URGE TRANSFERIR EL LUM A LAS FUERZAS ARMADAS Y ECHAR A LA BASURA EL OJO QUE LLORA
Por: Luciano Revoredo
La batalla por la memoria histórica en el Perú no es un ejercicio académico neutral, sino una contienda política y moral de primera línea que define el respeto debido a los defensores de la patria y a las miles de víctimas inocentes del terrorismo comunista. Durante décadas, la gestión de los espacios públicos dedicados a este periodo ha sido secuestrada por una narrativa progresista empeñada en blanquear el accionar subversivo de Sendero Luminoso y el MRTA mediante el eufemismo del conflicto armado interno. Bajo este paraguas ideológico, instituciones del Estado han servido como trincheras para el activismo político y la distorsión sistemática de los hechos, utilizando recursos públicos para menoscabar la labor de nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional.
El caso más emblemático de esta instrumentalización es el Lugar de la Memoria, la Inclusión Social y la Tolerancia, el LUM, que lejos de ser un espacio de reconciliación plural, ha operado bajo la tutela del Ministerio de Cultura como un centro de adoctrinamiento y revisionismo histórico. Es inadmisible que un recinto mantenido con los impuestos de todos los peruanos continúe bajo la órbita de un sector que hace tiempo abdicó de su neutralidad institucional. La única salida coherente con la verdad y el honor nacional es que la administración del LUM sea transferida de manera definitiva al Ministerio de Defensa o a un patronato con liderazgo militar y policial, garantizando así un relato riguroso que reconozca con justicia el sacrificio de quienes arriesgaron y entregaron la vida para pacificar el país.
En la misma línea de agravio a la moral pública se encuentra el monumento denominado El Ojo que Llora, un espacio que ostenta de forma inmerecida la condición de Patrimonio Cultural de la Nación. Este memorial privado, ubicado indebidamente en un terreno público, ha quedado marcado de manera indeleble por el escándalo de albergar en sus piedras los nombres de mandos y delincuentes terroristas al lado de verdaderas víctimas. Mantener un blindaje legal sobre este cúmulo de agravios constituye una bofetada a la memoria de los caídos en defensa de la democracia y una afrenta intolerable para los ciudadanos.
El gobierno tiene el deber ineludible de actuar con firmeza y sin complejos ante esta distorsión de la historia. Es indispensable revocar de inmediato la resolución que otorga protección patrimonial a El Ojo que Llora para proceder a su desmantelamiento y devolución del espacio público, al mismo tiempo que se transfiere la gestión del LUM a las instituciones tutelares de la nación. Solo erradicando la mentira ideológica y rindiendo el homenaje genuino que merecen nuestros héroes y mártires se podrá construir una base sólida de dignidad y justicia para el Perú.





