Vida y familia

EL ENEMIGO ESTÁ ATACANDO POR CUATRO FRENTES

Por: Ricardo De Spirito Balbuena

Nunca antes había visto un ataque tan coordinado contra el ser humano como el que estamos viviendo en estos tiempos. No hablo de un ataque militar ni económico. Hablo de un ataque espiritual.

El enemigo ha concentrado sus esfuerzos en cuatro grandes frentes que tienen un mismo objetivo: destruir la voluntad del hombre, esclavizar su mente, romper las familias y alejarlo de Dios.

El primer frente es la lujuria y la pornografía. Nunca fue tan fácil acceder a imágenes impuras como ahora. Un teléfono celular basta para destruir una familia, un matrimonio o la pureza de un joven. La pornografía no busca únicamente despertar el deseo sexual; busca convertir a la persona en esclava de sus impulsos, vaciar el amor verdadero y reemplazarlo por placer inmediato. El hombre deja de amar personas y comienza a consumir cuerpos.

El segundo frente son las apuestas. Hoy nos bombardean por todas partes con anuncios que prometen dinero fácil. En la televisión, en el fútbol, en las redes sociales, en Internet. El mensaje es siempre el mismo: “confía en la suerte”. Pero el cristiano está llamado a confiar en Dios, no en el azar. Se alimenta la ilusión de enriquecerse sin esfuerzo, cuando el trabajo honesto siempre ha sido uno de los principios fundamentales de la vida.

El tercer frente es el alcohol. Se ha convertido en algo socialmente aceptado. Se celebra el exceso, se normaliza la embriaguez y se presenta como sinónimo de diversión. Sin embargo, detrás de muchas tragedias familiares, accidentes, violencia y enfermedades, el alcohol aparece como uno de los principales protagonistas.

El cuarto frente son las drogas, desde la marihuana hasta las drogas sintéticas, las anfetaminas y otras sustancias cada vez más destructivas. Se presentan como libertad, como entretenimiento o como escape, cuando en realidad esclavizan el cuerpo, la mente y el espíritu.

Lo preocupante es que estos ataques no actúan por separado. Cuando una persona logra vencer uno, inmediatamente aparece otro. El que deja el alcohol puede caer en las apuestas. El que abandona las apuestas puede terminar esclavo de la pornografía. El que vence una adicción puede ser tentado por otra diferente.

Es una guerra permanente contra el ser humano. La Biblia enseña que nuestra lucha no es solamente contra la carne y la sangre, sino contra potestades espirituales (Efesios 6:12). Desde esa perspectiva, entiendo que el mal organiza sus ataques sobre distintos ámbitos de la vida humana para debilitar a las personas, las familias y las naciones.

Pero hay un quinto ataque que considero aún más peligroso porque destruye el alma desde adentro: el odio. Vivimos en una época donde el amor parece enfriarse. Basta escribir una opinión distinta para recibir insultos, burlas, ira y desprecio. Muchas personas ya no buscan dialogar; buscan destruir al que piensa diferente. La paciencia desaparece, la misericordia disminuye y la agresividad se convierte en la norma.

No deja de venir a mi mente la advertencia de Jesús: «”Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12).» Creo que esta profecía cobra cada vez más sentido.

No solamente aumenta la maldad; también disminuye la capacidad de amar, perdonar y comprender al prójimo. Por eso, más que nunca, necesitamos fortalecer nuestra vida espiritual, cuidar nuestra mente, proteger a nuestras familias y recordar que las mayores batallas de nuestro tiempo no siempre se libran con armas visibles. Muchas comienzan en el corazón del ser humano.

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