La columna del Director

UN GABINETE PARA EL ORDEN Y EL CRECIMIENTO: EL EQUILIBRIO POLÍTICO DEL GABINETE GALARRETA

Por: Luciano Revoredo

El inicio del gobierno de Keiko Fujimori, al que deseamos el más grande de los éxitos, ha despejado una de las primeras incognitas: su equipo de ministros. La juramentación del gabinete liderado por Luis Galarreta Velarde como Presidente del Consejo de Ministros no es un mero trámite de inicio de gestión, sino una señal clara de la hoja de ruta que el Ejecutivo pretende trazar frente a al país tan desgastado por la inestabilidad institucional y la urgencia económica.

La designación de Galarreta al frente del Gabinete ministerial responde a la necesidad primordial de blindar la gobernabilidad y construir puentes inmediatos con la representación parlamentaria. Tras años de fricción destructiva entre Palacio de Gobierno y el Congreso, la presencia de un político de amplia trayectoria legislativa busca garantizar fluidez operativa y un manejo técnico de las mayorías. Galarreta conoce los pasillos de la Plaza Bolívar como pocos; su reto no será la articulación con la bancada oficialista, sino evitar que la gestión política devenga en la habitual crisis y abrir el diálogo con la oposición responsable.

En el frente económico, el nombramiento de Elmer Cuba Bustinza en el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) representa la señal más contundente hacia los agentes inversionistas. Cuba, un economista de incuestionable solidez técnica y firme defensor de la disciplina fiscal, asume el encargo de destrabar la inversión privada y reactivar el motor productivo nacional. Su perfil le otorga al Gabinete un ancla macroeconómica robusta, indispensable para disipar cualquier sombra de incertidumbre fiscal y acelerar la creación de empleo formal.

El paquete ministerial de las carteras de contención social y seguridad refleja una apuesta inequívoca por el restablecimiento del orden. La llegada del general (r) César Astudillo al Ministerio del Interior coloca a un experimentado mando militar al frente de la lucha contra el crimen organizado y la extorsión. Esta decisión se complementa con la presencia de Ernesto Álvarez Miranda en Justicia. Lo que se percibe es la intención de formar  un gabinete orientado a consolidar el principio de autoridad bajo el irrestricto respeto al marco constitucional.

Lamentablemente no se puede decir lo mismo y contrasta grandemente  Rafael Belaunde Llosa en Defensa,en esta materia Belaunde será una rémora por su condición de liberprogre, caviar y por su escasa experiencia en el sector. Mientras Álvarez Miranda y Astudillo son garantía de firmeza y solidez, Belaunde es el alfil de impresentables como Cateriano y Gino Costa. Cabe también señalar que el otro espacio tomado por la caviarada que es el MINCUL y que había que limpiar y desparasitar con urgencia, lamentablemente ha terminado en manos de Alberto Beingolea, quien con Marisol Pérez Tello fue el destructor progre del PPC. De lo que se trataba era  de limpiar ese ministerio, no de poner otra bisagra que abra la puerta a los caviares presupuestívoros. Espero sinceramente equivocarme en esta apreciación  y de ser así seré el primero en reconocerlo.

Al margen de estas manchas, uno de los rasgos más marcados del Gabinete Galarreta es la convocatoria a cuadros que ya conocen la administración pública. La vuelta de José Antonio Chang a Educación y la presencia de figuras como Juan Sheput (Trabajo), Guillermo Shinno (Energía y Minas), Rogers Valencia (Comercio Exterior) y Rafael Rey (Transportes) evidencian que el Ejecutivo ha preferido evitar la curva de aprendizaje. En sectores clave como la minería y las obras de infraestructura, la orden de marcha parece clara: destrabar proyectos, simplificar trámites administrativos y acelerar la ejecución presupuestal sin caer en dogmatismos ni experimentos burocráticos.

Por su parte, la designación de Carlos Espá Garcés-Alvear al frente de la Cancillería reviste un interés particular. Si bien no proviene del escalafón diplomático de carrera, Espá posee un bagaje intelectual, una solidez doctrinaria y una comprensión cabal del ajedrez geopolítico contemporáneo que lo convierten en un perfil idóneo para el cargo. Su vasta trayectoria periodística y analítica, sumada a una clara visión de la soberanía y el interés nacional, le otorgan la independencia y el criterio pragmático necesarios para dotar al Palacio de Torre Tagle de un liderazgo firme. Su paso por Torre Tagle promete oxigenar la diplomacia peruana, orientándola hacia la atracción estratégica de inversiones y el restablecimiento del prestigio del Perú en el escenario internacional.

El valor del gabinete Galarreta radica en su pragmatismo: combina el peso político necesario para sostener la gobernabilidad con la solvencia técnica requerida para devolver la confianza a los mercados. El éxito de esta gestión no se medirá en discursos de juramentación, sino en la rapidez con la que estas figuras logren convertir la estabilidad institucional en resultados concretos para la seguridad pública, la paz social y el bolsillo de los peruanos.

Estas líneas son una primera y apresurada revisión del gabinete. Esperamos que por el bien del Perú la Presidente Fujimori y su gabinete de ministros tengan el mejor y el más grande de los éxitos.

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