Política

LOS LIBERALES PROGRESISTAS Y LOS PROGRESISTAS DE IZQUIERDA II

Por: Mario Linares

La discriminación y la exclusión en sí mismas no son negativas. Se discrimina y se elige en todo orden de cosas. La discriminación y la consecuente elección, debe ser  razonable, en derecho y deberá tender a lo necesario, lo óptimo o a la excelencia, dependiendo del entorno y recursos.

El Estado también debe discriminar, pues es su deber elegir y excluir respecto de su presupuesto anual exiguo, el mismo que luego de satisfacer gastos corrientes, planilla y pensiones, no tiene sino para afrontar muy poco de los 160 mil millones de dólares de déficit que mantiene en infraestructura aplicada en agua y saneamiento, telecomunicaciones, transporte, educación, energía y salud, entre otros, hasta el año 2,025.

En este marco de necesidad agobiante, i) subvencionar actividades privadas, ii) gastar millones y distraer recursos humanos no en capacitación e innovación tecnológica sino en consignas ideológicas siguiendo recomendaciones de organismos internacionales y, iii) otorgar partidas presupuestales para satisfacer necesidades de un sector exclusivo de la sociedad; todo ello, resulta inmoral, elitista, excluyente y discriminatorio.

¿Puede el Estado bajo el paraguas de la cultura, subvencionar actividades artísticas privadas lucrativas como el cine nacional cuando no está garantizada por ejemplo una oferta histórico cultural  básica escolar?

¿Puede gastarse millones para todos los ministerios en consultorías, capacitaciones, material impreso y otros en el llamado enfoque de género y lenguaje pretendidamente inclusivo y al mismo tiempo suprimirse actualizaciones y equipamiento para los servidores públicos en sus  materias funcionales ordinarias debido a restricciones presupuestales?

¿Puede existir presupuesto para cumplir  una norma técnica de salud de atención integral para atender  transexuales, de obligatorio cumplimiento en todo el sector salud y que incluye tratamientos  semestrales de hormonización femenina para varones con fines cosméticos cuando no existen políticas de inclusión y presupuesto para el tratamiento del 1% de la población infantil  de 0 a 11 años que padece Síndrome de Down, Autismo y Asperger y de entre el 5 al 10% con Déficit de Atención Concentración – TDH, siendo estos, 70,000 niños en el primer grupo y, de 350 a 700,000 en el segundo; esto es 44,000 veces más, como mínimo y  80,000 veces más, como máximo, que toda la población adulta LGTBI que  llega solo al 0.03%, es decir, 9,600 personas según el censo especial del INEI del año 2017 ? ¿Esta discriminación en la asignación de presupuesto es moral? ¿Es inclusiva? ¿Es racional?

La demagogia ideológica progresista no tiene límite en el gasto. Los progresistas en general, de izquierda o liberales no entienden de prioridades, de orden, de inclusión vía la creación de oportunidades, los ciega su pretendido igualitarismo.

Tanto los progresistas de izquierda o neomarxistas como los progresistas liberales, se benefician de facturarle al Estado directa o indirectamente vía ONGs por consultorías que versan sobre género, lenguaje inclusivo, derechos de minorías y similares, pero eso es lo de menos. Detrás de todo, lo perseguido son los cientos de millones de dolares que el Estado peruano deberá pagar a corporaciones transnacionales farmacéuticas y de abortos  a fin de garantizar legal y “gratuitamente”, operaciones quirúrgicas de “cambio de sexo” y de “interrupción” del embarazo. Este es el sustrato, la esencia y motor del progresismo y la razón de su apoyo internacional. Tanto los progresistas de izquierda como los  liberales, los de a pie, los “activistas”, tienen un papel utilitario, de tontos útiles, al pensar que están protegiendo minorías, que están luchando por la inclusión o la igualdad garantizando derechos humanos o trabajando para crear una sociedad abierta cuando no son sino peones, obreros y yuppies sin sueldo que trabajan contentos para grandes capitalistas.

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