
Por: Luciano Revoredo
En política, no existen casualidades. Lo que estamos viendo hoy con las candidaturas de Carlos Álvarez y Ricardo Belmont es una operación de manual para fragmentar el voto de la derecha y asegurar que el Perú vuelva a caer en manos del radicalismo más oscuro.
Muchos ven en Carlos Álvarez a un hombre con discurso de orden, pero la realidad detrás del telón es de terror. Álvarez no viene solo: es el vehículo de figuras vinculadas a la izquierda radical y corrupta. Su entorno, con personajes como Vladimir Meza, demuestra que su candidatura es una fachada. Es el “Caballo de Troya” perfecto: por fuera parece un defensor de la seguridad al estilo Bukele, pero por dentro lleva la semilla de la misma izquierda que ha destruido el país. Su función es clara: robarle puntos a la derecha real para beneficiar a los que siempre odiaron la libertad.
Por otro lado, Ricardo Belmont intenta venderse como una alternativa patriota, pero sus alianzas cuentan una historia diferente. Belmont ha mantenido una relación peligrosamente cercana con Vladimir Cerrón e incluso buscó ser asesor del golpista Pedro Castillo. ¿Cómo puede alguien decirse de derecha mientras intenta asesorar al gobierno más nefasto y comunista de nuestra historia reciente? Belmont no es derecha; es un octogenario oportunista que ha llegado al extremo de ser satélite de la izquierda radical y que busca confundir al electorado mayor y a los jóvenes incautos.
Estamos ante un dejavú peligroso. En 2021, la soberbia y la terquedad de Hernando de Soto lograron exactamente lo que la izquierda quería: dividir el voto conservador. Esa fragmentación impidió que Rafael López Aliaga pasara a la segunda vuelta, dejándonos a merced de un Castillo que resultó ser corrupto y golpista.
Hoy, los hilos se mueven de la misma forma. Al impulsar a Álvarez y Belmont, los estrategas del caos saben que le quitan oxígeno a la única candidatura sólida y coherente: la de Renovación Popular.
Si la derecha se divide en tres o cuatro, Rafael López Aliaga podría quedar fuera de la segunda vuelta. ¿Qué nos quedaría? Un escenario donde Keiko Fujimori se enfrente sola a un candidato de izquierda radical. En ese momento, el “antifujimorismo” reactivo, alimentado por años de narrativa caviar, se volcará a votar por el extremista, sin importar quién sea. Dividir el voto hoy es firmar el acta de defunción del país mañana.
No podemos darnos el lujo de jugar con “aventuras” electorales. Belmont y Álvarez están aquí para hacerle el trabajo sucio a la izquierda. Si queremos un país con seguridad, vida y libertad, el voto debe ser uno solo, firme y sin dudas. Concentrar el voto en Rafael López Aliaga no es solo una opción política; es un acto de legítima defensa nacional. No permitamos que la soberbia de unos y la actuación de otros nos entreguen, otra vez, al abismo del socialismo.







Belmont y Álvarez no son de derecha. En el caso de Belmont esta afirmación es más evidente. Pero no se trata de echarle la culpa a estos personajes (que acusas de soberbia y actuación , respectivamente).Porky, como cristiano que se aprecia, debió pedir las disculpas por haber irresponsablemente promovido la censura, que terminó con la ultra izquierda en el poder. Si R ha perdido votos es por la soberbia de Porky y porque se pelea con todo el mundo.
El problema es que desde la tienda celeste, no se ha sabido atajar la narrativa que presenta al excalde como que no hizo nada durante su gestión, fuera de dejar empeñada por los próximos 50 años a la municipalidad, que falló con una piscina en sjl y que obtiene beneficio directo de la importación de los trenes que afirman que tampoco van a recorrer la vía ferrea, porque esta es solo para transporte de carga. Estás son las cosas que dicen de él. Lo que se ha necesitado son pruebas del éxito de la gestión, las cuales nadie ha aportado, y nadie ha combatido la narrativa izquierdista de idl y otros que pululan en youtube, no ha habido interés en pagar publicidad en youtube, donde se expliquen estas cosas; ahora es tarde.