Iglesia

ABRAMOS EL CORAZÓN

Por: P. Carlos Oré.

La visita del Santo Padre León a nuestro país es una enorme bendición, sentimos que es el peruano que llega después de un tiempo a nuestro país. Desde su salida en el balcón del Vaticano ha marcado a cada peruano con ese saludo inaugural: Y si permiten, quisiera saludar a la diócesis de Chiclayo en el Perú, volviendo a poner al Perú en el centro de muchos medios de prensa, ahora no solo por la gastronomía o el turismo, sino por ser el líder religioso más importante a nivel mundial.

A nivel eclesiástico, son muchos los desafíos que tiene la Iglesia peruana: la falta de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, la descristianización, la pérdida de la institución del matrimonio, etc. La visita del Santo Padre debe ser ocasión para renovar a la feligresía para ir a un compromiso renovado en la evangelización. Se pueden dar muchas recetas, pero el camino no ha dejado de ser el mismo: oración, santidad de vida y la práctica asidua de los sacramentos.

Por las redes sociales hemos podido seguir la visita del Santo Padre a España y hace unos días a Francia. Su visita, marcada siempre por la emotividad, ha sido desafiante, ambos países marcados por un secularismo galopante. Si el Papa Francisco prefería en sus visitas las periferias, el Santo Padre León quiere volver a esos países de tradición cristiana, quizás para volver a recordarles su tradición cristiana, marcada por el heroísmo de tantos hombres y mujeres, como lo pudimos ver en el país galo. Cuando se renuncia a la tradición cristiana, se renuncia al ADN de un país, a lo que constituyó a esa nación, por lo tanto, a su heredad.

El Perú, de tradición cristiana, es uno de los países donde mejor se ha resistido a algunos embates de la ideología de género, de la cultura del descarte y otras manifestaciones de secularización. Eso causa alegría, pero a la vez debe ser un compromiso personal para no tener una actitud pasiva, sino responder de mejor manera. Eso también es sinodalidad, formación especialmente de los laicos para afrontar en los ámbitos de la esfera pública su fe.

Estamos en pleno año toribiano. Zaña será uno de los lugares en los que estará el Papa León en su visita a Chiclayo. Que sirva para un nuevo impulso misionero dentro de la Iglesia peruana, a un fortalecimiento y transparencia de la Iglesia como institución y un renovado compromiso de los laicos por vivir las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, más aún en la política, tan desacreditada por casos de corrupción, que no se nos vuelva a repetir ese cariñoso reproche del Papa Francisco: “¿Qué pasa en el Perú, que sus presidentes terminan en la cárcel?”.

Finalmente, que el mes de octubre, mes del Rosario y mes para nosotros del Señor de los Milagros, nos ayude a una renovada conversión y deseos de esperar la visita del Papa León, abriendo el corazón para ser renovados por la fuerza del Espíritu.

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