Iglesia y sociedad

NO ESTOY DE ACUERDO

Por: Padre Pedro

Soy un sacerdote orgulloso hijo de la Madre Patria, donde aprendí, entre muchas cosas, a gustar del fútbol. Soy hincha del Real, y he tenido la dicha de acudir varias veces al campo. Uno allí aprende mucho. Y de ello me aprovecho ahora para expresar un sentimiento: algunos en el campo juegan no para el equipo, sino para la tribuna, sin importarles el resultado sino el aplauso del momento. Un antiguo lateral izquierdo le decía al resto del equipo: “El gol se celebra con el equipo en el campo, no corriendo solo a la tribuna”. Y eso pasa también en la Iglesia de Jesucristo hoy. Pues resulta que muchos se han llenado la boca salameramente con frases que el Papa Francisco decía, hablando de aquí para allá de ello, pero resulta que en el momento más picante, tienen una actitud contraria. Me refiero a eso de “salir a las periferias”. Desde que lo dijo Francisco, hasta congresos internacionales se han realizado, donde sendos obispos acuden para hablar y escuchar lo mismo. Pero hoy resulta que ese salir a las periferias significa cerrar la Iglesia y atrincherarse para no contagiarse del coronavirus.

Una persona está necesitada de confesión me contó que cuando recién empezó la epidemia le pide a un sacerdote amigo la confesión, y éste se la niega diciendo: “Mejor no, hay que cuidarse”. Pero si fuese solo ese salariado (porque no se le puede llamar sacerdote a ese individuo), pues pasaría. Pero resulta que muchos obispos han sido los primeros en cerrar las iglesias, prohibir sacramentos y otras cosas. Y usan la falsa razón de “el gobierno ha prohibido toda reunión pública y ha confinado en sus casas a todos”. Ja! A todos no: los doctores y enfermeras no; la policía no; las tiendas no; los puestos de servicio no; los peajes no; los basureros no; y podemos seguir con una lista enorme. Pero claro, como tenemos un gobierno anti cristiano, tratan a la Iglesia como si fuésemos un negocio más. Pero lo más triste es que muchos obispos piensan igual: la Iglesia es un accesorio prescindible que puede dejar de “funcionar” hoy sin que pase nada.

Y no me vengan con eso de Misas por internet; sí, sirven y ayudan, pero no son lo mismo por una razón: los efectos de los sacramentos son cuando hay disposición y hay un encuentro. Hace unos días leía que un obispo en América Latina había dado “permiso” a sus sacerdotes para confesar por teléfono. A los pocos días dejó de lado el permiso. Y es que este ignorante (o hereje, que al cabo da lo mismo), creía que los sacramentos son como una correspondencia. Pues no señor. Lindo el esfuerzo de hacer muchas cosas por internet, pero la gracia no llega así, sino presencialmente. Si tienes pecados, solo se borran ordinariamente si te confiesas directamente. Si estas moribundo, la unción llega si eres tocado con el aceite y la imposición de manos. El viático y la comunión llegan si consumes la Hostia. No hay nada más que decir. Entonces, si como dice la Iglesia, los sacramentos son necesarios para la salvación ¿Cómo se los podemos estar negando a los fieles hoy? ¿Dónde están esos obispos que para quedar bien con el Papa Francisco se llenaron la boca con aquello de “salir a las periferias” cuando hoy mandan esconderse? ¿Creen acaso que la Iglesia es como una tienda de ropa, que puede estar cerrada un mes sin que le afecte a nadie? Dios mediante los sacramentos ¿Es acaso prescindible? Qué es más importante ¿Es más importante que esté abierto un hospital, la policía, o un supermercado que la Iglesia? ¿Y aquello de que lo más importante es la “salus animarum”?

