
Por: Luis Yunis
Recuerdo haber jugado cartas en un tiempo de mi vida; jugaba solitario con preguntas incluidas, intentaba aprender trucos con ellas e incluso muchas veces hice edificaciones poniendo una sobre otra hasta alcanzar cierta altura en un enjambre articulado y finamente estructurado, para luego, después de contemplar mi obra, procedía con un soplido o sacaba hasta tres o cuatro cartas de la base y veía que éstas se derrumbaban por el peso, por la falta de soporte o simplemente porque ya no había una base sólida, firme y segura. Lo hacía para matar el tiempo, para distraerme y a veces como un reto de lograr poner las 52 cartas en lugares precisos, sin importar que sean reyes, ases, oros o diamantes. No jugaba con los payasos.
Observo y analizo el gobierno de Castillo, y justamente me hace recordar aquél juego del “Castillo de Naipes”, con la diferencia de que era yo quien soplaba o sacaba naipes de la base para que todo caiga.
Yo no sé si el señor Castillo jugó alguna vez cartas o pretendió construir un castillo con ellos, pero lo que sí sé, y obviamente es evidente, es que pese a tener la baraja completa, hasta hoy no logra sentar un primer nivel de base con las cartas que tiene que le permita alcanzar niveles de seguridad y confianza para seguir en el juego; al contrario, su juego es cada vez más endeble e inseguro, y cada vez que lo intenta nuevamente, ésta se cae una y otra vez porque él mismo no sabe sentar sus pilares ni acomodar sus cartas, lo que evidencia ausencia de soporte y firmeza en su base.
En su baraja de posibilidades, el presidente Castillo tiene consigo reyes, ases, oros y diamantes, pero vemos con asombro que prefiere jugar con los jokers, y bien sabemos que éstos son comodines, lo que significa que su base nunca prosperará sólidamente y pronto él y todo su frágil andamiaje se derrumbará como un “Castillo de Naipes”, no por un soplido voluntario, sino por un huracán formado por sus propios arlequines, payasos y seudo reyezuelos.






Sobreestima lamentablemente al payaso de palacio. La mayoría de peruanos no eligió al okupa, sino que nos fue impuesto por odebrecht y grañaymontero. Suponer que el sujeto cuenta con las habilidades necesarias para conducir un país complejo como el Perú denota una inocencia, increíble en un analista político. Ese sujeto está ahí para acabar con las instituciones y dar paso al gobierno de la cleptocracia.