Política

DEMOCRACIA Y COMUNISMO

Por: Francisco Diez-Canseco 

El comunismo, por antonomasia, es enemigo del sistema democrático en la medida que propugna el establecimiento de una “dictadura del proletariado” para manejar el “Estado Socialista” que no es otra cosa que un Estado totalitario dirigido por el Partido Comunista que se constituye en “partido único” en este régimen donde una nueva clase impúdicamente ejerce un Poder absoluto supuestamente en beneficio de las clases trabajadoras pero, en la práctica, al servicio de esa misma nueva clase tan bien definida en un libro trascendental nada menos que por un marxista, Milovan Djilas.

El Estado Socialista totalitario constituye así, a diferencia de lo que predican los comunistas, un fin en sí mismo y no un puente para crear una utópica sociedad comunista a la que se llegaría a través de la autodisolución de ese Estado para establecer un régimen por el cual “a cada quien según sus necesidades y a cada quien según su capacidad”. Esto nunca ha existido.

El comunismo usa las libertades públicas de la democracia, para alentar sus contradicciones, promover sus deficiencias e impulsar su propio proyecto antidemocrático. Ciertamente, ante esta indefensión, el sistema democrático debe responder con el ejercicio eficiente de sus responsabilidades sociales en materias centrales como la salud, la educación, la seguridad y la justicia y el rechazo y penalización de la corrupción y la impunidad que la acompaña y protege.

Pero, además, debe tomar medidas preventivas en el sistema electoral frente al intento de participación seudo democrática de grupos comunistas que alientan el caos y el terror y que, en el Perú, con la llamada “reforma política”, han quedado plenamente habilitados para hacerlo con el beneplácito de la izquierda caviar.

El comunismo ha fracasado como sistema de creación y distribución de riqueza en todos los países donde se ha instalado constituyéndose, por el contrario, en promotor de la pobreza, la desigualdad y la corrupción totalmente impune.

Fuera de su caldo de cultivo habitual de las inequidades sociales, el comunismo usa las tácticas de Lenin de zigzaguear, retroceder y engañar y las de Gramsci de infiltrar las instituciones para luego sacar las garras cuando llega al Poder.

No pasarán.

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