Política

GRAVE OFENSA DE LOS PODERES PÚBLICOS CONTRA LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Escribe: Manuel Castañeda Jiménez

En virtud de proyectos de ley presentados por los señores Waldemar Cerrón e Isabel Cortez, la Comisión de Trabajo del Congreso de la República aprobó el respectivo dictamen, previa acumulación de los proyectos, por el que opinaba favorablemente para incluir el 6 de agosto como feriado no laborable en conmemoración de la Batalla de Junín. El dictamen aprobado fue sometido al Pleno del Congreso y aprobada la respectiva ley el día 12 de julio de 2022, promulgada el 25 del mismo mes por el presidente Pedro Castillo Terrones y publicada en el Diario Oficial El Peruano al día siguiente, 26 de julio, con el número de Ley 31530.

Nada tendría de especial una norma de feriado, que seguramente saludan muchos que gustan de contar con días libres para distraerse, simplemente descansar o salir de su rutina laboral. Sin embargo esa norma trajo consigo una suerte de “trampa” que, mejor incluso sería de calificarla como una grave ofensa a la Santísima Virgen María:

Sucede que, si bien los proyectos de ley no ofrecían ninguna dificultad, y pasaron ya consolidados a la Comisión de Trabajo del Congreso, fue al momento de elaborar el dictamen respectivo que, al reproducir la lista de los feriados para elevar el dictamen a la Comisión, alguien borró adrede, la palabra “Inmaculada” del nombre de la fiesta del 8 de diciembre. Y, así, la fiesta quedó en el texto de la ley, simplemente como “Concepción”.

Decimos que borró “adrede”, porque los proyectos de ley se trabajan en el programa Microsoft Word y, por tanto, el texto de origen se marca y pega en otro documento como un conjunto. No es posible que una palabra no pase al documento resultante. Así que, para que una palabra se haya omitido en la lista de los feriados (todos los demás feriados están correctamente nombrados), tiene que “marcarse” y luego apretar la tecla “suprimir”. Son, pues, dos acciones las necesarias para borrar una palabra o frase. Y si toda la lista de feriados está correcta, excepto el del 8 de diciembre, que es intermedio entre los feriados, es evidente que hubo mala fe de alguien al quitar la palabra “Inmaculada” y, con ello, agraviar a la Virgen al desconocerle el título mayor que posee después del de Madre de Dios y que los cristianos reconocen desde hace 1900 años casi. La fiesta de la Inmaculada Concepción tiene 600 años aproximadamente de celebrarse y 300 de haberse instituido como fiesta universal. El dogma de la Inmaculada Concepción fue proclamado hace poco más de 150 años por el Beato Papa Pío IX. Los abogados de Lima llevan su medalla con cinta celeste porque antiguamente, al graduarse, juraban defender la Inmaculada Concepción. Decenas de fiestas, hermandades y cofradías en el Perú la celebran y la Hermandad de la Purísima Concepción, de San Francisco el Grande de Lima, es la más antigua del Perú y, al parecer, de América. Nos preguntamos, ¿qué celebrarán este 8 de diciembre los exalumnos jesuitas cuando se reúnan como todos los años en ese día? ¿Es que el nombre de su colegio está caduco? ¿No habrán de reaccionar todos los católicos que se precien de tales ante la ofensa objetiva producida en agravio de nuestra madre del cielo?

No descartamos que los congresistas, enfrascados en los temas de vacancia o inhabilitación del Presidente Castillo hayan sido poco cuidadosos y hayan omitido leer concienzudamente una ley aparentemente de poca trascendencia. Sí consideramos, no obstante, que es una falta de responsabilidad de parte de todos ellos, puesto que si un elefante de tamaña magnitud les pasa por delante y no se dan cuenta, cabe preguntarse qué otros elefantes no habrán pasado o estarán pasando al frente suyo sin que se percaten. Ello es muy grave, pero admitimos que en cuanto a los congresistas, la aprobación no haya sido intencional o de mala fe.