Hoy estos obispos, me atrevo a decir, no tienen autoridad y nuevamente juegan para la tribuna, porque siguen el ritmo del mundo que siendo anti cristiano, se preocupan de todo menos de la fe. Al gobierno ateo le interesa un comino Dios. Y estos obispos nuevamente quieren quedar bien con la tribuna, sin decir nada, acatan el cerrar todo como si fuéramos una tienda de zapaos. Cuando deberían decir que no vamos a cerrar nada, que más que nunca debemos tener las puertas abiertas de la Iglesia. Con la prudencia y cuidado debido, como se tiene en un hospital, supermercado o en la policía o los mismos agentes de gobiernos en sus reuniones. Pero no, estos obispos prefieren quedar callados, como perros mudos: “¡Bestias del campo, fieras de la selva, vengan todas a devorar! Sus guardianes son todos ciegos, ninguno de ellos sabe nada. Todos ellos son perros mudos, incapaces de ladrar. Desvarían acostados, les gusta dormitar” (Is 56, 9-10). Hoy me pregunto ¿Qué haría Jesús?  ¿Se quedaría en su casa con María a buen recaudo? La verdad, el Jesús que se acercó a leprosos para curarlos, que comió con publicanos pecadores, que se dejó lavar los pies por la prostituta pública, que tocó contra la ley judía el cuerpo sin vida del hijo muerto de la viuda de Naím para darle vida, el que dejó de lado la ley del sábado para curar muchas veces ¿Hoy se encerraría? ¿Hoy predicaría “prudencia” humana a sus sacerdotes? No lo creo, porque el primer “imprudente” fue Él. Al punto que San Pablo dijo que «el mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan –para nosotros– es fuerza de Dios… En efecto, ya que el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría, Dios quiso salvar a los que creen por la locura de la predicación. Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres» (1Cor 1, 18.21-25).

Les hablo a ustedes hermanos en el sacerdocio: hoy toca salir a ser como Cristo sin “prudencias humanas”, viviendo la locura y necedad de la cruz que es siempre un mensaje contra corriente para el mundo que nos verá como necios y locos. Nos querrán encerrar, pues que lo hagan, como a los Apóstoles, pero frente a ellos responderemos como Pedro: “Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: ‘Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!’. Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: ‘Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres'” (Hech 5, 27-29). Si nuestros obispos no han tenido el coraje y fidelidad a la verdad de ir a decirle a los que hoy gobiernan nuestra nación que Dios no es un accesorio para guardar hasta que pase la calamidad sino lo más importante que hay, y no han logrado convencer que nos dejen abrir nuestras Iglesias y atender pastoral y sacramentalmente a los fieles, con los lógicos cuidados y prudencias medicas (como lo hace un hospital, basurero, supermercado, banco o policía), entonces tendremos que preguntarnos como sacerdotes ¿Este obispo está siendo fiel o infiel a Jesús? “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Pues que nos metan presos a los más de cuatrocientos mil sacerdotes que hay en el mundo, y el Señor como a Pedro, nos sacará de la cárcel para salir a seguir llevando el Evangelio de Salvación. Pero hoy necesitamos decirle más que nunca a la humanidad que Dios existe, que nos ama y perdona, que no sabemos cuándo moriremos y que debemos estar preparados; y sobre todo, que “fuera de la Iglesia no hay salvación”.

Tú eres sacerdote, entonces recapacita. Sal de tu letargo o del miedo; hoy la gente está como oveja sin pastor a merced del lobo, porque algunos cobardes quieren decirnos que no debemos ser pastores sino mercenarios: “Entonces Jesús prosiguió: ‘Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia. Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye. y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas. Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí… y doy mi vida por las ovejas’” (Jn 10, 7-15). En Italia han fallecido cerca de setenta sacerdotes ¿Qué te preguntará Dios cuando vayas a juicio? ¿Que no te arriesgaste ante las ovejas como esos sacerdotes porque querías conservar la salud? ¿Porque fuiste “prudente”? ¿Porque “obedeciste” las medidas que un gobierno anticristiano que no entiende ni valora la fe? Pedro quiso huir de Roma por prudencia y Jesús le salió al paso en el episodio de “Quo vadis”. Hoy nos sale a decir lo mismo: nosotros hemos sido direccionados por muchos obispos “prudentes” a correr de los fieles y las ovejas mordidas por el lobo, pero vemos a Jesús, el gran “imprudente” que se dirige más bien hacia el centro del epicentro: hacia los que necesitan de Él. En el juicio ¿Qué le dirás? ¿Que tu obispo te dijo que no vivas como sacerdote en el tiempo que más necesitaban las ovejas del pastor? Los fieles no necesitan del facebook, de la TV, de un escrito. Necesitan de Dios, y solo tú, sacerdote, solo tú se los puedes dar. Sin sacerdote no hay absolución; sin sacerdote no hay Eucaristía. Y sin Eucaristía no hay Iglesia. Sin el sacerdote no llega la salvación, y “hoy es día de salvación”, no cuando el peligro pase, si es que pasa.

