Vida y familia

EL ÁRBOL DA ALEGRÍA PERO LA GRACIA ESTÁ EN EL NACIMIENTO

Por: Percy Hartley

A propósito de la muy recomendable Carta Apostólica “ Admirabile Signum “ sobre el significado y valor del Nacimiento o Belén , de reciente redacción del Papa Francisco, cuya lectura ampliamente recomendamos, nos ha traído a la memoria una frase coloquial que siempre escuchaba antiguamente pero que no solía tomar mucha atención: “ La Navidad no es la Fiesta de Papá Noel “.  Y cuánta razón hay ello. Sin pretender desconocer que existe una notoria influencia propia de la imagen natalina ( y hasta el cansancio  marqueteada )  del llamado Santa Claus, Papá Noel, Viejito Pascuero, Sankt Niklas o  sus variantes que refleja de alguna lejana manera la identidad caritativa y carisma de un santo cristiano, éste, por más carismático que  lo recordemos  y   desdibujado en físico y vestimenta,  presenta más una identidad comercial que una virtuosa imagen a seguir.

No cabe duda que los dulces adornos y dulces dulces  que nos recuerdan que la Navidad ya está cerca y que comprenden el universo cercano y mítico del Papá Noel comercial, entre ciervos y venados, casitas con nieve y regalos envueltos, muñecos de nieve y parafernalias propias ( como es evidente ) del hemisferio norte nos remiten a un tiempo de Navidad, pero no   necesariamente a Adviento, o al menos, al Adviento del calendario alemán de los regalos diarios o de la  Corona que en sus cuatro velas dominicales nos desarrolla y enseña hechos del tiempo histórico propio de la natividad en el  Evangelio y  oraciones que nos acercan al Divino Nacimiento y cuyos días, que en el fondo son reflejo de tiempos de familia y convivio santo, se han ido lamentablemente perdiendo por la sustitución propia  de la espiritualidad por el materialismo.

Mención aparte merece en mi opinión el árbol, en todas sus formas y colores, bolas y personajes,  fuente de alegría que da la llegada del Niño Dios y que como dice el  bellísimo villancico, permanece firme y fiel en sus hojas, que siempre están verdes en invierno y verano  y como dándome la razón en mi comentario reza así en una estrofa: “ ¡ Oh Tannenbaum, Oh Tannenbaum, wie grün sind deine Blätter ! ( qué verde son tus hojas)…Ein Baum von dir mich hoch erfreut ( un árbol como tú me alegra ) “. Por supuesto, para belleza de villancicos, Noche de Paz, en su armoniosa versión original en lengua alemana no tiene parangón, como tampoco los que inspiran inocencia y espíritu infantil, que son tantos y tan bellos, sin desmerecer a los también celestiales franceses, italianos, carols ingleses y animadísimos españoles de nuestra infancia marista. Pero el que a mi gusto, resume fidelidad histórico-evangélica , grandeza, sublimidad y sacralidad es el incomparable Pueri Concinite, de Johann Ritter von Herbeck. Los invito a escucharlo en sus diversas versiones ubicables, como la de Jean Baptiste Maunier , Coro Cantabile o Heraldos del Evangelio. Entonces estoy de acuerdo que el magnífico árbol y los adornos de noble dulzura nos alegran el tiempo de Navidad, pero nada, nada se compara al Nacimiento. La gracia, queridos lectores, está en el Nacimiento.

Nunca mejor y oportuna lectura de la Carta Apostólica que con absoluta convicción suscribo para poder entender su significado , para acercarnos y prepararnos espiritualmente a los tiempos de Navidad. Los invito a leerla y sumarse a su difusión.

Solo tomaré unos fragmentos a modo resumen del contexto perfectamente explicado, para dar unas pinceladas de realce al presente artículo, que humildemente pretende evocar el espíritu correcto con el que deberíamos cristianamente acudir al Christ Mass, como en el antiguo inglés daba evidencia de “ Misa de Cristo”.  Y es así, que para su difusión y mejor comprensión, transcribimos algunos de sus mejores pasajes.

CARTA APOSTOLICA ADMIRABILE SIGNUM ( resumen )

El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.

 Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas… Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.

( … )

Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.

 La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.

Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. Lc 1,79).

 Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la Leyenda Áurea del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.  ( … )

 Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.

Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. Mt 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.

  Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.

 Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.

 Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.

 Francisco 

 La foto del Nacimiento que ilustra este artículo la tomé en una Basílica de los Alpes bávaros. Uno de los más sencillos pero al mismo tiempo maravillosos que he tenido la gracia de contemplar. Aquí están, según la descripción coincidente, la Sagrada Familia, los Sabios de Oriente cuyas reliquias no me canso de visitar y agradecer tantos y tantos regalos cada vez que puedo estar en Köln ,que ahora alberga a mis universitarias hijas, con el templo  en ruinas según reza una pagana leyenda, cuando una Virgen diera a luz y los pastores congregados y sosegados  por el ángel no temían, porque había Nacido el Salvador.

Pueri concinite nato regi psallite

Voce pia dicite

Apparuit quem genuit Maria

Sum implenta quae praedixit Gabriel

Eia, Eia, virgo Deum genuit

quem divina voluit clementia

Hodie apparuit Apparuit in Israel

Ex Maria virgine natus est Rex

Natus est Rex

Pueri concinite nato regi psallite

Voce pia dicite

Apparuit quem genuit Maria

Sum implenta quae praedixit Gabriel

Eia, Eia, virgo Deum genuit

quem divina voluit clementia

Hodie apparuit Apparuit in Israel

Ex Maria virgine natus est Rex

Natus est Rex “

 

¡Feliz Tiempo de Adviento! ¡Feliz Navidad!

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