necesariamente una operación organizada, porque eso tendría que demostrarse. Pero sí creo que resulta legítimo preguntarse a quién beneficia que la imagen del club sea permanentemente golpeada y que sus propios hinchas terminen enfrentados entre ellos. ¿No serán muchos de estos agueridos “hinchas” asalariados de los enemigos del club? Y la pregunta no es menor. Porque mientras algunos fabrican crisis en las redes, Universitario sigue jugando campeonatos, peleando títulos y construyendo una historia que puede terminar, una vez más, en lo más alto.
El campeonato se gana en la cancha, no en Facebook, X, TikTok o YouTube. Universitario no es una página de Facebook. No es una cuenta de X. No es un canal de YouTube. No es un grupo de WhatsApp. No pertenece a los administradores de ninguna red social. Universitario pertenece a su historia y a su gente. Por eso el verdadero hincha debería aprender también a distinguir entre información, opinión, crítica y manipulación. No todo lo que circula en redes es cierto. No todo aquel que utiliza una camiseta crema en su perfil representa los intereses del club. Y no todo aquel que grita “¡Y dale U!” está necesariamente trabajando para que a la U le vaya bien.
Ser hincha también significa saber cuándo callar una pelea innecesaria. Significa no compartir cualquier acusación sin verificarla. Significa no convertir cada diferencia en una guerra. Significa entender que existen adversarios deportivos y que, naturalmente, habrá quienes quieran ver caer a Universitario. Eso forma parte del fútbol. Lo que no podemos permitir es que terminemos haciendo nosotros mismos el trabajo que otros quisieran que hiciéramos.
Y aquí hay algo que debemos tener muy presente. Universitario tiene una oportunidad histórica. La posibilidad de convertirse en el primer tetracampeón del fútbol peruano no es un asunto menor. Es una posibilidad que debe ser afrontada con concentración, unidad y grandeza.
Mientras los jugadores entrenan, mientras el comando técnico trabaja y mientras miles de hinchas acompañan al equipo, no podemos permitir que una guerra artificial de cuentas y páginas termine trasladándose al corazón mismo de la institución.
Si existen irregularidades, que se denuncien con pruebas. Si existen errores dirigenciales, que se señalen con argumentos. Si existen responsabilidades, que se determinen con hechos. Pero si lo único que se pretende es fabricar permanentemente una crisis, dividir a la hinchada y destruir la confianza, entonces quienes realmente amamos a Universitario tenemos que aprender a no entrar en ese juego.
La U necesita crítica, sí. Necesita fiscalización, también. Pero necesita, sobre todo, hinchas. Hinchas de verdad. De esos que estuvieron cuando no había títulos que celebrar. De esos que acompañaron al equipo en las buenas y en las malas. De esos que saben que la camiseta está por encima de cualquier dirigente, de cualquier jugador y, naturalmente, por encima de cualquier administrador de una página en redes sociales.
Porque al final del día, cuando se apagan los teléfonos y desaparecen las publicaciones, queda una sola cosa: Universitario de Deportes. El único grande. Y esa camiseta merece que la defendamos todos.
¡Y DALE U TODA LA VIDA!





