Política

DINA, LA MADRASTRA

Por: Luis Yunis

Luego de haber sufrido los embates, agresiones y embestidas de un padrastro que resultó aborrecible, repugnante, detestable, abominable, odioso, infame y absolutamente despreciable, hoy estamos a merced de una madrastra sin preparación alguna para sostener las riendas de un potro cada día más desbocado, sin el carácter para controlarlo y sin visión para hallar el camino por el cual conducirlo; y aquí pido perdón a los que han tenido buenas madres sustitutas, porque definitivamente las hay; pero en este caso, hemos caído en manos, prácticamente, de la heredera de la Reina Grimhilde, malvada madrastra de la princesa Blancanieves, quien en vez de defender a sus hijos e hijastros, prácticamente los tiene abandonados a ambos.

Y me refiero que tiene abandonados a su suerte, por un lado, a los hijos políticos de esa izquierda que juró defender y que ahora ellos le reclaman y la presionen para que deje el castillo en el cual se siente empoderada sin darse cuenta que está dentro de un ambiente pantanoso, enlodado y fangoso; y, esa misma madrastra tiene descuidados a sus hijos legales y patriotas, que en cumplimiento del deber a duras penas siguen defendiendo el castillo, la patria y a los súbditos, sin las herramientas necesarias para imponer el orden y la paz, mientras que ella frente al espejo ríe nerviosa y espantosamente preguntándose una y mil veces “Espejito, espejito, ¿Quién es la más hermosa de todas?”, y la sombras de sus franeleros ministros, le contestan: ¡Usted su majestad, usted!

La madrastra del cuento “muestra un carácter muy temperamental y severo, la presentan como una mujer cruel, fría, despiadada, arrogante, un poco sarcástica y extremadamente vanidosa; asimismo, muy manipuladora e intimidante con cualquiera que se cruce con ella, también muy celosa, ya que no soporta a nadie que sea más bella que ella, y estos celos llegan al punto de hasta volverla desquiciada, porque al saber que su hijastra Blancanieves era la más bella, quería tenerla muerta”, cualquier parecido con la realidad, solamente es eso, pero observamos que nuestra madrastra no hace nada para evitar que sus hijos, de ambos lados, no desfallezcan, y para ello se requiere una buena dosis de decisión, mucha voluntad y absoluta firmeza dentro de sus pócimas diarias de embrujo político, lo cual no se ve ni se vislumbra.

El psicoanalista Donald Winnicott, nos decía que una madre “suficientemente buena mira con una mirada de reconocimiento y amor” y para que esto suceda debe tener una personalidad medianamente saludable, capaz de renunciar a su propio narcisismo, para así brindarle su tiempo y amor incondicional. A nuestra madrastra pasajera no le pedimos tanto, sólo le exigimos, la exhortamos y le reclamamos que cumpla lo que escrito está. No tiene nada que inventar, sólo debe leer y cumplir lo que dice la Constitución, especialmente el tema relacionado al orden público y a la seguridad nacional, que es prioritario para que todo se desarrolle en un ambiente de paz social.

El cuento de Blancanieves ha sido tratado por especialistas de diversas materias, incluso autores señalan que sí existió en la vida real y algunos profesionales le atribuyen a la madrastra una grave enfermedad mental. La tildan como paciente esquizofrénica que sufre alucinaciones porque escucha voces en su espejo y se siente amenazada y perseguida por su bella hijastra, pero sin profundizar en la materia, puedo argumentar que nosotros sí tenemos actualmente nuestra madrastra, no puedo asegurar que sufra ofuscaciones, pero definitivamente sí tiene confusiones, desordenes y turbaciones que no le permiten serenamente ver una solución al panorama general y mientras tanto se deja engañar por su malvado espejo, a la espera de que alguien se atreva a romperlo.

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