¿ES EL SENADOR EDGAR MANCHA PROVIDA Y PROFAMILIA?
Resulta imprescindible no solo que sea sino que también parezca
Por: Redacción de La Abeja
En el debate político, el decoro y la autoridad moral son activos que se construyen con el testimonio de vida y la consistencia en el servicio público, no con declaraciones altisonantes. Por ello, resultan llamativas las recientes críticas del senador Edgar Mancha Pineda hacia la senadora Milagros Aguayo, a quien pretende cuestionar en su idoneidad para integrar la comisión encargada de velar por la infancia invocando un supuesto “decoro”.
El uso arbitrario de la exigencia ética hacia terceros invita a examinar la propia hoja de vida de quien señala con el dedo. Cuando se contrasta la postura del senador Mancha con sus antecedentes, la narrativa de fiscalizador moral se desploma ante la fuerza de los hechos.
La omisión del sustento familiar: una herida a la causa pro familia
El ideario de un partido pro vida y pro familia no es una mera consigna de campaña ni un cliché de discurso parlamentario; es un compromiso ético con la protección de la persona humana en todas sus etapas y el fortalecimiento del núcleo familiar como pilar de la sociedad.
¿Cómo se condice este ideario con la trayectoria de quien registra una sentencia judicial fundada por omisión de asistencia familiar? Según los registros del Jurado Nacional de Elecciones y del Poder Judicial, el senador Mancha arrastra la sentencia civil N.º 036-2011 por el incumplimiento en el pago de pensiones de alimentos para sus propios hijos menores de edad.
Defender a la familia implica, antes que nada, cumplir las obligaciones mínimas e irrenunciables con la propia prole. Quien eludió el sustento básico de sus hijos en el ámbito privado carece de la solvencia moral para dar lecciones sobre la protección de la infancia en la esfera pública. La verdadera causa pro vida exige testimonio y responsabilidad cotidiana, no discursos huecos.
El compromiso con la ética institucional
A la condena por alimentos se suman cuestionamientos en el ámbito universitario que ponen en duda su conducta ética en el ejercicio directivo y docente. La acumulación de señalamientos de esta índole dibuja un perfil distante de la rectitud y el decoro que ahora pretende exigir a colegas parlamentarias.
Para los partidos que promueven los valores de la familia y el respeto a la vida como es Renovación Popular, la coherencia de sus integrantes debe ser intransigente. La presencia de figuras con estos antecedentes debilita el mensaje político, confunde al electorado y desnaturaliza los principios fundacionales que la agrupación busca representar ante el país.
El debate sobre la infancia exige la presencia de autoridades que no solo conozcan la ley, sino que la hayan honrado en el seno de su propio hogar. Quien exige decoro a los demás debe empezar por mirar su propio expediente.





