Política

EL MONSTRUO DE CUATRO CABEZAS

Por: Carlos E. García Tapia

Desde el año 2001 fue apareciendo en la escena política un “andamiaje” que perfecciono el montesinismo de los noventas. En estos 18 años se perfeccionó la “prensa chicha” con la publicidad estatal, las planillas secretas con las asesorías y consultorías, el chuponeo y seguimiento del SIN, con las mismas operaciones, pero esta vez con la DINI y ahora la DIVIAC.  La demolición del adversario, los sicosociales, los opinólogos adictos, las encuestas, etc., en fin, todos los métodos montesinistas, pero sin Montesinos, aplicándose sin ninguna diferencia.

Sin embargo, este andamiaje de corrupción post fujimorismo, se ha afianzado y en él han participado justamente los que “lucharon” contra Alberto Fujimori, los que lo “denunciaron” por corrupción, los que les decían a los peruanos que iban a “institucionalizar” el país y acabar con la corrupción. Todos estos fariseos durante años, cada 5 de abril lo vuelven a condenar y realizan una serie de actividades “anticorrupción”, marchas, conciertos, exposiciones, conferencias, y una gran propaganda en medios de comunicación. Siempre se definen como la reserva moral, los abanderados de la lucha contra la corrupción, ellos son la honestidad encarnada, los lava-banderas de cuanta suciedad existiera en el Perú.

Pero lo cierto es que mientras desarrollan esta estrategia han ido saqueando el Perú y amasando fortunas personales, que ahora con las investigaciones vienen exponiéndose y aunque tratan de tener los menores daños, sin embargo ya no existe duda del latrocinio de sus representantes como Toledo, Humala y Villarán. En estos dieciocho años han creado un monstruo de cuatro cabezas que es el que ahora realmente detenta el Poder en el país.

La primera cabeza es Georges Soros que apareciera en la escena financiando a Toledo a través de Gorriti de IDL, la segunda cabeza es la constructora Odebrecht principal financista de los gobiernos del Foro de Sao Paulo que una vez que financiaba campañas políticas, compraba a cuanto político estuviera al frente.  La tercera cabeza es la red de corrupción caviar, es una red de opinólogos, políticos, activistas, periodistas y oenegés de izquierda, una gran cantidad de personas que viven de la corrupción. La cuarta cabeza son los mercantilistas y los medios de comunicación, son aquellos empresarios que pululan en el Estado, que han hecho contratos ventajosos como es el Club de la Construcción y los medios de comunicación que sin la publicidad estatal ya hubiesen quebrado.

Este monstruo de cuatro cabezas está organizado de forma que los tres principales, es decir,  Georges Soros, Odebrecht y la red caviar, tienen a un operador que es una ONG defensora de terroristas, que muy hábilmente y para servir eficientemente a la causa ha infiltrado fiscales y jueces.  La cuarta cabeza al parecer sigue las indicaciones del operador, pero tiene su propio margen de maniobra.

Otro monstruo que los peruanos conocemos, que mató y destrozó el país como es el comunismo, no forma parte de esta criatura, pero la performance de ésta es funcional a sus intereses, porque está aprovechando sus movidas y el ruido generado por la hidra revolucionaria, para empoderarse en el Congreso mediante su bancada proterrorista y en el sur del país con la paralización y sabotaje a los grandes proyectos mineros.

Este es el monstruo que gobierna el Perú, con Soros inyectando su veneno con la ideología de género a la sociedad, con Odebrecht chantajeando a todo los políticos y al propio ex apoderado a quien acaba de enviarle la cabeza de su ex operador Villanueva (para hacerse de la presidencia) que manipula a su gusto  a los fiscales héroes y los mercantilistas que vuelven a hacerse de las obras del Estado y ven cómo pasa el tiempo para la prescripción de sus delitos y los medios mermeleros que hacen lo que sea, con tal de comer la ansiada mermelada que apacigua su voraz apetito.

Muchos intereses que por estos días apreciamos, y que reaccionan de distinta manera, al parecer dispuestos a abandonar el barco apenas el incapaz continúe cometiendo errores.

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