
Por: P. Carlos O.
El evangelio de este domingo es continuación del anterior, el Señor comento el pasaje del profeta Isaías “El Espíritu del Señor esta sobre mi…”, recordándonos el inicio de su misión, Él ha sido enviado para anunciar el evangelio a los pobres, una misión irrenunciable de la Iglesia, llevar el mensaje de Jesús a los demás, más aún cuando vemos que ser cristianos es vivir en una sociedad neopagana y en medio de tantas ideologías que tratan de aguar el mensaje y la valentía de los pastores de la Iglesia para anunciar integro el mensaje de la salvación. Este domingo los paisanos de Jesús, ven en él un hombre que es capaz de hacer milagros, pidiéndole que haga los prodigios que ha hecho en Cafarnaúm, es un deseo que el hago lo mismo en tú patria, en favor de tus amigos y conocidos.
Jesús denuncia la actitud de sus paisanos, una actitud alejada de los planes de Dios, la salvación de tiene que llegar no solo a los paisanos y amigos de nuestro Señor, sino que se extiende a todos los hombres de buena voluntad capaces de acoger la vida de la gracia, a todos los hombres de toda cultura, raza y condición social. Jesús, les hace ver como la salvación llegó a Naamán el sirio y lo vemos en el deseo de la mujer del evangelio que le dice al Señor que también los perros comen las migajas de sus amos, que los pueblos lejanos también desean ser redimidos. Este año la Liturgia nos invita a recorrer de la mano del evangelista San Lucas la vida del Señor y una de las intenciones de este autor es descubrir la intención de Dios es un mensaje que debe de llegar a todos los hombres. Una enseñanza también para nuestra vida es que el amor egoísta tiende a fijarse en uno, sus necesidades, sus dificultades, sus limitaciones, es un amor muy natural, como ponerse en un espejo y fijarnos que nos falta, pero en la segunda lectura, San Pablo, nos enseña que lo propio del amor cristiano es salir de sí para ir al encuentro del otro, el amor se alegra con el bien hecho a los demás, el amor va en busca del otro no solo para ayudarle en sus necesidades materiales sino sobre todo en las espirituales, desea que también los demás conozca a Cristo, para que le amen y le sirvan.
Debemos de valorar en la Iglesia, el don infatigable de catequistas, misioneros, que dedican sus vidas a llevar la buena nueva a los lugares más alejados y a los que hoy se convierten en sus trasmisores a través de los medios de comunicación como se hace hoy a través de las redes sociales. El amor es una fuente inagotable de reflexión ya que nuestro amor debe de ser un amor de entrega, donación, que sabe desgastarse por los demás en detalles de atención y caridad especialmente frente a esta tercera ola donde nuestro cuidado está dirigido a aquellos que están algunos días aislado fruto de esta variante Omicrón.
Uno de los daños más grandes que se ha hecho al amor cristiano es entender el amor solo en los sentimientos que son pasajeros y la cultura romántica donde fluyen los sentimientos, pero faltan los compromisos. Parafraseando al Papa Francisco “miras la televisión y ves a una persona pobre, te conmueve, pero al rato cambias de canal, ese pobre seguirá estando allí buscando quien lo ayude”.
Quizá un buen examen de conciencia para nosotros será coger el himno a la caridad de San Pablo y fijarnos en las características que coloca el “apóstol de los gentiles” para el amor y fijarnos si nuestro amor tiene una jerarquía (Dios, los demás, nosotros) y si ese amor es cada día más sobrenatural.





