Política

MAS VALE TARDE QUE NUNCA

Por: José Romero

El pasado viernes la antiminera comunista que funge de “primer ministro”  anunció  el cierre de cuatro minas y casi de rodillas justificó las algaradas que han traído consigo destrucción  de la propiedad pública y privada.

Los comunistas que hoy “están sentados en Palacio de Gobierno” reclaman que “no los dejan trabajar”. ¿ A qué le llaman trabajar”? Por sus obras los conoceréis dicen las Sagradas Escrituras. Para los comunistas “trabajar” es destruir las bases de la República, de la Sociedad y por cierto de su economía; sin embargo ello, a pesar de haberse alertado, no ha sido tomado en cuenta por los empresarios y los gremios que los agrupan.

Desgraciadamente éstos no solo han servido de tontos útiles sino de cómplices involuntarios del marxismo cultural, en todas sus expresiones. Al respecto, ello lo comprobamos en el tiempo  que  duraron los infaustos gobiernos del genocida Vizcarra y del inútil Sagasti así como en los días que hordas de lumpen obligaron a la renuncia de Merino de Lama. Y si nos retrotraemos, vemos cómo el caviaraje ha venido gobernando desde hace 20 años.

Recién los gremios como la Sociedad de Minería y CONFIEP han levantado la voz (bastante suave y quejumbrosa) contra los estropicios del desgobierno comunista sobre el cual aún mantienen “esperanzas” que darán marcha atrás y harán “un buen gobierno y respetaran las libertades”.

¡Que ilusos!. Sin embargo, más vale tarde que nunca; más aún que desde el Congreso se buscará vacar al incapaz comunista Castillo.

Ojalá que ejemplos como los de los corajudos Raymundo Duharte, Francisco Pardo Mesones y Julio Favre inspiren a Óscar Caipo y a otros dirigentes gremiales. Ya es hora que los ciudadanos demócratas se unan en la defensa de la democracia, del orden constitucional y por ende de las libertades.

No es posible que sigamos “confiando” en los comunistas, que no son sino “lobos con piel de oveja”.

Un “gobierno “nacido” con la mácula de la ilegitimidad no puede seguir arrogándose la representación de las “grandes mayorias”. Un gobierno que “ganó” por unos cuántos miles de votos no puede reclamar que 2/3 de representantes sean quienes decidan que se vaya. Basta con la mitad de votos de los congresistas. La Democracia debe aplicarse para quienes creen en ella.

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