La columna del Director

LA FOTO DE PAPÁ

Por: Luciano Revoredo

Ahora mismo te veo. Tienes una mirada melancólica. Tus grandes e inocentes ojos tienen un fondo de tristeza.  Y me pregunto tantas cosas… ¿Cómo eras de niño, cómo era tu voz, qué palabras decías, a qué jugabas? ¿Alguien te supo engreír y querer?

Parado en una pequeña plataforma, una tenida primorosa y un ramito de flores artificiales que cursimente ha propuesto el fotógrafo, antes de colocarte ante la balaustrada de utilería del estudio fotográfico. Ahí estás, inmóvil Y pienso… ¿Quién te vistió ese día para llevarte a tomar la foto? ¿Quién te llevó? Probablemente tu dulce abuela, que hizo de madre ante la temprana partida de mamá.

Te vuelvo a ver y pienso cómo fue ese día, dónde tomaron las fotos, en qué calle de la vieja Lima que tantas veces caminamos juntos y que me enseñaste a querer. Lo cierto es que ahí estás, parado con tus flores y la otra manito suspendida.  Y me produces una inmensa ternura.  Te veo y pienso ¿Qué me quieres decir cada vez que te veo, niñito mío? ¿Qué puedo hacer por ti?

Quién pudiera viajar en el tiempo, tomar esa manito y devolverte todos los besos, todos los paseos, todos los cariños, todas las enseñanzas, cargarte abrazarte muy fuerte y besarte sin medida. Darte tanto amor, que estoy seguro que en las cuentas de la vida te quedé debiendo.

Porque así son estas cuentas, uno siempre anda retrasado y cuando quiere ponerse al día siempre es demasiado tarde. Ahora te veo en la foto, indefenso y pequeño, como todos alguna vez fuimos y te recuerdo sabio, grande, colosal, heroico… siempre protegiéndome, cuidándome, apoyándome hasta cuando estaba evidentemente equivocado y tú a mi lado, incondicional.

Ya de anciano me regalaste la foto. Y te reías de la circunstancia, te parecía un poco afectada, esa fue tu palabra. A mí me encantó y corrí a enmarcarla. Desde entonces me acompaña siempre… me acompañará siempre, como tú ¡Papá!…

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