Política

CORTINAS DE HUMO

Por: Gabriela Pacheco

¿Alguna vez has tenido un sueño, que pareciera tan real que no lo puedes distinguir de la realidad? Y si no pudieras despertar de ese sueño, ¿cómo sabrías que estás soñando? – Trinity, MATRIX

Debido al deficiente sistema educativo que ha eliminado las humanidades de la escuela y universidad reemplazándolas por talleres prácticos y técnicos, la poca concentración en los jóvenes ha ido disminuyendo haciéndolos cada día más dependientes de los recursos digitales. Es una constante la fragilidad de la atención de nuestros adolescentes que crecen sin conocimientos sólidos, casi sin información, pues todo lo que necesitan lo encuentran en internet. Una búsqueda rápida e inmediata les ofrece datos fáciles y digeridos, listo para consumirse.

Internet lo es todo – información y distracción – libros, cine, música, fotos, datos, cifras, juegos, bromas y chismes. Todo está en la web y lo que no está en ella corre el peligro de no existir o de caer en el olvido porque deja de ser relevante para la audiencia que recurre a la web en busca de respuestas ligeras. Más aún, internet es tan importante para los jóvenes que algunos consideran la ficción como la misma realidad porque íntimamente ansían que la realidad se amolde a su mundo de ficción y que sea una extensión de ella. Lamentablemente pocos jóvenes tienen la lucidez necesaria para diferenciarlas.

Lo preocupante es que conforme pasan las décadas, la historia, la filosofía y las artes se convierten en un conjunto cargante de pormenores y fechas inútiles, sin interés práctico para el presente, demasiado arduo para investigar y carente de significado para la nueva generación: un conjunto de conocimientos obsoletos y caducos. Toda la herencia cultural de Occidente olvidada.

Para entender mejor la magnitud de la cuestión, no se trata únicamente de un problema para los historiadores y arqueólogos del futuro que nuestros descendientes no sepan cómo fue la civilización de estos años, sino que no serán capaces de saberlo porque no los habremos formado con conocimientos científicos, tampoco habremos desarrollado su pensamiento crítico o la capacidad de análisis ni reflexión moral.

La práctica pedagógica que ha desdeñado el papel de la memoria en el proceso de aprendizaje junto con las actuales formas de comunicación y la banalización de los contendidos en los medios, ha ocasionado que se incremente considerablemente la incapacidad de reconocimiento y retención de lo significativo.

Nos enfrentamos a una generación digital, a una generación sin memoria y sin identidad. En la India, el olvido es la ausencia de raíces y vínculos. Se le compara con la muerte, a la pérdida de uno mismo. Inconscientemente, los adultos hemos permitido a la nueva generación dar la espalda a la tradición, ignorar la historia, obviar los sucesos que marcaron época; les hemos quitado la posibilidad de dejar huella, de ser parte de la historia.

Lamentablemente, esa misma incapacidad también aqueja a los adultos y lo evidenciamos sobre todo en la vida política. El ciudadano promedio es un desmemoriado. El país entero tiene una memoria tan reducida y sesgada que se olvida de lo que quería lograr antes incluso de haberlo planeado. Pareciera que se vive en una realidad virtual en el cual todo se soluciona con solo verlo en los medios.  Por eso somos incapaces de enfrentarnos con madurez a los problemas políticos, económicos o morales, porque estamos viviendo en un mundo paralelo, de ilusiones, llenos de distracciones y cortinas de humo.

Hace unos años estábamos abocados a la urgente restauración del estado de derecho, a la continuidad de la democracia y a la defensa de la Constitución como solución a la crisis política. Veinte años después, cualquiera diría que ese problema ya está resuelto, que transitamos por un sólido sistema democrático porque se celebra vigorosamente cualquier anuncio de cierre del Congreso o un intento de modificación de la Carta Magna. Sin embargo, los constitucionalistas y los juristas insisten con firmeza: el problema de gobernabilidad no solo no se ha resuelto, sino que ha empeorado sustancialmente, hoy somos mucho más vulnerables de caer en una nueva tiranía.

Consecuencia de la escasez de memoria colectiva es que hemos permitido a varios congresistas permanecer en su cargo a pesar de denuncias de plagios en sus tesis doctorales o con estudios de maestrías que no han hecho. Incluso mantenemos a quienes se sabe indiscutiblemente que han mentido, robado o que tienen juicios de paternidad o alimentos.

Agreguemos a esta lista a los políticos y artistas que protagonizaron la tristemente célebre campaña del No y que lavaron la bandera como un acto cívico defendiendo la democracia; hoy en día, ellos mismos están apoyando el cierre del congreso como nuevo acto de patriotismo.

Como bien señala el filósofo español Higinio Marín, “Es claro que toda la propaganda política está diseñada sobre la base de que el público es incurablemente olvidadizo y capaz de asimilar sin asombro una afirmación y su contraria en poco tiempo”. Vivimos alejados de la realidad con distracciones, vivimos entre cortinas de humo.

La falta de reflexión aunado a la insustancial información que propagan los medios reiteradamente no solo nos impide reaccionar ante injusticias y evitar que continúen los políticos más irresponsables y oportunistas, sino hace que seamos un país sin visión. La poca o mala memoria imposibilita para proyectarnos hacia el futuro. No se puede llevar a cabo proyectos si desconocemos nuestro pasado. Sólo conociéndolo, tanto las causas y las consecuencias de nuestros errores anteriores, podremos evitar el regreso al sufrimiento y a la existencia del caos y del terror.

Con una ciudadanía pensante, diligente y con capacidad de recordar, mínimamente reflexiva o al menos medianamente informada sobre las circunstancias y pormenores de la situación del país, con conocimiento de nuestra historia republicana podríamos ver lo que hay detrás de las cortinas de humo y especialmente, defendernos de las propuestas irresponsables y dictatoriales de quienes hacen gobierno.

 

1 comentario

  1. Excelente análisis de lo que hoy vivimos en latino américa y el caribe. Hay un dicho que dice así. “Quién olvida su historia esta condenado a repetirla” Y eso hoy día, es una realidad.

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