
Por: Erus Símera
En aquel año noventa
yo voté como un idiota
quise darle la pelota
en esa etapa sangrienta
al engreído de imprenta
a don Mario Vargas Llosa.
No di al Chino y su tractor
ni mi voto ni confianza
y la cuenta no me alcanza,
joven, cometí un error.
El Congreso en esos días
lleno a tope de izquierdistas
defendía terroristas.
En Lima o las serranías
daba igual si te morías,
terrorismo e inflación
devastaban la nación
y el cinco de abril con fe,
a Fujimori apoyé,
sin huevos, no hay solución.
Y entonces sangró la tierra
nuestro vecino Ecuador
supo de nuestro dolor
y nos declaró la guerra
pero el Chino no se aterra
por la selva, se da maña
y a las tropas acompaña
su peruano corazón
por valor, inspiración
y por la patria ¡hazaña!
Y venció al terrorismo
y derrotó la inflación
la nueva Constitución
nos rescató del abismo
que en manos del socialismo,
la anterior, nos sumía
y pronto la economía
empezó a mostrar sus frutos
lo entienden hasta los brutos
el Perú al fin, renacía.
Y llegó el noventa y cinco
el tractor era un corcel
y esta vez voté por él
por el Chino con ahínco
si me dice salta ¡brinco!
Todo el mundo lo quería
y nunca me esperaría
que juntaran sus destinos
Fujimori y Montesinos.
La ilusión se esfumaría
Propuso su reelección
y en la cédula del voto
dibujé un enorme poto,
recuerdo mi decepción.
Acusado por ladrón
y por derechos humanos
izquierdistas inhumanos
con odio y sangre en los ojos,
del Chino hicieron antojos
vengativos y profanos.
Y en la cárcel, terminó
condenado hasta la muerte
de la que escapó por suerte
y en el país que dejó
el milagro que forjó
continua inquebrantable.
Fuera inocente o culpable
es el futuro, su legado
Fujimori lo ha logrado,
lo que hizo es admirable.
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