
Por: Luis Yunis
Sócrates afirmaba que existen dos tipos de ignorancia: la ignorancia sabia y la ignorancia necia. La ignorancia sabia es la ignorancia consciente: implica saber que no se sabe. La ignorancia necia es la que se ignora a sí misma: no se sabe, pero se cree saber.
Hay varios tipos de ignorantes. El que asume no saber lo que debería saber; el que no sabe bien lo que sabe; y el que sabe lo que no debería saber.
Con estas premisas intento descifrar dónde califica el profesor Castillo después de haber escuchado atentamente sus últimas entrevistas. Se me hace complicado, siento vergüenza y a pesar del esfuerzo no logro comprender su confusa ideología, su criterio psicológico, su posición social, ni su postura política. ¡Cuánto me gustaría conocer su coeficiente intelectual! Quizá es más de lo que yo pueda captar.
El maestro rural Domingo Faustino Sarmiento, nacido en la absoluta pobreza en la ciudad de San Juan en Argentina en 1811 y que fuera educado por su padre y su tío, para luego convertirse en presidente de su nación, murió en 1888 dejando la siguiente frase: “La ignorancia es atrevida”.
Y la ignorancia no sólo es la insuficiencia de conocimientos o de información, también es el resultado de no haber recibido educación, pero resulta peligroso cuando el ignorante asume posiciones autoritarias y se niega a entender que esa misma ignorancia podría convertirse en la puerta al conocimiento siempre y cuando el ignorante desee aprender de los que saben, escuchar de la experiencia y ser lo suficientemente humilde para aceptar que se es ignorante. Ya lo decía Platón antes de Cristo: “Lo poco que sé, se lo debo a mi ignorancia”.
Presumiendo que sea ignorancia la del profesor Castillo, ésta podría ser superada con discreción, equilibrio y orientación; pero si los profesionales lo califican como imbécil – adjetivo calificativo para indicar a todas las personas que poseen poca inteligencia, alelados o torpes – esto sí resultaría absolutamente nefasto para los intereses del país, porque podría tratarse de un imbécil moral, que no logra distinguir entre el bien y el mal; y el imbécil con deficiencia mental, que son incapaces de comprender sus actos. Recordemos que ya lo dijo el francés Honore de Balzac en 1830, “ Un imbécil que no tiene más que una idea en la cabeza es más fuerte que un hombre de talento que tiene millares”.
No es una ofensa decir que en nuestro país abundan los imbéciles e ignorantes – de hecho estoy en éste último grupo – pero, lo preocupante es cuando uno de ellos se encuentra con la gran responsabilidad de conducir los destinos nacionales y creer que el tema de nuestra soberanía es un juego, que la economía es un arte de magia barata, que la patria se defiende sola, que la población no requiere trabajar, que no es necesario consolidar ideas, que no importa si te matan o matas, que la justicia se maneja con amigos, que lo avanzado es intrascendente, que la democracia es igual a una dictadura, que la constitución es un panfleto y creer que lo que tiene como idea en la cabeza es lo más conveniente para todos. ¡Todo ello significa que estamos a la deriva y a punto de naufragar!
Y mientras que estamos sin dirección rumbo al despeñadero, lo preocupante, triste y decepcionante, es que nadie marcha en las calles, no hay protestas populares, los jóvenes brillan por su ausencia, no hay un pronunciamiento militar, la cancillería muda, no hay renuncias ministeriales, se inaugura monumentos de terror, los líderes políticos juegan a las escondidas, los medios de comunicación se mueven de acuerdo con sus intereses y el Congreso en un silencio sepulcral y escalofriante, con lo cual estamos dejando que siga predominando el hábito de escuchar sandeces.
Ya lo dijo el escritor norteamericano Horace Mann antes de morir en 1859, “El hábito es como un cable; nos vamos enredando en él cada día hasta que no nos podemos desatar”. Gritar en redes sociales, llenarse la boca de que esto está mal y ruborizarse por las declaraciones del profesor, es justo, pero no soluciona nada, es lo mismo que lanzar piedras desde la azotea y esconderse; y mientras esto ocurre, se va coactando la libertad de expresión, obsequiando canastas, sembrando prefectos, copando ministerios, regalando bonos y ganando espacio para que reine el imperio de los ignorantes






Muy buen artículo. Sensato y necesario para ir abriendo conciencia
Pues mientras se lo siga incluyendo en el gremio docente, seguirá el problema, el ocupante de palacio, no superaría la prueba de ingreso a la CPM, y tampoco el examen de ascenso, la mayor parte de su vida “laboral” ha tenido licencia sindical. No ofendamos más al magisterio peruano, con ciudadano castillo, y esto es, basta y sobra. Solamente los caviares lo llaman así y pretenden que es el buen salvaje roussoniano.