
Un joven seminarista nos escribe y nos habla de cosas que pasan en la iglesia sinodal. Es tan triste que quien entrega a temprana edad su vida a Dios sienta esta desazón. En el pequeño intercambio que tenemos por nuestro chat lo animamosa mantener la fe y el amor por la Iglesia. Le recordamos que Nuestra Señora ha prometido que al final Su Inmaculado Corazón triunfará. y que no baje la guardia porque necesitamos sacerdotes santos. Se muestra de acuerdo aunque dice que le duelen muchas cosas de la iglesia. Finalmente nos hace llegar estas reflexiones que publicamos a continuación y nos pide mantener el anonimato para no sufrir represalias
Zavalita, al salir de las instalaciones del diario La Crónica, observa meditabundo la avenida Tacna bajo el cielo gris de Lima y se pregunta: ¿en qué momento se jodió el Perú? Muchas décadas después, salgo de la librería de las Nazarenas, en esta misma calle capitalina y, con aires taciturnos, también me interrogo: ¿En qué momento se jodió la Iglesia?
Seminarios y conventos dramáticamente vacíos, liturgias supuestamente creativas pero desacralizadas, homilias superficiales y tibias, en definitiva, la identidad cristiana diluida en un océano de relativismo. El Perú jodido, la Iglesia jodida, yo también jodido. ¡Qué jodida que es la vida en el siglo XXI, caray!
Continúo transitando por esta avenida repleta de tiendas de imágenes religiosas, algunas fieles al cristianismo, otras sincretistas y esotéricas. Percibo un olor indefinido, algo así como una mezcla entre agua florida y ruda, las vendedoras me ofrecen apremiantemente sus turrones tradicionales Doña Pepa. Es cierto, estamos cerca al mes morado.
Jornadas nacionales juveniles con música profana, misas para niños con títeres y muñecos en el templo, el sacerdote reducido al simple papel de animador comunitario, ecología integral, sinodalidad -¡Cojudeces!- pienso.
La misa ya no es el centro y culmen de la vida de la Iglesia, tal como reza la Sacrosanctum Concilium, sino que ahora es solo un medio, un instrumento para celebrar a la comunidad y cultura propias. En el mejor de los casos se le reconoce su finalidad eucarística, es decir como acción de gracias, pero se ha guardado en el baúl de los recuerdos sus otros tres fines: adoración, propiciación y reparación.
Así es Zavalita, así es amigo lector, en las Iglesias ya no se adora. Se han despojado los reclinatorios de los templos y la Sagrada Comunión se recibe en la mano. Que diría el papa eucarístico san Pio X o el insigne Doctor Angelicus al ver estas atrocidades.
Pura locura humana. Prosigo mi caminata reflexiva por esta calle inundada con el olor del palo santo. Que deliciosos y dulces se ven esos picarones. Llego al hermoso convento de Santa Rosa de Lima. ¿Fue una mujer revolucionaria, desencantada con el sistema colonial de la Lima de antaño? Bueno al menos así lo asegura un alto jerarca de la iglesia peruana, o en realidad ¿se destacó por sus virtudes, contemplativas, místicas y caritativas? ¡Sabe Dios, alma mía!
Hoy en día no se tiene ninguna certeza, todo evoluciona, todo se reinterpreta, nada es seguro. Los dogmas son para gente anticuada y fanática, dicen los progres.
Sigo en mi paseo por la avenida Tacna, observo atentamente los hábitos del Señor de los Milagros exhibidos en profusión; de hecho, estamos a puertas de octubre. Una súbita una inspiración ilumina mi apesadumbrado corazón, después de todo la esperanza es lo último que se pierde, total en octubre siempre ocurre milagros, siempre. Solo un milagro nos sacara de esta situación.





