Política

EL ROL DEL FRANCOTIRADOR

Por: Hugo Guerra Arteaga

Supongo que al ser descendientes directos de uno de los fundadores de la independencia nacional, en mi familia siempre llevamos a flor de piel todos los incidentes políticos de la patria. Nuestra casa era escenario de debate eterno en cada crisis de Gabinete, algunos tíos usaban franjas negras en el brazo cuando se producía un golpe de Estado, las viejas rezaban, irredentas, en días claves por aquellos que murieron en defensa del territorio, los hombres sabios limpiaban sus armas cuando escuchaban de brotes comunistas. Pero todos, grandes y pequeños, nos emocionábamos candorosamente cada vez que se anunciaba un nuevo proceso electoral.

Las elecciones nos provocaban ilusión. Ingenuamente sentíamos que otra vez se abrían las puertas para la creación de una patria grande. Formados en la lealtad al mítico Mariscal Cáceres, sus viejos discursos nos alentaban ante la posibilidad de ser parte de un Perú convertido en súper potencia mundial.

Hoy no siento ilusiones de bienaventuranza. Analizo la política peruana y solo encuentro una especie de camisa remendada que uno debe ponerse para no ir desnudo por la vida. El hilo descosido simboliza la ausencia de principios y valores en una nación desmembrada que se sostiene por la ilusión de una peruanidad a punto de estallar. Las rasgaduras de la tela son las cicatrices del odio y la violencia que han permitido tantas guerras civiles y hasta el genocidio terrorista, todavía no vengado. Las hilachas son las promesas electorales mil veces ofrecidas, mil veces traicionadas; y la mugre irreparable de la tela me da el pánico de comprobar que entre los supuestos salvadores de la nación se esconden aquellos poderes fácticos y sus sicarios que acechan para apuñalar arteramente a la República.

Como liberal económico entiendo claramente el proceso de deconstrucción nacional en el que nos asfixian los radicales del neormarxismo, el gramscismo cultural y el globalismo. Como conservador republicano veo con estupor el ataque a nuestra soberanía y hasta nuestro modelo civilizador a manos del pacto soez de la izquierda radical y los ultra mercantilistas. Y como simple votante me repugna que haya 34 candidaturas presidenciales, de entre las cuales por lo menos 30 las encabezan gángsters, cínicos e ignorantes.

A diferencia de la infancia crédula, hoy mil rol no será emocional. Prefiero ser un francortirador irreverente para que las balas del análisis hagan explotar la demagogia de tanto charlatán, amigo o enemigo, que pretenda convertir al Perú en su chacra.

2 Comentarios

  1. Empezar por el lenguaje sería oportuno, no hay radicales, hay ultras, ultramarxistas, ultraizquierdistas, ultrafeministas, casi todos ultraviolentos, fanáticos, irracionales. Creo que debemos empezar por identificarlos por sus nombres, listados en este comentario.

  2. Buen artículo Hugo, me permití compartirlo en el fb. Es motivador releer una y otra vez nuestra historia común como patria para no repetir los errores…..

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