Política

UN PROFESOR DEBERÍA SABER

Por: Alfonso Chunga Ramírez

Soy como el perro que, ladrando, persigue al carro. Sin la menor idea de lo que haría si lo alcanzo. La frase es de Joker.

La estaba guardando para una flaca, pero a falta de flaca se la voy a aplicar a Pedro Castillo.

Se la pasó ladrando al poder, hasta que lo alcanzó y, en efecto, no sabe qué hacer con él.

Ofreció destituir a los corruptos magistrados del Tribunal Constitucional. No lo ha hecho.

Avisó que iba por los periodistas mermeleros al servicio de la mafia brasilera. Ahora les paga avisos.

Letanizó que no más pobres en un país rico, y se entregó a enriquecer el wáter de palacio.

Ni siquiera con el Defensor del Pueblo, al que ofreció destituir, ha cumplido.

Pedro Castillo es un revolucionario que ha perdido los pedales de la bicicleta. Y el timón. Quien sabe si hasta las llantas.

Con nueve meses de preñez, está por alumbrar el parto de los montes. Y ya sabemos la clase de ratón que está evacuando.

Signo exterior obligado de la revolución, incrementar el presupuesto para la Educación Pública. El ministro de economía le dijo que educación no, Karelím si, y el revolucionario se fue para Sarratea.

En sus días de qué flojera, Stalin metió en un morral a todos los fiscales y los dejó en el monte a que tomen fresco.

Ernesto Guevara, el Che, en un día de modorra, personalmente, ejecutó algo más de cien contrarrevolucionarios que parasitaban en el poder judicial cubano. Pedro Castillo, que no es Stalin, ni es Guevara, ni es Churchill por más que Hildebrandt quiera, practica la independencia de poderes y consiente que los fiscales de Marcelo le pregunten por la matiné de su hija.

El paso de más de medio centenar de ministros, por lo pronto, ha impulsado la revolución en el precio del aceite, el pollo, la gasolina; ha causado la muerte de ocho peruanos de aquellos a los que los comunistas llamaban pueblo, y un estado de emergencia en las carreteras para garantizar que los zapallos lleguen al viernes.

Una revolución reiteradamente sorprendente por sus protagonistas, lambiscona en sus modales, inútil en sus competencias, fría fría fría en sus discursos.

Los parásitos de ayer, los parásitos de toda la vida en verdad, claman por tumbarse la revolución. Y tumbarla como los caciques andinos le prometieron a Pizarro: Tú matas a Atahualpa, y nosotros te entregamos las tumbas donde está el oro. Exactamente lo que se llama tumbar.

La historia es conocida, y un profesor la debería saber. Pizarro mató a Atahualpa, los caciques entregaron las tumbas, Pizarro mató a los caciques, sembró una higuera para que le de sombra la tarde cuando el hierro le perforó la garganta.

Un profesor debería saber esta historia. Un revolucionario también.

El problema, es que Pedro no es lo uno ni lo otro. Pedro es el perro que, ladrando, persigue al carro, sin tener la menor idea de lo que hará cuando lo alcance.

Y ya lo alcanzó.

2 Comentarios

  1. Creo que nunca leyó la frase completa, “no más pobres en un país rico. . .ya verán como mueren todos de hambre” o estaba mal escrita: “nomás pobres en un país rico”.

  2. Recordemos, la historia del último siglo, solo dos presidentes han cambiado la constitución estando en el poder, y ambos fueron dictadores, uno fue Leguía el otro Fujimori. Ahora tenemos al dictador en ciernes Castillo. Un pueblo que desconoce la historia está condenado a repetirla. Los jóvenes de la generación eeg, no lo saben, haríamos bien en hacérselo saber.

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