Iglesia

LA MUCHACHITA DE NAZARETH Y LA ANUNCIACIÓN

Por: Mario Linares

Las disculpas directas ante una falta grave de un humilde servidor comisionado por otro hacia una alta autoridad no es suficiente. Se hace necesario satisfacciones de quien responda por el servidor teniendo la misma investidura del ofendido. Pues bien, la ofensa de la creatura a Dios creador es insondable. La creatura no puede por si misma satisfacer la falta.
Se hace necesario entonces que el mismo Dios se encargue siendo uno de nosotros, se haga hombre y ofrezca satisfacciones a Dios Padre en la línea de la tradición de expiación de los pecados del pueblo de Israel mediante el sacrificio de un cordero, el cordero de Dios. Misterio.

Una muchachita de 16 años siente no solo la presencia de alguien sino que además esa presencia le habla y que cosas las que le dice. Era más que para turbarse. Mareada, temblando, se sobrepone, asume el hecho, sus sentidos no la engañan, su preparación de toda la vida en una familia religiosa y sirviendo en el templo, su preservación en gracia plena desde su nacimiento, incidieron en la comprensión de lo que sucedía y de lo que se le pedía y que era naturalmente motivo de perplejidad. Dios mismo, el creador de todo, el de la zarza ardiente de Moisés y el que prometió un mesías a través de la historia a través de venerados profetas, Dios mismo, ¡le pide permiso!

Turbada aunque ya con la respuesta decidida ejerciendo su libre albedrío, en curiosidad natural pregunta el cómo, luego de lo cual con la convicción de su fe, da lugar de inmediato a un dogma; concibe y se convierte en la Madre de Dios.

El silencio posterior ha debido ser eterno, el cénit del misterio del amor de Dios en su seno, la meditación de ello, la alegría, pero también la responsabilidad.

Ha dejado los detalles al altísimo. Y que tales detalles, primero ¿Le cuenta a José? ¿Dónde vivirá? ¿Qué recursos necesitará? ¿Tendrá su hijo un maestro? ¿Cómo se cría al hijo de Dios? Dios le ha hablado, el se ocupará de todo, confía.

La anunciación es un sí que abre la primera puerta del cielo sin la cual Jesús no podría haber abierto la segunda. El sí de la muchachita devota de Nazareth, es una explosión cósmica, un hecho apoteósico. Tiene como consecuencia el nacimiento de Dios hecho carne que da lugar a la redención de la humanidad, perdón y posibilidad del cielo que se hizo con el “hágase en mi según tu palabra” y que sigue siendo posible, por su hijo y también por la intercesión defensora de nuestra preciosa virgen de Nazareth, a pesar de nuestras faltas.

Nos arrodillados ante ti y agradecidos te veneramos, excelsa Madre de Dios, ¡María Santísima!

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