Política

ALMAS MUERTAS VENDIÉNDOSE EN EL MERCADO SOCIAL

Por: María Ximena Rondón

Los clásicos de la literatura encierran grandes verdades, motivo por el que no se deben omitir en la formación personal. Durante un par de semanas me zambullí en las páginas de “Almas Muertas”, obra de Gogol, y emergí de ellas con algunas reflexiones sobre cómo el ser humano actual se ha convertido en una mercancía, a voluntad o a la fuerza.

El protagonista de esta novela, el astuto Pável Ivánovich Chichikov, dedica gran parte de su “viaje del héroe” a vender una personalidad y una imagen encantadoras, formando una telaraña de belleza que atrapa a quienes necesita (o le sirven) para conseguir enriquecerse de una forma a la que podríamos calificar de ilícita.

Dejando de lado el asunto de comprar campesinos muertos que aún figuran en el registro de impuestos para dar la impresión de ser rico, las acciones de nuestro protagonista nos llevaron a preguntarnos si en la sociedad actual nosotros seguimos utilizando ese arte de Chichikov para moldear nuestra imagen/reputación a conveniencia, qué queremos lograr con ello e incluso saber dónde queda la esencia humana y los verdaderos sentimientos.

Al respecto, nuestro querido Papá peruano León XIV hizo una reflexión muy interesante, basándose en la parábola de los obreros esperando en el mercado a conseguir trabajo, durante la Audiencia General a inicios de este mes de junio:

“La metáfora de la plaza del mercado es muy adecuada también para nuestros tiempos, porque el mercado es el lugar de los negocios donde, lamentablemente, también se compran y se venden el afecto y la dignidad tratando de ganar algo; y cuando no nos sentimos apreciados o reconocidos, corremos el riesgo de vendernos al mejor postor”.

Podríamos presentar como los mejores ejemplos a los políticos, a los que veremos hacer campaña para las próximas elecciones generales, quienes al estilo de Chíchikov se presentan como si se tratase de una exquisita pieza fabricada por Cartier, Garrard o Fabergé.

En cuanto al ciudadano de a pie, nuestro mercado son las redes sociales, en las que cada vez más se nota la pérdida de la autenticidad, hecho que algunas personas han criticado. Todos moldeamos nuestra imagen para complacer a un algoritmo y a un público que lamentablemente no está explotando su capacidad cerebral al máximo.

Estamos perdiendo nuestra identidad y, aunque no compremos almas muertas, buscamos comprar la aprobación de una sociedad putrefacta y que cada vez empeora. Por ejemplo, si se aprueba el aborto hasta después de nacer en Inglaterra, lo “correcto” es apoyarlo y usar las redes sociales para ello, sin importar que se trate de validar el homicidio.

“Almas Muertas” nos lleva a preguntarnos sobre qué tipo de vida aspiramos a tener y si realmente somos “buenas personas”. Es una buena lectura para cuestionar nuestra existencia y quizás arreglar algunas cosas. Los escritores rusos son maravillosos para profundizar en el alma y las emociones humanas. Incluso, quizás puedan ayudarnos a ajustar nuestra brújula moral.

No sigamos siendo Chichikovs, mejor seamos como el personaje del Príncipe, quien defiende la verdadera justicia.

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