La columna del Director

LOS PLANES DEL TERRORISTA ABOGADO DE PEDRO CASTILLO

El indulto a Castillo es el combustible para el caos

Por: Luciano Revoredo

El reciente y escandaloso despliegue de la defensa legal del golpista Pedro Castillo Terrones no es un mero ejercicio del derecho a la defensa; es una operación política perfectamente orquestada por las huestes más oscuras de nuestra historia. A la cabeza de este esfuerzo se encuentra un personaje cuyo nombre debería encender todas las alarmas en el sector patriótico y democrático de la nación: Wilfredo Arturo Robles Rivera, conocido en los archivos policiales de la Dirección contra el Terrorismo (DIRCOTE) de los años noventa bajo el alias de “Camarada Aldo”.

Para entender la gravedad de lo que enfrentamos, es imperativo desenterrar los hechos históricos documentados y no permitir que el ropaje de “abogado defensor” limpie las manos de quien pretendió bañar en sangre nuestro país.

El 23 de julio de 1992, en pleno apogeo de la demencia senderista, efectivos del grupo especial Delta 5 de la DIRCOTE intervinieron a Robles Rivera en las inmediaciones del paradero Ecasa, en la Carretera Central (Santa Anita). El Atestado Policial N° 169-92 no deja espacio a la especulación: Robles fue capturado en flagrante delito portando cargas de dinamita y fulminantes listos para ser detonados, junto a otros mandos subversivos.

Aquella detención ocurrió durante un “paro armado” convocado por la cúpula de Abimael Guzmán. La misión de Robles Rivera no era académica: consistía en la distribución de manuscritos intimidatorios con amenazas directas de muerte dirigidas a transportistas y comerciantes que osaran trabajar. El objetivo era quebrar la capital por el terror. Por esta militancia activa en las filas de Sendero Luminoso, Robles purgó 11 años y 2 meses de prisión (1992-2004) en el régimen cerrado especial del Penal de Máxima Seguridad Miguel Castro Castro.

Quienes creen que los once años de carcelería reformaron al “Camarada Aldo” pecan de una ingenuidad suicida. Tras su liberación en 2004, Robles Rivera adoptó la nueva directiva de la cúpula senderista: la “lucha política sin armas”, diseñada para infiltrar las instituciones democráticas que antes dinamitaban.

La firma y huella digital de Robles Rivera figuran en los planillones que el Movadef (brazo político de Sendero Luminoso) presentó ante el JNE en 2011 para lograr su inscripción. Robles no fue un firmante incauto; los informes de inteligencia lo ubicaron como dirigente en Lima Norte.

Es en esta misma línea de infiltración donde se cruzan los caminos de Wilfredo Robles y Pedro Castillo. La huelga magisterial del 2017, liderada por Castillo bajo el ala del radicalizado CONARE-SUTEP (gremio permanentemente señalado por sus vínculos con el Movadef), fue el laboratorio perfecto. Por ello, que Robles haya asumido la defensa de Castillo tras su cobarde golpe de Estado el 7 de diciembre de 2022 no es una coincidencia judicial; es una consigna partidaria de los remanentes de la subversión para sostener a su alfil político.

Hoy en día, el plan de la extrema izquierda y de los sectores caviares instrumentalizados ha cobrado un nuevo y peligroso impulso. Tras la emisión de un informe del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU que califica de “arbitraria” la reclusión del golpista Castillo, las huestes del golpismo senderista han reactivado su maquinaria mediática y judicial. Robles Rivera, utilizando la tribuna legal, busca presionar al Ejecutivo bajo la amenaza de demandas internacionales.

La mira está puesta en el futuro inmediato del país. Sectores del oportunismo político y la izquierda más recalcitrante pretenden presionar para arrancar un indulto presidencial o una excarcelación exprés bajo argumentos pseudohumanitarios.

A partir de estos hechos queda claro el escenario geopolítico y de seguridad nacional que se está configurando. Ante el panorama político que vislumbra un eventual gobierno de Keiko Fujimori, la liberación de Pedro Castillo es la pieza clave que la extrema izquierda necesita para desatar el caos.

Liberar a Pedro Castillo, un golpista subversivo, que aún cuenta con el respaldo de las economías ilegales, el radicalismo altiplánico y los brazos políticos del senderismo. no traerá pacificación. Al contrario, significaría dotar a la subversión de un “mártir viviente” que saldrá a las calles a incendiar el sur del país, bloquear carreteras y coordinar la insurgencia urbana.

Un Pedro Castillo libre, apañado y dirigido por personajes de la catadura de Wilfredo Robles Rivera “Camarada Aldo”, se convertirá de inmediato en el agente desestabilizador principal contra un gobierno de Keiko Fujimori. Utilizarán cada resquicio de agitación social para buscar la asonada golpista en las calles y boicotear cualquier intento de reactivación económica, orden público y defensa de la Constitución de 1993.

La defensa de la República exige firmeza absoluta. No se puede ceder un solo milímetro ante los operadores del terror. El Perú no puede permitir que la impunidad de un golpista sea el combustible con el que el comunismo y el senderismo pretendan prenderle fuego a nuestra patria una vez más. La vigilancia y la condena enérgica a estos personajes debe ser constante, oportuna y sin medias tintas.

1 comentario

  1. Pues están en camino de lograrlo entre gallos y medianoche, dado que balcazar pertenece al partido del preso, no cabe duda que no hacerlo se consideraría traición, pero además es la jugarreta de siempre de los comunistas que nos gobiernan hace 20 años, amparándose en una supuesta instancia superior, hacen de las suyas, pero recordemos que las matemáticas no mienten y balcazar está ahí por, en la peor tragedia 15 y en la menor 6 votos fujimoristas, no se pueden hacer los inocentes.

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