Política

LA IZQUIERDA Y LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE 1978 (TERCERA PARTE)

Por: José Romero

Tras los resultados electorales, el llamado Bloque Popular y Progresista sabía de antemano que no tenía mucho que hacer en la Asamblea Constituyente sino soliviantar la calle en la idea de presionar  una salida adelantada del Gobierno Militar e incluso acelerar una etapa pre revolucionaria.

El APRA con 37 escaños junto con el PPC con 25 escaños y dos fuerzas minoritarias que representaban los restos del odrismo y pradismo, tenían asegurado el control de lo que sería la Constitución que finamente fue promulgada en julio de 1979 y entró en vigencia un año después.

Si bien en la Asamblea Constituyente, la izquierda marxista y sus dos aliados (DC y FNTC) no tenían margen de maniobra, lograron jaquear al Gobierno Militar a través de paros en enero y julio de 1979 (con resultados diversos), de los movimientos de los Frentes de Defensa (FEDIPs), huelga de trabajadores es tales y sobre todo a través de dos contundentes paros magisteriales (SUTEP), dirigidos por la ultra izquierda Patria Roja y aliados menores así como en movimientos estudiantiles y universitarios. Cabe señalar la presencia de semanarios y revistas que se sumaron a Marka y Unidad como los voceros de partidos marxistas y aliados  como Clase Obrera, Patria Roja, Mayoría, Kunan, La Calle,  Equis X, la publicación humorística Monos y Monadas, publicaciones especializadas como Actualidad Económica,  libros y publicaciones varios entre otros.
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La intención de la izquierda era clara y manifiesta. Arrinconar al APRA y PPC con propuestas maximalistas (transformar la Asamblea Constituyente en Legislativa) y buscar una “salida revolucionaria”. Las mociones y propuestas pasaron a segundo plano. Ledesma y Blanco presentaron una moción para que los militares se fueran, sin ningún resultado.

La izquierda pensó que levantando banderas reivindicatorias y economicistas tendrían opción en 1980 o antes. La realidad les dio un portazo en las narices. En 1980 solo sacaron 24 representantes entre diputados y senadores (10% de un total de 240), muy lejos del 34%  de constituyentes (34 de un total de 100).

El regreso de los deportados incluso para participar en la Asamblea (Ledesma y Napurí) fueron pequeños triunfos que finalmente no representaron mucho, su participación en los debates fue pobre y su labor fiscalizadora se redujo a un informe final sobre “derechos humanos y enriquecimiento ilícito” (Diez Canseco, Echeandía y Diez Canseco).

Son lapidarias las conclusiones que hacen al final de la Asamblea el propio constituyente Malpica y los analistas Luis Pásara y Baltazar Caravedo (entrevista y artículos respectivamente). Los tres coinciden en el fracaso de los constituyentes marxistas y de sus organizaciones políticas que no supieron siquiera negociar políticamente, no propusieron dictámenes en minoría e incluso ni participaron en los debates. Malpica es más duro incluso al evaluar el fracaso de líderes barriales y sindicales que no estuvieron a la altura de lo que sus votantes esperaban.

Incluso al final del debate no suscribieron la Constituyendo argumentando “su carácter antipopular”, la que convalidaron con su participación incluso cuando un año antes decían no estar de acuerdo con “la farsa electoral” (UDP).

La izquierda marxista no logró siquiera forjar la unidad que tanto pregonaban. Ni siquiera dos partidos lograron mantenerse unidos. El FOCEP con la ida de los troskistas quedó representado  tan solo por la presencia de, Ledesma y el PSR  se rompió en dos; el sector representado por los primofásicos y otro autodenominado marxista-leninista con la presencia de gente que luego se adhirió al movimiento terrorista MRTA como Varese y otros.

En la izquierda había tres sectores que cuando lograron ir juntos pudieron tener algunos “éxitos”, cosa que no sucedió en la mayoría de las veces. Pese a que en el llamado “campo popular” pudieron unirse como fue el caso de la unidad entre la CCP (controlada por la UDP) y la CNA (controlada por el PSR – ML) no así entre gremios mineros controlados por la UDP y el PCP (Unidad). En cuanto a los tres sectores, éstos fueron el reformista (PCU-Unidad y PSR- sector primofásico), el revolucionario (FOCEP, los troskistas, la UDP, PSR-ML y el PC-Mayoría) y el ultra donde destacaba PCP-Patria Roja y otros grupos menores. Justamente Patria Roja fue uno de los que boicoteó la Asamblea Constituyente pero que luego comenzó articular acciones con los grupos que sí participaron en ella.

