La columna del Director

LA MOLINA MEJOR QUE NUNCA

Por: Luciano Revoredo

Vivo en La Molina desde hace casi veinte años. Y mucho antes de vivir aquí ya frecuentaba mucho el distrito por distintas razones. En todo este tiempo me ha tocado conocerlo a fondo. Por eso, si tuviera que decir en una sola frase qué pienso al terminar la actual gestión municipal, diría algo bastante sencillo: nunca había visto La Molina mejor que hoy.  No espero, por supuesto, que todos los vecinos estén de acuerdo conmigo. Pero sí creo que una impresión como esta puede contrastarse con hechos. Y cuando uno revisa las cifras, mira las obras y recorre las calles, hay razones objetivas para pensar que La Molina ha cambiado para bien.

La gestión de Diego Uceda comenzó en una situación financiera complicada, con una deuda enorme heredada de gestiones anteriores. Pero un trabajo de ordenar las finanzas lo ha llevado a cerrar su gestión con un presupuesto balanceado y obras que mostrar.

Ahora se sabe que en 2025, la Municipalidad de La Molina alcanzó el 100 % de ejecución de su presupuesto de inversiones. La propia comuna reportó ese resultado y lo validó con la información del Ministerio de Economía y Finanzas. Ese mismo año se superaron los 250 mil metros cuadrados de vías renovadas.

Pero si uno mira lo ocurrido en 2026, la dimensión es todavía mayor. La revista municipal que acaba de llegar a las casas de los vecinos, con fecha septiembre de este año, informa que ya se han superado los 600 mil metros cuadrados de pistas renovadas.

Para quien no está acostumbrado a leer cifras de obras públicas, puede parecer solamente un número grande. Para los que vivimos aquí, la cosa es distinta. Es salir de casa y encontrarse con una avenida que antes estaba deteriorada y hoy tiene una superficie completamente renovada. Es dejar de esquivar baches. Es manejar por una vía que durante años estuvo esperando una intervención.

Y son muchas las vías. Ricardo Elías Aparicio, Los Fresnos, Flora Tristán, La Fontana, Los Ingenieros, Los Constructores, Melgarejo, El Corregidor, Raúl Ferrero, Javier Prado, Manuel Prado Ugarteche y la propia avenida La Molina, entre otras muchas, forman parte de este proceso de recuperación. No estamos, por tanto, ante una obra aislada que puede inaugurarse y fotografiarse para luego desaparecer de la memoria. Estamos ante un programa de recuperación vial que ha cambiado una parte importante de la infraestructura del distrito.

Algunas de estas avenidas llevaban muchísimo tiempo esperando una renovación integral. Los vecinos lo sabemos porque hemos transitado por ellas durante años y es uno de los temas que más se le exigían a Uceda al inicio de su gestión: sanear esta pesada herencia que había recibido.

Y aquí aparece algo que, a mi juicio, suele perderse en las discusiones políticas: una obra municipal no es solamente una obra municipal.

Una pista nueva es tiempo que el vecino deja de perder, es seguridad para quien maneja, es tranquilidad para quien cruza una avenida, es una mejor condición para los vehículos y es también una señal de que el espacio público está siendo cuidado.

Pero las pistas no explican por sí solas por qué muchos de nosotros escogimos La Molina para vivir.

Hay algo más. La Molina conserva todavía algo que para mí tiene un valor enorme en una ciudad como Lima: su carácter residencial. Sus parques, sus árboles, sus áreas verdes, sus calles y esa posibilidad de que los niños puedan salir a jugar y los adultos mayores puedan caminar o sentarse en un parque forman parte de la identidad del distrito.

Modernizar no debería significar necesariamente llenar de edificios todo lo que queda libre. Un distrito también se moderniza cuando recupera sus espacios públicos, mejora sus servicios, arregla sus calles y consigue que aquello que funciona bien pueda mantenerse.

En ese aspecto, creo que hay algo que debe reconocerse: durante esta gestión se ha mantenido la residencialidad de La Molina sin cambios de zonificación que alteren esa característica fundamental del distrito.

Eso, para quienes vivimos aquí, importa mucho. Pero también importa la seguridad. Y aquí conviene ser igualmente sensatos. La Molina no es una isla y tampoco está libre de los problemas de inseguridad que afectan a Lima. Sería absurdo decirlo. Pero una cosa es reconocer que todavía hay problemas y otra desconocer los esfuerzos que se han hecho para mejorar las condiciones de seguridad y que se ha logrado mantener a la Molina como uno de los distritos más seguros de Lima. Y eso tiene una traducción que las estadísticas muchas veces no alcanzan a explicar. Es la tranquilidad de salir a caminar. Es ver a una familia en un parque. Es encontrarse con niños jugando. Es ver a una persona mayor haciendo ejercicio. Es poder disfrutar de una tarde en caminando  sin sentir que todo alrededor constituye una amenaza.

