
Por: Luis Yunis
Parte de la vieja canción de Luis Miguel entonaba la siguiente melodía: “No culpes a la lluvia, no culpes a la noche, no culpes a la playa, será que no me amas”; obviamente los de mi generación la hemos tarareado innumerables veces, y hoy hago remembranza de esa lírica al ver las noticias en los diferentes programas de televisión y leer los diarios de circulación nacional, algunos informando objetivamente, y otros haciéndolo de manera alarmante, angustiosa y aterradora respecto a las lluvias que se vienen dando en diferentes regiones del país, particularmente en el norte donde se muestra la pobreza, la miseria, el barro, el lodo, el llanto y el sufrimiento de miles de familias que frente a las cámaras vierten su enojo, furia y resentimiento almacenado por décadas, y con justa razón, frente a la inacción, el engaño, el robo palpable y la traición de aquellos que fungieron como gobernadores, alcaldes y líderes sociales.
Obviamente si esas autoridades del gobierno central, provincial y local hubieran hecho su trabajo técnica, profesional y honestamente con modernas redes de distribución de agua potable, represas para almacenar el agua, su tratamiento y distribución dentro de un sistema de servicio general con procedimientos para tratar las aguas residuales, canaletas para el regadío de nuestros cultivos, centrales de embalse para producir electricidad la misma que daría luz a los miles de necesitados de este servicio, un sistema de drenaje compuesto por una red de canales que recogerían el agua de las calles y pistas a fin de ser conducidas a un área de almacenaje donde se trataría para abastecer de agua en los lugares donde no la hay, dar de beber a nuestros animales, muros de contención, descolmatación de ríos y quebradas, y en fin, un trabajo articulado acorde a las ciudades desarrolladas donde sí podríamos tararear “No culpes a la lluvia, no culpes a la noche, no culpes a la playa, será que no me amas”, pero eso no ha ocurrido y desde que tengo uso de razón la misma historia se repite evidenciándose una concurrencia de delitos como estafa, fraude, desfalco, saqueo, malversación y absolutamente traición a las expectativas de una población que clama servicios básicos, y he allí lo que se vive hoy en que no se confía en ningún político.
Nos recordaba Víctor TIPE SANCHEZ, escritor y uno de los hombres más preclaros de la investigación y el periodismo, que “La Autoridad para Reconstrucción con Cambios gastó S/ 10,397 millones desde su creación en abril del 2017 con ocasión del Fenómeno de El Niño. En total su cobertura alcanzó 13 regiones y destinó del monto total sólo el 61 % para la ejecución de proyectos. El resto, S/ 4,055 millones lo gastó en contratación de personal, bienes y servicios…”, sin embargo ningún medio de comunicación dice nada al respecto, ningún político levanta la voz, no se conoce investigación judicial alguna mientras que en algún rincón alguna hiena y grupo de ellas se ríen de los desastres de su obra, pero ha quedado claro que la utilidad y eficiencia de ese organismo, sin duda, debe ser ahora motivo de cuestionamiento y de un pronunciamiento de la Contraloría. No es justo el despilfarro, el robo, la “cutra” y observar como el fenómeno de las lluvias, que insisto deberíamos agradecer, viene afectando varias regiones por ausencia de una buena infraestructura para prevenir o mitigar las precipitaciones que destruyen miles de hogares, campos de cultivos, muerte de animales y también muerte y desaparición de compatriotas. Sinceramente es indignante, despreciable e infame y ello es leña para la desazón, el descontento, el enfado y la pérdida de confianza en los políticos. Es no amar al compatriota ni al Perú.
Don Juan Carlos URCARIEGUI REYES, General de División de nuestro Ejército Peruano en situación de retiro, compañero de curso y por quien guardo el máximo respeto y consideración, me decía: “Nuestro Perú está enfermo, una enfermedad que se manifiesta con odios viscerales de irrespeto, con afán destruccionista donde nada es mío y lo que no es mío hay que destruirlo. Esta enfermedad es la que explotaron los incas contra las civilizaciones conquistadas, el mismo odio encubierto y de soslayo que explotaron los españoles contra Atahualpa, el mismo odio de Túpac Amaru II, de los Baquijano y Carrillo, del brigadier Mateo Pumacahua, el mismo odio que mato a Sánchez Cerro, que germinó en Mesa Pelada, Vizcatán con Sendero, el mismo odio caviar contra Merino, la misma traición contra PPK.
Y este no es un problema de una determinada etnia o grupo social o político, TODOS estamos enfermos, costeños, andinos o selváticos, blancos o verdes, izquierdas, centros y derechas criminales y víctimas, artistas y científicos, religiosos y agnósticos, chóferes y peatones, doctores, ingenieros, abogados, empresarios y obreros, funcionarios y empleados públicos y privados, letrados e iletrados, instruidos y analfabetos, periodistas y lectores, ricos y pobres, de explotadores y explotados, de libertadores y libertos TODOS.
Queremos libertad sin deberes, solo queremos derechos y derechos. Y cada quien justifica su enferma y enfermiza percepción, y su alevoso accionar según su conveniencia. Los peruanos estamos expuestos a la manipulación mediática, y surge una pregunta recordando al economista Adam Smith, ¿CUÁL ES LA MANO QUE MUEVE LA DESAZÓN? Afortunadamente muchos países imperios y civilizaciones han pasado por peores situaciones, Egipto, Grecia, Roma, Ostrogodos, Sardos, Alemania, Francia, etc. lo cual nos da una esperanza de salir de este marasmo, pero igual seguirán las diferencias, siempre habrá algún sátrapa salvador del mundo disfrazado de libertador, siempre habrán halcones y palomas.
Este es un tema tan evidente que cualquier análisis, simple o sofisticado permite arribar a conclusiones similares que ameritan un cambio de pregunta, dejemos atrás la conversación en la catedral de ¿CUÁNDO SE JODIO EL PERÚ?, por ¿COMO SALIMOS DE ESTA JODA? Esta es una pregunta que involucra también a los anómicos ignorantes y convenidos”
Pregunta que se la traslado a doña Dina Boluarte, a su equipo de ministros, a los congresistas de todas las bancadas, a los rectores de universidades, sociólogos, estudiosos y especialmente a los opinólogos de mil colores y de mil ideologías; por mi parte la tengo clara: No culpes a la lluvia, mano absolutamente dura contra los traidores y educación cívica hasta en la sopa.






Pues creo que el diagnóstico es errado, las leyes se dan para regular conductas, si uno piensa en las leyes incas que todos conocemos, rápidamente se puede entender que los peruanos somos ociosos, ladrones y mentirosos. Hasta que no aceptemos está realidad, no podremos intentar solucionarla. Y habla de Atahualpa, ese que no era el legítimo heredero y mató a Huáscar. No debemos dejar que nos cuenten el cuentazo. Atahualpa fue justamente juzgado y condenado.