Política

REALIDAD Y SUPOSICIONES

Por Ántero Flores Aráoz

Notamos con más frecuencia, que hay un divorcio entre la ciudadanía en general, con las percepciones de los políticos y la prensa, situación a la que nos referiremos en esta columna.

Los políticos y la prensa por lo general, en los últimos tiempos, colocaron en el foco de su interés, temas como la confianza fácticamente denegada por el Congreso; la disolución del mismo el pasado 30 de setiembre; la elección del nuevo Congreso el 26 de enero; las conversaciones entre el Ejecutivo y las nuevas bancadas parlamentarias; la supuesta última crisis ministerial ocasionada, insólitamente, por el cumplimiento de sus obligaciones por dos ministros; la actuación de procuradores y fiscales en el  sonado caso “Odebrecht”; si el Presidente Vizcarra es solo jefe del gobierno o del Estado; si los parlamentarios y altos funcionarios deben contar con protección policial; si el Dr. Diego García Sayán está en su derecho de asesorar a quien le venga en gana o no y; si el novísimo Congreso afrontará o no la reforma política y electoral promovida por el Poder Ejecutivo.

Observamos que la realidad es distinta, el ciudadano común y corriente tiene otras preocupaciones, por más que muchos pensemos que lo antes señalado reviste singular importancia. La población peruana está interesada en el hecho que se siente desamparada por el Estado frente a los asaltos, atracos, y delincuencia cada vez más avezada; la carencia de fuentes laborales y oportunidades; el aumento de precios de la canasta básica y de servicios que no van aparejados con incremento de sus remuneraciones; el aumento de la matrícula y pensiones escolares; la pérdida de posibilidades de proseguir estudios universitarios por el cierre de centros de estudios superiores; el paso de tortuga en la reconstrucción de las zonas afectadas por el “Niño Costero”; la lenta acción estatal para paliar las consecuencias de los últimos huaycos, inundaciones y otras calamidades originadas por la naturaleza.

Lo últimamente señalado se agrava en el hecho que, en las grandes ciudades del país, sea por falta de planificación o sea por indolencia de las autoridades, los trabajadores y estudiantes pierden valiosas horas del día para concurrir a sus labores como para regresar a sus hogares, lo que se traduce en crispación en ascenso.

Ni que decir del fastidio originado por la falta de reparación y mantenimiento de los locales escolares y por la muy deficiente atención de la salud, con el agregado de precios abusivos de medicinas en centros hospitalarios y de atención primaria.

Las preocupaciones de la población por la falta de atención a sus necesidades cotidianas, la lleva a perder ilusión en el futuro, a estar con el ánimo por los suelos, a no creer en nada de lo que dicen los políticos de todos los niveles y, lo que es peor, expresando resentimiento contra todos ellos, lo que se ha podido reflejar en el resultado de las últimas elecciones parlamentarias en que se observa más voto punitivo y emotivo que reflexivo y razonado. Lamentablemente las propuestas serias cedieron paso al populismo vocinglero, con consecuencias impredecibles para el futuro.

Con todo lo expresado, se hace imprescindible que nuestros gobernantes dejen de cacarear para actuar, enfrenten los problemas ya y con eficiencia; que destraben inversiones que generan trabajo y bienestar; que reduzcan trámites y dejen de lado los que sean prescindibles y, que hagan las obras públicas prometidas y retrasadas, pues de lo contrario tendremos a la vuelta de la esquina problemas sociales muchísimo más severos y con ello no se puede jugar.

No olvidemos que pese a las deficiencias de quienes ejercen el poder político, es preferible al vacío de poder que lleva a la anarquía. Las voces desde el sector político que claman por el cambio de personas que conducen al país, deberían mirar el pasado cercano que evidencia que fuimos de Guatemala a guatepeor. Y, en lo que se refiere al gabinete ministerial, a estas alturas es difícil encontrar personas serias y competentes que estén dispuestas a asumir responsabilidades públicas. Por cierto, siempre habrá pulpines dispuestos a todo, con algunas notorias excepciones.

Es hora de reflexionar.

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