Cultura

POR QUÉ LA BELLEZA DEBE IMPORTARNOS

Por: María Ximena Rondón

La semana pasada asistí a un espectáculo presentado en el Gran Teatro Nacional donde mezclaban una coreografía contemporánea con un ballet clásico. Según la publicidad, entendí que ese ballet clásico era la única función a presentar y me dio curiosidad qué tipo de coreografía y música incluiría.

La primera parte de ese espectáculo incluyó un largo acto de coreografías contemporáneas con unas temáticas bizarras, salvo un par, que exaltaban la rareza, la brusquedad y la disonancia, ya que en un momento intervino un grupo de músicos en vivo y tocaron una melodía totalmente desacompasada, disonante y horrible. Era una ruptura con la armonía y, para variar, incluía un momento de “desconstrucción” al presentar a los hombres con falda, a las mujeres con pantalón y un beso homosexual.

Para algunos, estas coreografías y esa música tienen un valor que representa una crisis existencial, una sensación de vivir “en la nada”, una violencia de emociones, la degeneración y las típicas justificaciones a una forma de hacer arte, que solamente busca romper con lo clásico y revelarse contra la belleza, la armonía y el anhelo de trascendencia.

Esta no ha sido la única vez que me topo con una exhibición “artística” que entroniza la fealdad, encarna el snobismo y desata el escándalo. Quizás nuestros lectores se habrán topado con ese escandaloso “arte contemporáneo” y se habrán visto forzados a buscarle “un significado” o quizás sus sentidos sufrieron ante la fealdad de la obra, pero por una corrección política, se vieron forzados a interpretar el papel engañoso del “me gusta” y “pienso que significa tal cosa”.

El filósofo inglés Roger Scruton abordó esta cuestión en muchos libros, artículos y entrevistas. Destacamos su documental “Why Beauty Matters”, el cual recomendamos a nuestros lectores y cuyo enlace dejaremos aquí: (https://vimeo.com/84368650 ).

En ese documental, Scruton indicó que corremos el peligro de “perder la belleza y existe el peligro de que con ello perdamos el significado de la vida” ya que estamos en un mundo que le ha dado la espalda a la belleza y que nos envuelve en la fealdad y alienación.

Indica que la belleza es una “necesidad universal de los seres humanos”. Explicó que los grandes artistas de antaño eran conscientes de que la vida era caótica y llena de sufrimientos, pero que la belleza era el remedio para ello.

El filósofo Platón escribió que “la belleza es el signo de un otro y más elevado orden. Contemplar la belleza con el ojo de la mente, nutre la virtud verdadera y se hace amigo de Dios”, en ese sentido, Sruton explicó que tras la llegada del cristianismo, el desarrollo del arte sacro y la idea del Dios trascendente, los artistas continuaron creyendo sobre los postulados de Platón sobre la belleza: “La belleza era una revelación de Dios en el aquí y ahora”. Además, indicó que la necesidad de la belleza “es algo que subyace en nuestra naturaleza humana, como parte del consuelo de la añoranza al consuelo en un mundo de peligro, sufrimiento y angustia”. Esta idea de belleza estaba marcada por los ideales, como el amor, la perfección y la divinidad. El arte era el reflejo de ellos e incluso de la belleza escondida en la vida cotidiana, que podía encontrarse con la vista entrenada en la contemplación.

Sin embargo, el arte contemporáneo, postula Scruton, se caracteriza por una “voluntad por la profanación que es una negación del amor, un intento de rehacer el mundo como si el amor ya no fuera parte del mismo y este es el rasgo más importante de la era posmoderna, una cultura sin amor, determinada a retratar al mundo como incapaz de amar”.

El siglo XX desarrolló un nuevo objetivo para el arte, resumido en la destrucción de los tabúes morales y generar escándalo, a diferencia de su anterior objetivo, el cual era la belleza.

Ahora, impera un culto a la fealdad, a la originalidad. Ahora, podemos llamar arte a cualquier cosa. Desde un inodoro expuesto en una galería hasta una coreografía de ballet que carece de armonía y belleza, acompañada por una melodía disonante. Esto solo refleja el mundo sin amor, que pretende destruir el orden y la belleza y que sufre en lo profundo por ello, ya que va en contra de su propia naturaleza humana.

Consideramos que la belleza es importante, aunque el mundo actual pretenda disfrazarla de superficialidad y de cánones ofensivos. Ese es solo un recurso más de la ingeniería social para despojar al ser humano de su anhelo por los ideales trascendentes y la consolación del alma.

La belleza importa, porque al aprender a contemplarla y cultivarla, nuestros sentidos y nuestra vida se dirigirán a la búsqueda de la armonía y de esa trascendencia, que puede llegar a curar heridas del alma. La belleza no es una cirugía plástica perfecta, un cuerpo sensual y tonificado o mucho maquillaje. Uno la encuentra en la vida cotidiana, en la sana contemplación de la perfección de la naturaleza, que ha inspirado muchas obras artísticas.

Esto es lo que pretendía Scruton con su documental: presentar a la belleza “como un recurso esencial. Con ella convertimos el mundo en nuestra casa, y al hacerlo ampliamos nuestras alegrías y encontramos consuelo para nuestros dolores. Esa capacidad de la belleza para redimir nuestro sufrimiento la asemeja a la religión. De hecho, lo sagrado y lo hermoso son dos puertas que se abren a un solo espacio: el espacio donde encontramos nuestro hogar”.

 

 

 

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