
Por: Aldo Lorenzzi Bolaños
Nuestro país está embotellado en una de las crisis, quizás una de las más prolongadas de nuestra historia republicana. Esta crisis abarca diferentes niveles de conflicto político, social, económico. Por un lado, tenemos las demandas de los ciudadanos en lugares donde nunca llego el Estado y principales ciudades, lo que ha dado un aprovechamiento a esta situación capitalizando a los políticos que tienen una agenda particular que, más allá de generar un estado de bienestar o mejorar las condiciones de vida de los peruanos, buscan someterlos a ideologías anacrónicas a través de una asamblea constituyente, que no tiene ni sentido ni objetivo.
Perú, un país con un potencial enorme de desarrollo, sigue estancado en visiones precarias polarizadas. En un bando está una “izquierda” que trabajó silenciosamente por más de 20 años el odio y revanchismo entre peruanos para generar la polarización como único medio para llegar al poder, que es la realidad actual que vivimos. En el otro bando existe una “derecha” que se preocupó por el crecimiento y no por el desarrollo, dejando que la política sea un instrumento efectivo para que los pillos improvisados a través del poder desfalquen al Estado.
Decir que en nuestra patria hay Estado de derecho es subjetivo, ya que, si bien nuestras instituciones aún funcionan, no lo hacen al 100%, y esto se demuestra en las actuales condiciones en la que no encontramos. Sin embargo, este funcionamiento tiene relación con nuestra actual carta magna, por lo que debería ser el mensaje claro: necesitamos reformar algunos capítulos de la constitución, pero sin ninguna asamblea constituyente.
¿Qué pasó con el Perú cuando se cuente este pasaje de la historia de nuestra República a las próximas generaciones? y ¿y cuál sería la respuesta? Pues que dejamos que el odio y el revanchismo se instale en nuestra sociedad, en lugar de abrirle la puerta a la unión, al estado de derecho basado en la constitución, no como nos lo quieren hacer creer ciertas facciones radicales y a la prosperidad, ya que permitimos que unos cuantos formen una oligarquía estúpida y culpen de todos los males a la mayoría de la clase política, aprovechándose de la ignorancia y rencor de ciudadanos al ver un Estado indolente.
¿Cómo cambiar esta situación? Si podemos dejar de lado las ideas sobre ser de derecha e izquierda, lograremos tener en una visión país diferente, donde convivan el crecimiento con el desarrollo, la prosperidad y la unión, la reconciliación sin ideologías. Podemos construir un país donde más allá de las pugnas de poder, de personajes nefastos, que buscan su propio beneficio, respetemos las identidades raciales y culturas ancestrales; donde la integridad sea parte de nuestro reconocimiento como nación, pero no permitir que estos elementos nos dividan, sino que nos unan. Es tiempo de recular la historia. Somos una república donde convivimos todos, el cholo, el gringo, el negro, el aimara, el quechua, y todos queremos lo mismo: paz y progreso. Esperemos que pronto nos encaminemos a esta meta, y eso solo depende de nosotros. Ni con 100 constituyentes lograremos esto: solo con la unión y nuestro amor al Perú se hará realidad.






Disculpa, repites el cliché caviar, si hay elecciones ya ha llegado el estado, que los alcaldes y gobernadores regionales sean ineptos, es cosa de quienes los eligieron, si deben ir contra alguien es contra ellos mismos que se han dejado convencer por los ineptos que los gobiernan. Basta de repetir las consignas de los enemigos del Perú.