Hay además un dato económico que, en mi opinión, merece una consideración especial. En 2024 la Municipalidad de La Molina anunció haber obtenido una calificación AA- de Moody’s, con perspectiva estable, y posteriormente informó que esa calificación se mantenía. Una calificación de esta naturaleza constituye un indicador que merece ser tomado en cuenta cuando se habla de la situación financiera de una municipalidad. Y si se coloca junto a la ejecución presupuestal y al nivel de inversión realizado, forma parte de una fotografía que no puede simplemente ignorarse. Más aún cuando todo esto se ha conseguido sin recurrir a un incremento de arbitrios como mecanismo para financiar esta transformación y sin actualizar el catastro como fórmula para ampliar la recaudación.

Entonces uno empieza a preguntarse ¿Por qué existe una distancia tan grande entre esta realidad irrefutable y el discurso de algunos sectores de oposición? Porque oposición ha habido, y mucha. Durante estos cuatro años, Diego Uceda ha tenido que enfrentar una oposición permanente en el concejo municipal y también fuera de él. Hubo incluso quienes llegaron a la municipalidad en la misma lista que lo llevó a la alcaldía y posteriormente tomaron distancia y terminaron enfrentándolo.

También han existido regidores y grupos vecinales que han cuestionado prácticamente cada decisión de la administración. Algunos llevan décadas vinculados a la política o a la administración municipal como el regidor Talavera que está vinculado a la municipalidad hace más de tres décadas oponiéndose a todo.

La fiscalización es necesaria. La crítica es saludable. La oposición es parte de la democracia. Pero hay una diferencia entre fiscalizar y convertir la crítica malsana y la calumnia en una explicación para todo.

Si se arregla una pista, se cuestiona la obra. Si no se arregla, se cuestiona que no se arregle. Si se ejecuta el presupuesto, se busca el problema detrás de la ejecución. Si no se ejecuta, se acusa incapacidad. Así resulta imposible discutir seriamente.

Y eso es lo que creo que está ocurriendo en La Molina: se ha instalado una narrativa por parte de grupos interesados, cuando no financiados, según la cual prácticamente nada de lo que hace la municipalidad puede ser considerado positivo. Los hechos no sostienen esa narrativa.

Es así que en los últimos meses hemos visto reaparecer a antiguos protagonistas de la política municipal, entre ellos quienes ya tuvieron la oportunidad de gobernar La Molina y hoy buscan recuperar protagonismo mediante campañas de baja política.

En estas circunstancias y ante la proximidad de las elecciones municipales me veo en el imperativo de manifestar que personalmente, tengo una opinión favorable de estos cuatro años de gestión de Diego Uceda y Renovación Popular en La Molina. La tengo porque vivo aquí. Porque he visto las calles antes y después. Porque he visto durante años avenidas que necesitaban una intervención y ahora están siendo recuperadas. Porque sé lo que significa para una familia vivir en un distrito donde todavía existen parques, áreas verdes y espacios para los niños. Y porque, además de la impresión personal, encuentro datos que permiten respaldarla.

Y quizá esa sea la forma más razonable de mirar una gestión municipal: sin fanatismos, pero también sin prejuicios. Los alcaldes pasan. Los regidores pasan. Las campañas terminan. Los enfrentamientos políticos también deberían terminar algún día.

Los vecinos, en cambio, seguimos aquí. Seguimos llevando a nuestros hijos al colegio. Seguimos caminando por las mismas calles. Seguimos utilizando los parques. Seguimos conduciendo por las mismas avenidas. Por eso estoy convencido que el trabajo municipal iniciado por Uceda debe continuar en el mismo sentido.

2 Comentarios

  1. Pero hay que decir también que los opositores, Zureck a la cabeza, no están a la altura, aunque la mla llamada misa negra, no es tal, si han hecho una amenaza de muerte, paseando ataúdes con los nombres de López Aliaga y de la candidata Sueldo, es de pésimo gusto y solo es una muestra del tipo de política que quiere imponer en el distrito y no se hacen ningún favor, porque nos están diciendo a las claras que su forma de desenvolverse no es democrática sino sicarial. Y la inseguridad es uno de los problemas del país y ellos lo están normalizando.

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