Así te insulte la prensa y llame imprudente, así te persiga el gobierno, así te llamen irresponsable y temerario, eres ante todo y sobre todo sacerdote. Cristo en la tierra. Que los fieles no escuchen de ti que no los puedes confesar o dar la comunión porque “quieres cuidar tu salud”. De repente cuidarás tu salud, pero no salvarás el alma: “¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (Mt 16, 26). Cumplamos las precauciones por nuestra salud y la del prójimo, como la tiene un médico, enfermera, policía o vendedor de supermercado; o un gobernante o autoridad que sigue en funciones. Pero hoy, así como estos funcionarios humanos hacen y ayudan muchísimo desde su lugar, los curas somos indispensables en esta hora. No cuando termine todo (si termina), sino en esta hora. Y hay que hacérselo saber a la humanidad, que allí estamos. Pero, lamentablemente, hay primero que hacérselo saber a muchos obispos que parece han perdido le urgencia de Jesucristo para convertirse con sus palabras y actos en unos funcionarios del gobierno que solo predica una salud horizontal. Que el mundo sepa que Cristo es el Rey y que sus sacerdotes estarán allí, con las puertas abiertas para dárselo.

Los Apóstoles en la Última Cena eran doce, pero en la cruz solo uno. Huyeron y traicionaron, de diversas maneras, pero prefirieron la prudencia y seguridad humana. Me imagino que todos se deben haber sentido horrible después y hubieran querido regresar en el tiempo para estar allí. Hoy es momento que los sucesores de los Apóstoles que por “prudencia” no quieren estar al pie de la cruz sepan que si no van corriendo al pie de la cruz con María, un día se arrepentirán. Porque Dios, queridos curas, nos juzgará. Y si nos llamó a ser pastores y fuimos mercenarios con miles de excusas “prudentes”, me imagino que en el juicio no estará muy contento. Vayan todos o muchos donde sus obispos y díganles sin miedo: seamos pastores como Cristo y autoricen ya a que abramos las Iglesias y atendamos a las ovejas, que las visitemos, confesemos y demos la comunión. Que puedan adorar a Jesús Eucaristía. Y si es necesario, que esos obispos vayan donde el gobierno y con firmeza le expliquen que como Iglesia no somos un adorno que puede dejar de estar en la escena de hoy. Más que nunca la Iglesia abierta es indispensable hoy. Y si el gobierno no quiere, pues queda lo que dijo Pedro: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Eres cura porque debes justamente “curar”, y hoy la gente necesita de la medicina de Cristo. Entonces ¿Qué harás? ¿Le dirás a las ovejas que buscan a Jesús como ese mediocre cura que le dijo a esta persona “no puedo confesarte porque mejor es evitar la posibilidad de cualquier enfermedad”? Si haces eso hoy ¿Qué crees te dirá Jesús en el juicio? ¿Qué excusa pondrás, que el gobierno ateo no quería o que el obispo miedoso no quizo? Como decía nuestro amado compatriota, San Juan de la Cruz, recuerda que “a la tarde de la vida, te examinarán en el amor”, y que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15, 13). Hoy la periferia se llama coronavirus.

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