Política

LOS DOS ERRORES EN EL GABINETE

Por: Hugo Guerra Arteaga

La señora Fujimori comienza bien. Sus viajes, la alternancia con el pueblo y el ponerse en primera fila allí donde hay un desastre o una urgencia hacen recordar el estilo de trabajo de su padre.

En 1990, el ingeniero Alberto Fujimori no tuvo ningún problema en arremangarse, ponerse botas de jebe y liderar las cuadrillas de trabajadores en cualquier sitio de la patria donde fuese necesario. Esa buena disposición, sumada a la construcción de una infinidad de obras pequeñas, contribuyó a que se acuñara el cariñoso eslogan de “Chino, chino, chino”.

Keiko ha ganado con Fuerza Popular, un partido con ideología, doctrina y escuela. Pero, de acuerdo con las cifras de la primera vuelta electoral, tiene un núcleo duro menor al 20 %; necesita más base popular, lo que explica el porqué del estilo itinerante de la presidenta. Además, necesita la fuerza de aquellos que incluso no votaron por ella para compensar la agresividad de una Cámara de Diputados controlada por grupos en los cuales hay hasta vinculados con Sendero Luminoso y el ML-19 (ex-MRTA).

En cuanto al Gabinete, es muy bueno. Reúne a demócratas y técnicos de primera. Pero insisto en la crítica dura contra dos ministros que no dan la talla. De un lado, el de Defensa, Rafael Belaunde, quien, además de ser partícipe de ideas caviares, no conoce la enorme complejidad de las FF. AA., sus estrategias de desarrollo, el cambio de matriz y doctrina que está en curso ni el engarzamiento de nuestras fuerzas con el cambio ideológico y estructural de nuestro principal aliado, Estados Unidos. Por ello, hasta hoy, los altos mandos han optado por una reacción silenciosa, pero notoria.

El otro error ha sido designar a Carlos Espá como canciller. Es un profesional serio, demócrata cabal y muy ejecutivo. Pero no tiene la sensibilidad ni la experiencia de los diplomáticos de carrera ni el conocimiento de los expertos en derecho internacional. La concesión del salvoconducto a la golpista Betsy Chávez solo beneficia a la izquierda radical del Perú, le da bonos al Foro de São Paulo y endurece la postura de la narcopresidenta Sheinbaum, quien insiste en liberar a Pedro Castillo. Así, la relación bilateral no avanza, el interés comercial sigue impávido su rumbo y, entretanto, el Perú ha quebrado la doctrina del asilo diplomático.

Alberto Fujimori hubiera apostado por personajes más curtidos, como Fernando de Trazegnies y Francisco Tudela. Recapacite, señora Keiko; ajuste el rumbo de su gobierno.

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