Cabe destacar que en diversas coordinaciones entre facciones marxistas participaron gente que luego participó en los grupos terroristas en calidad de líderes como el senderista Julio César Mezzich  (CCP) y emerretista  Hugo Avellaneda (como miembro de una facción del MIR-El Militante), que participaría en un movimiento de siglas FRAS que incluía al Partido Comunista-Mayoría (donde estaba otro que militaría en el MRTA como lo fue Miguel Rincón) , ARS, PSR – ML y otros menores. Así mismo en la Federación de, Estudiantes del Perú tuvo activa presencia Sendero Luminoso. Además de ellos hubo ya atisbos de presencia subversiva como los casos del Ejército Popular (casos Sanabria y Arizapana) y los primeros atentados de Sendero Luminoso.

Otros de los intentos desestabilizadores fueron las tomas de tierras, marchas de mineros, protestas violentas en el Centro de Lima y las acusaciones de atentados contra algunos de sus líderes.

Pese a todo intento, el Gobierno Militar logró convivir con la Asamblea Constituyente y pese a observar algunas disposiciones transitorias aprobadas se mantuvo firme en sus intentos  (fallidos) de estabilizar la economía – considerados antipopulares- y en el mensaje de Fiestas Patrias de 1979 se anunció la convocatoria para Elecciones Generales para el 18 de mayo del siguiente año, siendo el Gobierno Militar quien haría el Estatuto Electoral’

El Presidente de facto Morales Bermúdez logra sortear oposiciones de afuera y dentro de su régimen. Tras el retiro del General Molina, éste dejó el Premierato y lo sucedió el General  Pedro Richter Prada tanto en el Premierato como en la Comandancia General del Ejército teniendo a su lado a dos primofásicos como lo fueron el General Hoyos (Jefe de, Estado Mayor del Ejército) y el General FAP Arias Graziani (Jefe del Comando Conjunto). El Almirante Carvajal, otro de los miembros de la Junta Militar, era considerado el menos duro.

Dos hechos marcaron el último tramo de la Asamblea Constituyente. Uno fue la enfermedad de Haya de la Torre quien dejó su puesto a Luis Alberto Sánchez y la poca presencia de gente en el aniversario de la muerte del General Velasco. Haya moriría el 2 de agosto, habiendo sido condecorado por el Gobierno Militar días antes de su muerte en calidad de su trayectoria política.

El Gobierno Militar no dejó nunca de tener el sartén por el mango. La amenaza de despido de 100 mil empleados públicos, la quiebra de la huelga minera, el cierre de publicaciones opositoras en enero de 1979, detenciones del líder troskista Hugo Blanco y del líder de la huelga magisterial Horzcio Zevallos, diferentes cambios ministeriales, modificaciones en la Justicia Militar, el manejo del voto para analfabetos y las diversas manifestaciones en las que no dejó de decir que quien mandaba era el Gobierno y no la Asamblea Constituyente.
En tanto la izquierda marxista no pudo siquiera aprobar una moción de saludo al subversivo De la Puente Uceda y menos evitar el veto militar sobre la vigencia de disposiciones complementarias de la Constitución de 1979 (vinculadas a derechos humanos).

Cuando Luis Alberto Sánchez dijera el 12 de julio de 1979, – Está Asamblea ha concluído sus funciones-, la izquierda marxista habría perdido la oportunidad de demostrar algo que nunca pudo o sea ser alternativa no sólo de gobierno sino de poder. Sin embargo sus voceros decían que preparaban nuevas formas de lucha directa de masas, algo que tampoco fue. Tan solo alguno de sus “líderes” hicieron lo que pregonaban. La mayoría fue tan solo  cómplices cobardes o tontos útiles de la insanía terrorista.

En 1980 tampoco fueron unidos y está vez la derrota fue más dolorosa. El troskismo quintacolumnista petardeó a última hora “una unidad pegada con babas” (ARI). Su tesis “sin patrones, ni generales” cerró el paso a sectores menos radicales y allegados a los primofásicos. Incluso meses antes uno de sus líderes, Alfonso Barrantes presagiando ello dijo que “la meta de unidad no era 1980”.

Lo que vino luego fue un proceso que algunos llamarían una Tercera Fase, en medio de rumores y temores de golpe. El pretendido pacto entre Morales Bermúdez y el APRA nunca se concretó y quien ganaría las elecciones Presidenciales fue Fernando Belaúnde que regresó a Palacio de Gobierno con una mayoría Parlamentaria (98 de 180 diputados y 26 de 60 senadores. En esta cámara tuvo que hacer una alianza con el PPC que había obtenido 6 curules, partido con quien hizo un pacto de gobernabilidad.

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