Política

EL GOLPE ESTÁ EN MARCHA

Escribe: Humberto Abanto Verástegui

UNO

Palacio de Gobierno decidió llevar la crisis política a un siguiente nivel y las cosas comienzan a tomar un cariz bastante peligroso para la democracia peruana. A sabiendas de que la ratificación de Martín Benavides en el Ministerio de Educación fue la causa de que el Parlamento le denegara el voto de investidura a su fugaz premier, se ha insistido en mantenerlo al frente de esa cartera ministerial. Una invitación a que se repita la votación del 4 de agosto último.

¿Por qué insiste en una decisión que entrampa el problema político? ¿Por qué busca una nueva derrota? Solo lo hace porque tiene una carta de triunfo con la que nadie cuenta. Pero, si las reglas no le dan eso victoria, ¿cómo puede obtenerla?

No parece casual, entonces, la opción por un militar en la presidencia del Consejo de Ministros, No por cualquier militar, sino por el que le negó el avión al Parlamento para su sesión descentralizada en Arequipa. Al tiempo que el coro de cacatúas oficialistas en las redes advierte a los congresistas: «¡A ver, métanse con las fuerzas armadas, pues!»

¿Qué quiere decir eso? ¿Un presidente del Consejo de Ministros militar es inmune a la denegación del voto de investidura? ¿O si se le deniega puede hacer algo distinto de irse a su casa como su homólogo civil? La Constitución no diferencia, por la condición civil o militar, las obligaciones del presidente del Consejo de Ministros de concurrir al Congreso, acompañado de los demás ministros, para exponer y debatir la política general del gobierno y las principales medidas que requiere su gestión, plantear al efecto la cuestión de confianza y dimitir dentro de las setenta y dos horas, si ésta le es denegada.

DOS

Así que el «¡A ver, métanse con las fuerzas armadas, pues!» carece de todo contenido jurídico. Es la advertencia palaciega de una apelación a la vía de hecho, en caso de que la Representación Nacional deniegue la confianza al nuevo gabinete. ¿Cuál podría ser esa vía de hecho? La disolución del Congreso fuera de los cauces constitucionales, con los tanques militares rodeando el Palacio Legislativo, como en los buenos tiempos.

Una decisión de tal magnitud pretendería ser soportada en el supuesto obstruccionismo irresponsable del Congreso en medio de una gravísima crisis sanitaria y económica que pone en peligro la subsistencia de la Patria. Todos los golpes de estado se han dado para salvarla. Por allí va el libreto del coro mediático oficialista y su legión de idiotas a la que las redes sociales ha dado voz -con el perdón de Umberto Eco por el plagio-, con el agregado de que muertes, quiebras, despidos, pobreza, hambre y demás no son culpa del gobierno sino solo del dichoso SARS-CoV-2.

Calculamos entre las opciones posibles esta insistencia en Martín Benavides como una invitación al Congreso para tentar una vacancia presidencial por incapacidad moral permanente que permitiera salir en olor de víctima de Palacio de Gobierno, mientras se dejaba sobre los hombros del gobierno de transición el peso de la catastrófica gestión de la pandemia. No era plausible considerar la alternativa de un golpe abierto, porque -hasta la fecha- la maquinaria palaciega ha tenido éxito en travestir de constitucionalidad sus inconstitucionales desafueros, con el auxilio de cuatro magistrados constitucionales que son la envidia de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia de la República Bolivariana de Venezuela.

TRES

La desembozada amenaza golpista transmitida por las cacatúas oficialistas obliga a repensar las cosas. Como también se decía ayer aquí, la vacancia presidencial es indeseable para el detentador del poder. Perdería de inmediato la inmunidad que lo protege de los múltiples procesos que lo persiguen por su gestión como gobernador regional de Moquegua. Acabaría sentado en una audiencia de control de acusación por corrupción de funcionarios, con la espada de Damocles de una prisión preventiva pendiendo sobre su cabeza. Esa opción debe ser desechada.

No abandonará el poder. Buscará perpetuarse en él y, de ser posible, con la absolutez del interregno parlamentario que añora. Así que no estamos ante un amago para ganarle la moral al presidente del Congreso -blanco de la furia del cartel mediático que soporta al Ejecutivo- después de su firme respuesta. Estamos ante una clara amenaza contra la democracia peruana.

La técnica palaciega es lanzar una propuesta, perderla y contragolpear. Eso hizo con el Parlamento anterior. Lanzó su propuesta de adelanto de elecciones y no reelección del presidente accidental, con el objetivo de repetir el éxito del referéndum anterior de aprobar las que quería y rechazar la que no quería. Fue archivada. Acto seguido, inventó el cuento de la elección ilegítima del Tribunal Constitucional -cuando se hacía bajo el mismo procedimiento con que se eligió al que tiene mandato vencido-, se planteó la cuestión de confianza, se la dio por denegada y se disolvió al Congreso.

CUATRO

Ahora se agudiza deliberadamente la crisis política y se culpará al Congreso por el entrampamiento. El cartel mediático oficialista aullará, las cacatúas igualmente oficialistas amenazarán más agriamente y la legión de idiotas clamará en las redes que se cierre el Parlamento. Lo cerrarán impunemente.

La desvergonzada mayoría del Tribunal Constitucional declarará legítimo el cierre del Congreso invocando el principio constitucional implícito del consulado romano en caso de emergencia, porque Roma es el origen de la República, y todo estará consumado. Los malvados parlamentarios serán vapuleados, procesados y encarcelados. Después vendrán unas prístinas elecciones en las que triunfará la opción de la sensatez que es la continuidad, sino la reelección, se archivarán todos los procesos del hombre providencial y seremos de golpe, por fin, lo que venimos siendo a cuentagotas: Una tiranía.

El Congreso tiene una sola bala para matar al tigre. Debe ratificar ya la reforma constitucional que elimina las inmunidades en nuestra Ley Fundamental. Solo así salvará la democracia. Antes debe elegir a los nuevos magistrados constitucionales que reemplacen a los áulicos del régimen, para que no anulen la reforma. Recién entonces se habrá conjurado el peligro totalitario que se cierne sobre el Perú y los peruanos.

El golpe está en marcha. El que tenga ojos de ver que vea.

 

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