La columna del Director

EL IZQUIERDISTA JAIME BAYLY

Por: Luciano Revoredo

Jaime Bayly, el recordado  enfant terrible de la televisión peruana, el niño mimado de las letras latinoamericanas, ha decidido reinventarse una vez más, ya no es el que fustigaba a la izquierda cleptócrata, ni a la prensa de izquierda, ni a las dictaduras rojas. Ahora se autoproclama “de izquierda capitalista”, “liberal progresista” o cualquier otra etiqueta que suene lo suficientemente chic para un cóctel en Miami o tal vez en Los Ángeles.

Defiende las drogas, el aborto, los cambios de sexo, la homosexualidad y todo lo que huela a “libertad” según el manual de la corrección política contemporánea. Bayly, el otrora irreverente, se ha subido al tren del woke con la gracia de un elefante en una cristalería. Pero, ¿es esto un paso ideológico genuino o simplemente el último acto de un bufón que vive de la contradicción?

Hubo un tiempo en que Bayly se jactaba de ser de “derecha” y desafiaba a la izquierda  desde su pedestal mediático. Criticaba el populismo, el estatismo y todo lo que oliera a progresismo trasnochado. Sin embargo, hoy lo vemos despotricando contra Trump, Milei y Bukele  mientras defiende el aborto “cuando se le dé la gana” a la mujer, el consumo de drogas de todo tipo y los cambios de sexo entre otras aberraciones como si fueran derechos inalienables de una constitución imaginaria. Al parecer optó por  el aplauso fácil de la élite progresista.

Bayly dice amar “todas las libertades”, pero su defensa de estas causas parece más un collage de modas ideológicas que un sistema de pensamiento sólido. Si es capitalista, ¿Cómo concilia su fe en el mercado con la obsesión woke por regular el lenguaje, las identidades y hasta los cuerpos ajenos? Si es liberal, ¿Dónde queda el principio de no imponer tus “libertades” a costa de las de otros, como en el caso del aborto o las familias que rechazan el adoctrinamiento de género en las escuelas?

Bayly confunde libertad con libertinaje, y esa es la grieta donde su discurso se derrumba. Defender las drogas como un acto de autonomía personal suena bonito hasta que el daño social —adicción, crimen, familias destrozadas— te estalla en la cara. Apoyar el cambio de sexo “cuando quieras” ignora las complejidades médicas, psicológicas y éticas de alterar irreversiblemente el cuerpo, especialmente en menores. Y su respaldo al aborto irrestricto, sin dar espacio al debate sobre el inicio de la vida, no es liberalismo: es nihilismo disfrazado de compasión, una pose tan abyecta como despreciable. ¿Dónde está el Bayly que cuestionaba todo con ironía afilada? Ahora solo repite consignas de pancarta como un converso tardío y decadente.

Su homosexualidad o bisexualidad declaradas —que siempre usó como arma de provocación— no lo hacen automáticamente un paladín de la nefanda causa LGBT. Defender derechos civiles es una cosa; avalar cada capricho de la agenda woke (desde baños trans hasta competiciones deportivas mixtas) es otra. Bayly no argumenta: se rinde.

Quizá el mayor pecado de Bayly sea su oportunismo. Este giro woke huele a estrategia de supervivencia en un mundo mediático donde disentir del progresismo es cada vez más caro. El Bayly que se burlaba de la corrección política ahora recita sus mandamientos. ¿Es esto evolución o simple cálculo? Un hombre que construyó su carrera desafiando dogmas no debería terminar arrodillado ante los nuevos ídolos de la cultura pop.

En su afán por ser todo —capitalista, izquierdista, libertario, progresista—, Bayly termina siendo nada. Su defensa de “todas las libertades” es tan vaga que se desmorona bajo el menor escrutinio. ¿Libertad para quién? ¿Hasta dónde? ¿A costa de qué? Su “izquierda capitalista” no es una filosofía, sino un eslogan. Sus “libertades” no son principios, sino caprichos. Y su wokismo es conveniencia. En el fondo, sigue siendo el mismo showman: solo que ahora el guion lo escriben otros.

3 Comentarios

  1. No cabe duda que es una nueva vuelta de tuerca del bufón, pero además debe haber gran cantidad de dinero de por medio, no sé cómo serán sus ratings en Miami, pero por estos lares hay muchos que lo veneran, y esa postura es para el Perú. La pérdida de dineros de usaid, debe ser la causa, y algunos están quemando sus naves, doblando la apuesta.

  2. Siempre fue un insolente y eso le dio réditos en un mundo que se siente harto de muchas cosas. Pero…un abismo trae otro abismo… por su insolencia ofendió a su familia, a sus amigos y a todo el que pudo. Se creyó la última Coca cola del desierto; que él y solo él tiene la razón en todo lo que hace o dice. Él es la muestra de que cayendo en la corrupción moral y destrozando las buenas costumbres (concepto del cual seguramente se burla en su insolencia), el resultado sólo puede ser el estado deplorable en que está su alma, la cual parece no querer. Ojalá recapacite y acepte la misericordia de Dios; si no, su destino será trágico.

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