La columna del Director

ES AHORA: POR LA VIDA LA FAMILIA Y LA LIBERTAD

Con la R en el pecho y el Perú en el alma

Por: Luciano Revoredo

Hay momentos en la vida de un hombre en los que el silencio deja de ser prudencia para convertirse en traición.

Hoy casi al final de la campaña electoral, escribo con total libertad, lo hago no como quien busca un cargo de elección, sino como quien busca rescatar nuestro hogar llamado Perú.

He dedicado mis años a custodiar nuestras artes tradicionales, a promover la herencia de nuestros ancestros y nuestra identidad. Pero mientras nosotros construimos belleza, hay quienes, desde las sombras del globalismo y la ideología woke, pretenden demoler los cimientos de todo lo que amamos.

Me preguntan por qué decidí ser candidato a diputado. Lo hice porque cuando miro a las familias peruanas, veo el último bastión de resistencia contra la decadencia.

Decido dar un paso al frente por la Vida, esa chispa divina que no permitiremos que nadie apague bajo falsos derechos. Lo hago por la Familia, ese refugio de amor y valores donde se forja el carácter de los hombres en la fe, los valores y la libertad, y que hoy la izquierda pretende fracturar para hacernos débiles. Y lo hago, por la Libertad: esa bendita capacidad de trabajar, de creer y de prosperar en un mercado que premie el esfuerzo y no la viveza del corrupto.

No soy un extraño en esta lid. Llevo más de una década en las trincheras de La Abeja, denunciando cada zarpazo de la corrupción y cada mentira de la izquierda radical. Pero la denuncia ya no basta; ahora toca la acción. Me uno a esta batalla con el rigor y la firmeza de Renovación Popular, caminando hombro a hombro con Rafael López Aliaga, porque compartimos la misma urgencia: acabar con la política corrupta, limpiar el Congreso de parásitos y devolverle su país a la gente.

He decidido que prefiero ser el que defiende su fe antes que el espectador que llora su pérdida.

Mi compromiso es con la sangre y la historia de esta tierra. Este desafío lo enfrento postulando a diputado con la R y el número 30 en el pecho, pero con el Perú entero en el corazón.

Dedico todos los esfuerzos de esta campaña a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Corredentora y Mediadora de todas las gracias. Ella que es guardiana de la familia y protectora del Perú, nos alcanzará la gracia de la perseverancia final.

A Fátima, mi esposa y refugio sereno en todas las tormentas. Presencia silenciosa que da sentido a cada palabra que escribo, la que sostiene la familia, la que reza cuando yo me indigno, la que sonríe cuando el mundo parece derrumbarse.

Y a mis hijos José Antonio, Nicolás y Joaquín, razón última de cada batalla. Todo lo hago pensando en ellos: para que crezcan en un Perú donde aún se pueda creer sin pedir permiso, amar sin miedo, ser hombres sin culpa y peruanos orgullosos de la Peruanidad.

Quiero dejarles un país donde la Cruz siga en lo alto, donde la palabra familia signifique algo sagrado y donde nadie les obligue a llamar bien al mal.

Por nuestros hijos, por nuestros abuelos y por la libertad que nadie nos volverá a arrebatar. ¡Es ahora o nunca!

 

 

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