
Por: Juan Antonio Bazán
Sunedu es un panóptico. Ocurre así: La Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria ha estatuido una arquitectura social panóptica, de cuartel, de cárcel, de nosocomio, sobre la comunidad universitaria. Este artículo pretende hacer girar en sentido inverso el Gran Ojo, y así transparentar la torre de control del Gran Hermano llamado Sunedu. Michel Foucault, al resignificar el panopticón de Jeremy Bentham, se convierte en enfoque de los micro totalitarismos, y del poder caviar en la vida universitaria. Nuestro filósofo encuentra que las lógicas de lo soldadesco, de lo penitenciario, de lo hospitalario, se expanden a los centros de enseñanza escolar, e incluso superior. Entre nosotros, Ernesto Blume Fortini fue el primer magistrado del Tribunal Constitucional, y el primer foucaultiano (sé de su militancia filosófica, pues converso con él), que no se dejó disciplinar. El año 2015, como miembro del Tribunal Constitucional, al tomar conocimiento de la demanda de inconstitucionalidad de la Ley Universitaria 30220, produjo un voto singular que constituye un hito en la resistencia contra el carácter omnipresente de Sunedu. En el momento auroral de la superintendencia universitaria, Blume dijo que ésta atropellaría la autonomía universitaria, pues había sido diseñada bajo un modelo “paternalista, controlista, intervencionista y burocrático”. Siete años de funcionamiento del panóptico Sunedu son suficientes para contrastar y validar aquel voto singular del tribuno Blume.
Foucault, en Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión señala que “el panóptico… debe ser comprendido como un modelo generalizable de comportamiento, una manera de definir las relaciones de poder en la vida cotidiana de los hombres”, y describe al panóptico como “una construcción… donde cada prisionero es perfectamente individualizado y constantemente visible… mientras que, desde la celda, el reo no puede observar quien lo observa”. Sunedu es el panóptico perfecto, pues redefine completamente las relaciones de saber y poder. Tiene, entre sus funciones, las siguientes: aprobar o desaprobar las solicitudes de licenciamiento de las universidades y sus facultades, escuelas profesionales de pregrado, y programas de estudios de posgrado; supervisar la calidad académica, determinar infracciones e imponer sanciones contra las universidades y los profesores; aprobar los documentos de gestión y hasta el cambio de nombre de las universidades. Es decir que, desde la ontología y la epistemología, Sunedu vigila y castiga “lo que sí es” y “lo que no es” una universidad; “a quien sí es” y “a quien no es” profesor universitario, y hasta “lo que sí es” y “lo que no es” conocimiento científico. A ello, agreguemos que el panóptico Sunedu tiene como sub panóptico a la Dirección de Educación Superior Universitaria del Ministerio de Educación, que ejerce como “ente rector” de las universidades.
Los caviares son los seres que administran el panóptico Sunedu. Lo hacen por cinismo puro y duro, y no por el sublime objeto de la academia o de la ideología. Esta clase política y universitaria garantiza su reproducción social en todo el panóptico. Por ejemplo, el caviar Francisco Sagasti ha participado, como presidente y miembro, en las comisiones de nombramiento de todos los superintendentes e integrantes del Consejo Directivo de Sunedu, y la Ong caviar denominada Grupo de Análisis para el Desarrollo, Grade, es una de las principales consultoras de Sunedu. En estricto, el poder caviar se funda en los diversos micropoderes que se encuentran en el lado cultural de la llamada superestructura, y Sunedu es el centro de la lógica caviar para mantenerse el poder. Los funcionarios caviares de Sunedu se esconden y, como los panoptistas, se articulan en la lógica “ver sin ser visto”. El éxito de estos burócratas está en la mirada hacia sí mismos y hacia “los otros”, y, por supuesto, en que esos otros no los miren. Por tanto, mirémoslos: Los burócratas de Sunedu están fascinados de sí mismos, y de ejercer la “tecnología del castigo” en la universidad. Como los panoptistas, no cumplen lo que le exigen a la otredad: Casi todos ellos son solamente bachilleres, pero los profesores universitarios deben ser magísteres y doctores; el presidente de Sunedu tiene casi noventa años de edad, pero los profesores no podían tener más de setenta y luego setentaicinco años. Los panoptistas también son mediocres y padecen de metamorfopsia: Los burócratas de Sunedu, además, miran con la distorsión, y con la distancia que les da el no tener vida universitaria.
Sunedu y los caviares han pervertido a la comunidad universitaria. Han degradado de categoría y clase a profesores “indisciplinados”, y han expulsado a cientos de miles de alumnos “anormales” hacia los márgenes de la sociedad. Sunedu es una organización disciplinaria del siglo XVIII, que define la vida universitaria por la lógica de los opuestos. Así tendríamos profesores y alumnos “sabios” e “ignorantes”, “buenos” y “malos” y hasta “lindos” y “feos”, y por supuesto “de universidad privada” y “de universidad pública”. En el París dieciochesco, el loco y el epiléptico fueron expulsados de la sociedad, por los defectos de sí mismos. Pero hoy, el profesor universitario –lo cual incluye a Blume– es la superación del hombre moderno, y hasta es una obra de arte en sí mismo. Todas las violencias son posibles en el panóptico, y casi todas en el panóptico de Sunedu.





