
Por: Juan Carlos Eguren
Escucho y leo mucha chilla en relación a la elección del nuevo presidente del congreso y su mesa directiva, al parecer muchos amigos ven fantasmas y se mueren de miedo y/o se indignan por adelantado por las negociaciones que se pudieran dar.
Parece que olvidan que a diferencia del poder ejecutivo el congreso es un colegiado de 130 almas agrupadas en casi una decena de bancadas, donde nadie puede imponer ninguna idea o criterio por si y ante si, sin contar con el consenso y los votos que la mayoría reclama y exige.
El cargo de presidente del congreso e integrantes de la mesa directiva (tres vice presidentes) esta sobre valorado, no tiene ni tienen el poder que se cree, para comenzar el presidente no puede tomar decisiones mayoritariamente administrativas si no logra los votos de su propio colegiado (mesa directiva) y menos aún imponer nada a los 130 angelitos.
La presidencia del congreso es un cargo honorífico, protocolar y administrativo con muy pocos y acotados privilegios, como priorizar la agenda del pleno en coordinación con la junta de portavoces, dirigir los debates y convocar a las sesiones plenarias y en el plano material la friolera de un vehículo con chófer, una liebre (moto que abre paso) y un cuadro al final de su periodo.
Quienes serán elegidos para el periodo 23-24, no lo se ni me quita el sueño, pero estoy seguro que tendrá el mérito de congregar diferentes voluntades y generar el consenso indispensable para ganar con votos la míni contienda electoral. Igualmente estoy seguro que no será de ningún extremo radical de derecha ni izquierda y que las tres vice presidencias serán variopintas, por que se tiene que negociar y hacer concesiones para lograr el objetivo.
A mis amigos extremistas que se rasgan las vestiduras por lo que pueda ocurrir, les caería bien recordar el pensamiemto de el profesor Pedro de Vega, extraordinario jurista español, quien afirmaba con razón que el verdadero sentido de la democracia no es el lograr que todos piensen o sientan de manera análoga, de modo igualitario; sino, por el contrario, él decía que el verdadero valor y esencia de la democracia es lograr que una sociedad, una comunidad, donde sus integrantes sientan, piensen y sean diferentes, logren desarrollar mínimos sociales de orden común, valores esenciales que sean comunes a todos, que constituyan un esencial común denominador, de manera que respetando y protegiendo las diferencias de las personas, por raza, género, creencia religiosa, afanes políticos, criterios, aspiraciones, pensamientos y sentimientos, los diferentes integrantes de dicha comunidad puedan desarrollarse sobre valores comunes de respeto recíproco, tolerancia, paz , seguridad y desarrollo social.
Vale la pena recordarlo con frecuencia, para evitar que aquello que criticamos (extremismo, radicalismo, intolerancia, etc) no termine reflejado en un espejo cuando nos miramos a nosotros mismos.
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¿Género ha dicho? No que el genero es en el castellano una propiedad de los sustantivos y no el sexo dado por los genes a las personas en su concepción. Admitir el lenguaje del enemigo es dejar que este modele nuestros pensamientos.