
Por: Giuliana Calambrogio Correa de Balmaceda
Quienes hemos trabajado a tu lado somos testigos de tu entrega incansable: sabemos que no descansas, que no duermes, que supervisas cada escalera pendiente y que estás pensando en esa losa deportiva que falta porque siempre cumples la palabra empeñada con los niños. Te hemos visto gestionar personalmente la llegada de cocinas, congeladores y hornos para combatir el hambre allí donde el Estado no llega.
Quienes te conocemos de cerca y te hemos visto abrazar a los más pequeños, consolar a los ancianos y alentar a las madres de las ollas comunes, sabemos que tu brillo es auténtico. Ese amor por transformar el Perú es un motor que no se detiene y que te impulsa a sobreponerte a cualquier dificultad.
Quienes te hemos acompañado en las celebraciones de fe, y te hemos visto comulgar, hemos comprobado tu necesidad sincera de recibir a Dios; ese Dios Padre de todos los peruanos. Tu fe no es un adorno, sino un principio radical y trascendente que guía cada uno de tus actos.
Como tus colaboradores en la Municipalidad de Lima, muy pronto supimos que en el trabajo exiges puntualidad, responsabilidad y, sobre todo, honestidad. Sabías que como alcalde en tus manos descansaba la esperanza y el patrimonio de millones de limeños; por ello, tienes claro que la corrupción es el mayor mal de nuestra nación y que con los corruptos no se negocia.
Te hemos visto sufrir y caer, pero siempre ponerte de pie. Eres humano, pero ante todo eres una inspiración de trabajo constante, alguien que lucha cada día para que “los que menos tienen dejen de ser parte del paisaje”.
Quienes te conocemos, Rafael López Aliaga, estamos en pie de lucha: en las calles, en las redes y en la oración. No permitiremos que le roben el futuro a nuestro país. Te seguimos a pesar del cansancio y los agravios, porque el Perú lo vale y porque, como dices, debemos “devolverle a nuestra patria un poco de lo mucho que nos ha dado”.
Hoy más que nunca, somos una nación que no se resigna ante resultados electorales manchados por el caos y la injusticia. Somos una nación unida por esos “ríos de amor” para exigir, a tu lado, que no nos arrebaten el Perú.
¡Viva el Perú! ¡Vivan los ríos de amor!






Estoy con Rafael López Aliaga Cazorla porque se ve lo que es y quiere ser Presidente de los pobres del Perú, es algo que nunca he escuchado de algún candidato
Sigo a Rafael desde el 2021 y he visto en él un gran hombre, un gran cristiano que ama a su prójimo como no he visto en ninguna persona.
La valentía de Rafael y sus principios morales son algo para destacar en el Perú donde hay gente que se vende por un puñado de monedas.
Dios conoce a Rafael y tengo la seguridad que lo ama mucho y le pone pruebas que él solo puede soportar.
No vivo en el Perú, pero al seguirlo todos estos años aprendí a quererlo y sentirlo como un gran amigo.
Pase lo que pase en el Perú, Rafael será recordado por toda la gente que ama el bien, como el Presidente de los Pobres, el Presidente de los Cerros, porque ya para nosotros es nuestro Presidente.
Dios te bendiga Rafael, sigue adelante, siempre habrá en este mundo los hipócritas, los vendidos, los corruptos, los fariseos, pero a la vez estamos los que te conocemos los que no nos vendemos, los que amamos a Dios.
Algún día nos conoceremos, Viva Dios, vivan los ríos de amor, viva el Perú.
Jose
Gracias don Rafael por intentarlo, pero el Leviatán hobbesiano no podía perder su presa, el Perú, porque si Perú gira a la derecha, todo el continente giraba, y eso no lo podían permitir, ellos necesitan que haya pobres, cuántos más mejor para seguir con su negociado, no saben crear riqueza esas sabandijas, solo chupar la poca que se ha logrado producir, tal vez Dios, se apiade de este nuestro país y le dé gobernantes que piensen en engrandecernos y nos hagan prósperos como Qatar.