Política

YO TAMBIÉN ME LLAMO PERÚ

Por: Fernando Valdivia Correa

Nuestro país tiene como forma de gobierno una democracia representativa basada en la separación de poderes (Artículo 54°), correspondiéndole al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) la proclamación del candidato(a) electo(a) para –entre otros– Presidente de la República (Artículo 178°). Al total de las actas contabilizadas por parte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que dan preliminarmente como ganador a Pedro Castillo Terrones con una mínima diferencia a favor de 44,000 votos, éste presuroso salió a autoproclamarse como el nuevo mandatario, secundado -como era de suponer– por su electa banda (excúsenme, bancada), así como la progresía antifujimorista buscando acomodarse en un eventual –y hasta hoy nada seguro– gobierno comunista. Tal es el caso del otrora líder del extinto partido morado Julio Guzmán sumándose a las felicitaciones y exigiendo a la señora Keiko el deponer su actitud y respetar los resultados.

Más allá de los apasionamientos (a favor o en contra), lo cierto es que a la fecha no hay un ganador(a); vale decir, no tenemos presidente. El propio JNE así lo ha declarado al encontrarse impugnadas cientos de actas que representarían cerca de 200,000 votos. En esa misma línea, el Consejo de Estado, que incluye al Presidente Transitorio, ha reconocido que debe respetarse el escrutinio final por parte del órgano electoral.

Entonces, ¿Cuál es el apuro de Castillo en ser proclamado presidente?. Un primer motivo tiene que ver con la sorpresiva e ilegal sentencia (hoy recurrida) que declaró fundada la acción de habeas corpus interpuesta a favor de su padre político Vladimir Cerrón. Aunque el juez de la causa esté denunciado por prevaricador (y probablemente sea destituido de la función pública), el daño a la cada vez más alicaída imagen de Castillo ya está hecho. Agregar el reciente operativo fiscal contra la organización criminal denominadaLos Dinámicos del Centro que operaba al interior del Gobierno Regional de Junín, y cuyos integrantes –varios de ellos– pertenecen a las filas de Perú Libre. Lo segundo, el inverosímil y absurdo pedido del vehemente fiscal José Domingo Pérez al pedir al Poder Judicial variar la comparecencia con restricciones por mandato de detención a la candidata Fujimori por haberse reunido con un testigo (Miki Torres). Y lo tercero, la conversación privada sostenida por Francisco Sagasti con el Nobel Mario Vargas Llosa, pidiéndole a este último que intervenga ante los candidatos para que se “apaciguara” el clima existente.

Estas situaciones antes descritas ponen en serio cuestionamiento la INDEPENDENCIA e IMPARCIALIDAD con la que deben actuar TODOS los organismos públicos, máxime en esta etapa de incertidumbre electoral. Hay pues la percepción de intromisión por parte de los Poderes Ejecutivo y Judicial, así como del Ministerio Público, a favor de un candidato (Castillo) y en evidente desmedro de otra (Keiko).

Preservar nuestra tan lograda democracia significa no solo protegerla sino además respetarla y hacerla respetar, más aún cuando tenemos un candidato aventurero que piensa y cree que gobernar el país es ingresar atropellando para imponer sus afiebradas ideas que no han dado resultado favorable en los países donde operó. Sigamos defendiendo cada voto faltante y esperemos la decisión por parte del JNE, cuyos magistrados tienen la última y definitiva palabra.

 

#VivaElPeru, #NoAlComunismo, #NoAlTerrorismo.

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