
Por: Dante Bobadilla
Me impacientan los argumentos bobos, esos que pretenden convercer a los tontos apelando a los sentimientos o al buenismo social, las falacias repetidas una y otra vez hasta convertirlas en verdades absolutas que ya no admiten oposición. Nada más que eso es lo que escucho cuando alguien pretende defender la necesidad de que exista el LUM. Son las mismas tonterías que ya decían los caviares en su momento para justificarlo.
¿Por qué la misma izquierda que provocó la violencia salvaje del terrorismo estaría tan interesada en que hubiera un museo sobre ese período, si no fuera para encubrir su responsabilidad histórica? De la misma manera en que lo hicieron con la CVR. Es decir, el truco de pasar casi por alto la tenebrosa época de los 80 para enfocarse en los 90 y señalar al Estado como agente terrorista y corresponsable de las matanzas, llegando incluso a la osadía de casi a igualarlos en cantidad de muertos con los terroristas.
De allí viene justamente el juegito de palabras que emplean los caviares para referirse al “período de violencia”, evitando mencionar la “época del terrorismo”, como lo llamamos todos los que padecimos esa época de terror cotidiano. Para los ciudadanos solo hubo un enemigo: los terroristas de izquierda, sean del MRTA o de Sendero Luminoso. Pero los caviares nos enseñaron después que el pueblo estaba entre dos fuegos, por un lado los terroristas de izquierda y, del otro, el terrorismo del Estado.
El enemigo público número uno del Perú, para los ciudadanos, era Abimael Guzmán, pero los caviares de la CVR luego nos contaron otro cuento. Convirtieron a Alberto Fujimori en el monstruo más malvado de la historia, incluso peor que Abimael. Lo declararon “dictador”, “corrupto” y hasta “genocida”. Tal como lo repiten hoy los loritos amaestrados por el caviaraje. La justicia dejó de perseguir a los terroristas y empezó a perseguir a los militares.
Desde luego que toda esa maniobra sociológica de tergiversar la historia requería una herramienta adicional y definitiva: un museo. La justificación más boba era que el pueblo tenía “derecho a la memoria”. Cada vez que la izquierda quiere imponer algo se inventan un “derecho” y con eso evitan el debate. ¿Quién se puede oponer a un derecho? Sin embargo, a mucha gente nos parecía macabro e innecesario pretender recordar un período tan atroz que cualquier persona normal preferiría olvidar. La memoria se guarda en los libros. Además ya estaba el voluminoso informde de la CVR. Que lean pues si quieren saber lo que pasó. ¿Para qué un museo?
Para esto la caviarada contó con el apoyo de la izquierda alemana, siempre tan solícitos ellos para apoyar todas las causas zurdas;, la complacencia de Alan García y el padrinazgo de Mario Vargas Llosa. Lo único que faltaba era el terreno, y este fue donado por la Municipalidad de Miraflores mediante la bondadosa intervención del alcalde Manuel Masías. Así, finalmente, los caviares se salieron con su gusto y edificaron el museo al que le pusieron el huachafo y ridículo nombrecito muy caviar de “Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social”.
El resultado fue lo advertido: numerosas denuncias empezaron a aparecer por la manera tendenciosa en que se contaban los hechos por parte del personal del LUM. En realidad era pues el “Lugar del adoctrinamiento en la memoria caviar”. En todos estos años se han librado varias batallas para rectificar al LUM. Es un museo que nadie necesita y que no debería existir. El solo hecho de que en el 2021 hayan elegido como presidente de la República a un dirigente sindical de la rama senderista magisterial evidencia que ese museo no sirve para nada.
Que Sendero Luminoso haya llegado al poder es la mejor prueba de que el adoctrinamiento caviar ha sido todo un éxito. Y no solo llegó al poder sino que tras la caída de Pedro Castillo, desataron una asonada terrorista para recuperar el poder. Y hoy pretenden enjuiciar al Estado por sus muertos.
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