Política

INSTITUCIONALIDAD QUEBRADA

Por: Ricardo Villanueva Meyer Bocanegra

La tarde del 30 de setiembre de 2019, el presidente Martín Vizcarra dio un mensaje a la nación para dar cuenta que había decidido “disolver constitucionalmente el Congreso”. Siendo estrictos lingüística y jurídicamente, no ha disuelto nada porque las circunstancias previstas en la Constitución no se han producido. Solo estamos advertidos que lo hará cuando éstas se produzcan. Bromas aparte, la crisis desatada es muy seria.

Cuando el poder Ejecutivo hace cuestión de confianza sobre algún asunto, debe esperar la respuesta del Congreso y ésta se efectúa mediante la votación de dicha moción, en este caso, fue aprobatoria.

¿De qué negación fáctica de la confianza habló el presidente?

A él se le ocurrió decir que si no votaban su confianza antes que cualquier otra actividad en ese día, la daría por negada. ¿Qué viene después, si no votan todos con corbata daré por negada la confianza? Salvador del Solar se quejaba esa mañana del archivamiento “express” del pedido de adelanto de elecciones (es decir, criticaba un actuar irreflexivo y veloz del Congreso) o de la prisa por elegir a los miembros del TC (iban 9 meses de proceso) y por eso dejaba la moción de confianza para ser aprobada “HOY MISMO”. ¿Total? El Congreso tiene derecho a leer el proyecto, analizarlo y luego votarlo.

Es verdad que este es uno de los congresos más repudiados de los últimos tiempos pero esta frase la he ido escuchando de todos los congresos, siempre sentimos que el actual es el peor. En este caso, la recepción a la reforma propuesta por Vizcarra fue buena, las declaraciones previas así lo daban a entender.

Ocurre que el presidente quería detener un proceso de elección de magistrados ya en curso, iniciado nueve meses atrás y al que solo le faltaba la votación en el pleno del Congreso. ¿También puede el presidente inmiscuirse en labores que son exclusivas y excluyentes de otro poder del estado? Que la composición del Congreso no le guste a él ni a muchos de nosotros no nos da derecho a interferir en sus funciones si las realiza cumpliendo todos los requisitos y la legislación pertinente.

Es preocupante la voluntad presidencial de interferir en otros poderes del estado, sea que tenga razón o no, el presidente ha criticado al Poder Judicial, al Ministerio Público, ha opinado que si tal fiscal o juez merece estar en tal posición o no, no sabiendo conservar su lugar como cabeza del poder ejecutivo y Jefe de Estado. Su último interés es el Tribunal Constitucional. Ahí se van a resolver casos importantes para él y sus enemigos políticos.

¿No es dramáticamente familiar ese escenario? Rodríguez Medrano en el Poder Judicial, Blanca Nélida Colán en el Ministerio Público, la defenestración de Manuel Aguirre Roca, Guillerno Rey Terry y Delia Revoredo del Tribunal Constitucional Medios de comunicación comprados con fajos de billetes vs la nueva y más sofisticada versión, comprar titulares con publicidad estatal. Por eso la ley que prohibía la publicidad estatal les era tan incómoda, ¿quién la derogó? El actual TC nombrado en tiempos de Humala.

La euforia desatada por la popular disolución del Congreso no nos debe cegar a los hechos preocupantes que he citado.

Leguleyadas se han dado también desde el lado del Congreso en esta crisis. Por ejemplo, al no poder vacar al presidente Vizcarra por la inconstitucional disolución del Congreso, recurrieron a la figura de la suspensión temporal, algo pensado para cuando el presidente se enferma y el vicepresidente debe reemplazarlo hasta que se recupere o alguna circunstancia temporal que le impida ejercer el cargo.

Si el Congreso no pudo vacarlo, pues entonces no lo hizo y Vizcarra sigue siendo el presidente de facto, ya la historia se encargará de juzgarlo o de aquí a unos años deberá enfrentar a la justicia, tal y como hizo Fujimori, justamente por disolver el Congreso inconstitucionalmente.

El Congreso sabía que pendía sobre él la voluntad de disolución, ¿para qué provocar al presidente eligiendo solo a un miembro del Tribunal Constitucional? Si querían dar batalla, debió elegir a los seis y acatar las consecuencias o no elegir a ninguno y aprobar primero la cuestión de confianza.

Ciertamente, con ese Congreso y ese presidente, pocas ganas dan de salir a las calles a apoyar a uno o a otro, las personas que están allí no se lo merecen pero la institucionalidad ha sido quebrada una vez más y el péndulo sobre el que se mece nuestra historia no ha dejado de moverse.

Y como decía Basadre, el ejército es el partido político más antiguo del Perú. Sin importar los sesudos análisis jurídicos que hagamos de esta crisis, las FFAA han decidido a quién apoyar y no hay vuelta atrás.

Esperemos que las cosas fluyan por los cauces constitucionales, pese a la falla de origen, y no tengamos más sorpresas en el futuro cercano, que se elija a un nuevo Congreso y no se concreten pretensiones de reformas constitucionales que le den al estado facultades de empresario pues sería volver a la ruina económica de los años 80. La izquierda está peligrosamente cerca de Vizcarra.

Dejar una respuesta