
Por: Juan Carlos Eguren
El fenómeno de la violencia tiene una génesis múltiple y se viene incrementando globalmente pero en Latinoamérica a mayor ritmo.
Dentro de las particularidades de este continente y el Perú, encontramos factores coadyuvantes como la migración desordenada y sin filtros, las organizaciones criminales internacionales que expanden sus tentáculos a países vulnerables y la criminalidad proveniente de actividades ilegales como el narcotráfico, trata de personas, minería ilegal, tala ilegal, informalidad y corrupción.
Todas las actividades al margen de la ley señaladas, generan ingentes cantidades de dinero en efectivo y normalmente no bancarizado, esta masa monetaria requiere ser colocada (invertida) informalmente en forma directa y a través de testaferros, estas prácticas entre gente sin escrúpulos genera envidias, rivalidades y deslealtades que se pagan con la vida en manos de sicarios.
En el entorno criminal, se conoce quien es quien y que poseen, la liquidez está en las casas de los facinerosos, por ello el chantaje, la extorción, el secuestro y el robo, las víctimas no pueden denunciar pues se trata de dinero sucio y en consecuencia toman la ley en sus propias manos. Gran parte de las víctimas y victimarios pertenecen al mismo círculo delincuencial.
La problemática se agrava por la ineficiencia congénita o adrede del sistema de justicia, donde los llamados a imponer la ley son sometidos por el dinero o el miedo, la máxima es: “toma el dinero o asume las consecuencias con tu vida o la de tu familia” la resultante es la impunidad. Lo mismo ocurre en el sistema penitenciario, desde donde los capos controlan las mafias y las autoridades se hacen de la vista gorda (por plata o miedo).
La violencia seguirá creciendo mientras no se ataque el origen de la misma, es decir los delitos generadores del dinero mal habido. Por lo que no nos debe llamar la atención que en poco tiempo está violencia se traslade como en Ecuador a las esferas políticas para eliminar a aquellos que osan combatir a las organizaciones criminales.
Aun estamos a tiempo de revertir el destino que nos espera, la primera medida es reconocer el problema (diagnostico) y la segunda es atacar con toda la fuerza organizada (gobierno, PJ, MP, FFAA y PN) con un marco jurídico (Congreso) radicalmente punitivo e inclinado sin medias tintas a favor de la autoridad, protegiendo a las fuerzas del orden de los ataques de los socios facinerosos que los protegen, como las ONG, organismos internacionales y buena parte de la prensa, bajo el prurito de los derechos humanos. Caso contrario los que pueden migraran a países más seguros lo harán y los otros sufrirán las consecuencias en carne propia más temprano que tarde.
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