Lo que no podemos soslayar es que en Palacio de Gobierno, así como en el Ministerio de Trabajo o en el de Cultura a los cuales probablemente se les envió el tenor de la ley aprobada para su revisión por si el presidente tuviese que efectuar alguna observación conforme a sus facultades, nadie se haya percatado, pues en el Poder Ejecutivo es de suma importancia la revisión concienzuda de las normas aprobadas por el Congreso. Que nadie haya alertado de este desaguisado, supone,  ya no falta de responsabilidad, sino una intencionalidad de parte de asesores, gabinetes y funcionarios que, llegado el caso, no alertaron a sus superiores sobre la ofensa a toda la comunidad católica y a la Iglesia, que conllevaba dicha ley. Terrible sería, por supuesto que, habiendo algún asesor o funcionario cumplido su deber de alertar, las máximas autoridades del Ejecutivo o los ministerios hayan hecho caso omiso del borrón intencional, pues eso los haría partícipes adrede de él. También es inexplicable que en ninguna otra instancia: el Poder Judicial, el Ministerio Público, la Defensoría del Pueblo o los Colegios Profesionales, nadie haya alzado la voz para reclamar la rectificación de la norma.

Respecto de nuestros obispos no podemos decir lo mismo, pues su labor está dedicada a gobernar sus respectivas diócesis y no sería dable exigirles que tuviesen que leer el diario oficial todos los días. Lamentable que sus asesores tampoco los hubieran al parecer alertado de inmediato; quizás les sucedió lo que a este servidor, de dejar una ley al parecer poco trascendente, para leerla más adelante, y en el trajinar diario, acabó pasando el tiempo, no se dieron cuenta y no alertaron a sus obispos o sacerdotes. Claro que, sería mucho más tremendo que el caso del Ejecutivo, si es que alguien se percató en su momento, alertó a su obispo y este calló y omitió a su vez su deber pastoral.

Hay quien, al haberle mencionado el punto preguntó si no cabe corregir el entuerto con fe de erratas. No cabe. Primeramente porque el plazo para hacerlo ya venció con creces. Y, en segundo lugar porque no hubo errata. No se trató de un error de transcripción, sino que el proyecto llevado al Pleno del Congreso, contenía esa omisión de la palabra “Inmaculada” que, como hemos reseñado, tiene que haber sido omitida a propósito, quien sabe con qué intención.

Así pues, hoy nos encontramos con que el próximo 8 de diciembre solo celebraríamos, según la ley de marras, la fiesta “Concepción”, lo cual ningún católico peruano puede admitir. Es imprescindible que el Congreso corrija su error y con ello, desagravie a la Virgen Inmaculada y al Corazón Inmaculado de María. Errar es humano, sí. Pero rectificarse cuando, aun sin querer (de parte de los congresistas que no se hayan dado cuenta en su momento) se comete un error, es propio de las almas nobles. El Perú católico no le pide a los congresistas que rectifiquen. Se lo exige. Es una cuestión de honor y por la cual alertamos a todos los católicos para que, en una gran cruzada de fe, limpia, pacífica, legal, pero sin tibieza, reúnan firmas solicitando la plantilla respectiva al correo electrónico: proinmaculada@yahoo.com a donde también podrán enviarlas, una vez completadas, escaneadas (preferible) o en foto para su impresión y entrega oportunamente a las autoridades eclesiásticas y civiles.

Seamos conscientes que tampoco es justo que cada vez que haya un problema concerniente a la Santa Iglesia, querramos atribuir toda la responsabilidad a nuestros obispos y que ellos sean quienes saquen la cara. Nuestros obispos no están solos en la promoción de la fe y en el cuidado de la Iglesia y la vida espiritual, especialmente de nuestros hermanos. Los laicos debemos salir a la defensa de la Inmaculada, tal como nos corresponde y ha sido durante dos mil años. La Santísima Virgen es nuestra generala. Los demás, somos todos soldados de la fe que nos ponemos al resguardo de su manto protector.

1 comentario

  1. Todo está planeado con antelación y adrede,muy bien hacer el reclamo de manera contundente para que los responsables hagan la corrección correspondiente .

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