La columna del Director

SUSEL PAREDES METE HOMBRES AL BAÑO DE MUJERES DEL CONGRESO

Por: Luciano Revoredo

Susel Paredes, ha vuelto a encender la polémica con acciones que desafían el sentido común y los valores más elementales de la sociedad. Según un artículo publicado por Expreso, titulado “Invitados varones de Susel Paredes usan baño de mujeres del Congreso: dicen que son trans y se autoperciben féminas”, la parlamentaria ha permitido que hombres, autoproclamados como “trans” bajo el pretexto de la autopercepción de género, ingresaran al baño de mujeres del Congreso. Este incidente no es un hecho aislado, sino un reflejo de la agenda tan radical como deplorable que Paredes impulsa, una agenda que socava la estructura familiar y los principios básicos de orden social.

Paredes, ha hecho de la ideología de género su bandera. Desde su escaño, promueve iniciativas que desdibujan las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, reemplazándolas por conceptos subjetivos como la “autopercepción”.

El caso de los baños en el Congreso es solo la punta del iceberg. Al respaldar que varones ingresen a espacios exclusivos para mujeres bajo el argumento de la “identidad de género”, Paredes no solo ignora la seguridad y la privacidad de las mujeres reales, sino que legitima una narrativa que desmantela las normas sociales básicas. Si cualquiera puede ser lo que “siente” sin importar la evidencia biológica, ¿Dónde quedan el sentido común y la verdad objetiva? El progresismo que ella encarna busca reemplazar la certeza con el caos.

El historial de Paredes está manchado por decisiones que refuerzan esta crítica. Uno de los episodios más vergonzosos fue su vínculo con Marvin Gómez González, un activista trans que trabajó como su asesor tanto en la Municipalidad de La Victoria como en su despacho congresal. Gómez, quien se presentaba como una “mujer trans orgullosa” y defensora de los derechos LGBT+, fue detenido en enero de 2022 en Condevilla, Lima, acusado de abusar sexualmente de menores. Según investigaciones periodísticas, como la del semanario Hildebrandt en sus trece, este individuo ofrecía dinero a niños vulnerables de entre 12 y 13 años para someterlos a actos aberrantes, cumpliendo el perfil de un depredador sexual. Ha sido condenado a cadena perpetua.

Paredes, lejos de asumir responsabilidad, emitió un comunicado tibio en el que evitó mencionar el nombre de Gómez y se limitó a pedir “justicia”. Sin embargo, su silencio inicial y su decisión de incorporar a una persona con ese perfil a su equipo hablan por sí solos. Este escándalo no solo expone su pésimo juicio, sino que también plantea una pregunta inquietante: ¿hasta dónde llega su compromiso con la ideología de género, incluso cuando esta encubre conductas criminales? La respuesta parece ser que, para Paredes, la causa progresista está por encima de la moral y la protección de los más vulnerables.

Las acciones de Paredes son un ataque frontal a los valores que han sostenido a la humanidad durante siglos. La familia tradicional no es un constructo arbitrario, sino una institución natural que asegura la continuidad de la sociedad. La ideología de género, al promover la disolución de roles claros y la exaltación de la subjetividad, destruye esta base. ¿Qué futuro le espera a una generación criada en un mundo donde los conceptos de “padre” y “madre” son reemplazados por identidades fluidas e indefinidas? ¿Qué futuro le espera a una generación criada en un mundo donde uno puede ser hoy hombre y mañana mujer? Uno de confusión, inestabilidad y desarraigo

Además, el caso de los baños en el Congreso ilustra el peligro práctico de estas ideas. Permitir que hombres accedan a espacios femeninos bajo el pretexto de la autopercepción no solo vulnera la seguridad de las mujeres, sino que abre la puerta a abusos. La biología no es negociable: los hombres y las mujeres son distintos, y esa distinción protege a ambos. Ignorarlo, como hace Paredes, es jugar con fuego en nombre de una utopía irrealizable.

El progresismo de Paredes, con su obsesión por deconstruir todo lo establecido, no ofrece soluciones, sino problemas. Su defensa de un asesor condenado y su respaldo a políticas que desdibujan la realidad son prueba de un desvío ideológico que no merece ser tolerado. Mientras ella y sus aliados ondean banderas multicolores, la verdad se va convirtiendo en algo relativo y elástico.

Lo cierto es que Susel Paredes encarna lo peor del progresismo: una mezcla de arrogancia ideológica, desprecio por la tradición y una ceguera deliberada ante la realidad. Su legado, si no se detiene, será el de una sociedad fragmentada, donde la familia y la razón son sacrificadas en el altar de una ideología destructiva. Es hora de rechazar estos desvaríos y defender lo que realmente importa: la verdad, la familia, la libertad y el sentido común.

 

2 Comentarios

  1. Y porque no los arrestan? Eso es indecente, e ilegal! Cualquier monstruo pervertido puede atacar a una mujer o una nina en el bano! Que horror!

  2. Creo que caemos en el error de llamarla familia tradicional, siendo que es lo natural, la que perpetua la especie, (de no mediar inconveniente biológico) sin artificios ni intervenciones ajenas a la pareja de varón y varona. Toda otra formulación es artificial y por lo tanto extraña que la buena razón rechaza, solo los que se han creído sus mentiras deben defenderlas porque de eso dependen los dineros que ordeñan de los plutócratas mundiales, que pretenden esclavizar a los que queden luego de la poda malthusiana.

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