Política

MIRODAN, YOVERA Y UGAZ: EL TRIUNVIRATO DE LA DIFAMACIÓN

Por: Uri Ben Schmuel 

“La ética no es etérea. Funciona como una lámpara que acompaña al periodista y que muestra el camino por donde debe desarrollar su trabajo. El periodista cumple un papel fundamental: informar y formar con verdades a la ciudadanía. Se desenvuelve dentro de un espacio donde interactúa con los hechos, las fuentes y el público. El periodista debe acudir ante ellos para honrar el principio de la verdad. Eso sí, nunca debe dar una información con una sola versión del hecho. Aunque la afirmación sea auténtica, debe recurrir a otras fuentes. Si miente, engaña a sus lectores. El periodista tiene la responsabilidad de publicar noticias debidamente verificadas”.

Con estas palabras de Edmundo Cruz, periodista de investigación, Premio María Moors Cabot de la Universidad de Columbia, se inicia el informe titulado “Al Jazeera, falsedades y omisiones de un documental” del periodista peruano Miguel Ramírez, ex jefe de la unidad de investigación del diario El Comercio. Este minucioso trabajo tuvo como principal objetivo analizar si es que “El escándalo sodalicio —dirigido por el inglés Seamus Mirodan y el peruano Daniel Yovera, y producido por la periodista Paola Ugaz— tuvo el rigor periodístico mínimo que se requiere en la elaboración de un reportaje. La respuesta fue contundente: “el referido reportaje de Al Jazeera es sesgado y tuvo la evidente intención de perjudicar a la parte denunciada”.

Un reportaje, una vida arruinada

¿Por qué es pertinente hablar de un documental emitido en una cadena internacional musulmana luego de cuatro años de su publicación? Porque, desafortunadamente, si bien a diario se comenten excesos en el quehacer periodístico, en este caso la consecuencia de este trabajo poco profesional fue llevarse por delante la vida de una persona y su familia: Alberto Gómez de la Torre Pretell.

La historia de Gómez de la Torre es la de una víctima. Pero no es un tipo de víctima de aquellas a las que hoy todos los medios le darían un espacio. Todo lo contrario. Alberto Gómez de la Torre es una víctima precisamente del periodismo mal ejercido. Es una persona a la que se le dañó un derecho fundamental: el derecho a la honra y al buen nombre. Un derecho que es casi tan importante como el derecho a la vida, ya que con una reputación vejada, poco o nada se puede hacer para vivir tranquilo. Y todo esto fue gracias al documental “El escándalo Sodalicio.

En ese documental, entre otras cosas, se acusa a Gómez de la Torre de traficante de tierras y de asesino. Todo esto sustentado principalmente en los testimonios de cuatro testigos, como concluye el informe de Miguel Ramírez, aún a sabiendas de que no tenían credibilidad y de que contaban con antecedentes penales. “Siendo aún más delicado el hecho de que sus versiones no fueron contrastadas y corroboradas debidamente, como suele hacerse en un trabajo de investigación serio e imparcial”, escribe el periodista.

Desde la publicación de este documental, Gómez de la Torre inició una causa personal que él mismo ha denominado “Derecho a la honra” que busca restituir su buen nombre. El espacio mediático para exponer su lado de la historia es de lo que más adolece Gómez de la Torre (y lo que más le sobra a sus victimarios). Felizmente, en el camino encontró gente solidaria que lo ayudó en su cruzada y fruto de ello es un un contundente video de 10 minutos titulado “La verdad de las mentiras”. En él, la periodista Mariella Balbi presenta las conclusiones de la investigación de Ramírez y ofrece una panorámica del caso.

Luego de ver el video, no hay mucho más que decir. Los argumentos son claros y definitivos. Si se acompaña con la lectura del informe de más de 30 páginas de Miguel Ramírez, luego solo queda preguntarse: ¿por qué Al Jazeera no se rectifica? ¿Por qué Mirodan, Yovera y Ugaz no tienen un gesto de humildad y reconocen que fallaron? Esas dudas siguen dando vueltas y levantan suspicacias. Parecería que detrás de estos periodistas hay otros intereses.

En todo caso, ya sabemos de qué pie cojean algunos. Sobre todo Paola Ugaz, quien como bien se sabe, no sería la primera vez que mentiría. ¿O cree que ya nos olvidamos de toda la evidencia presentada que la involucra en una presunta red de pitufeo y de supuesto lavado de activos? Tampoco entendemos que periodistas como Seamus Mirodan y Daniel Yovera no hayan hecho nada para deslindar de su socia periodística, que está bastante enredada en presuntos casos de difamación y de corrupción.

Si es que la justicia formal y la prensa mermelera no hacen su trabajo, siempre quedan espacios mediáticos y personas que buscan la verdad y saben reconocer el rostro de una injusticia cuando se presenta. Y ese es el caso de Gómez de la Torre. Esperamos que siga avanzando y logre, finalmente, restituir aquello que perdió: su buen nombre. Por lo pronto, para los interesados, compartimos los links del video y del informe completo de Miguel Ramírez.

Descargar Informe aqui

 

© Café Viena

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