Política

POLICÍA NACIONAL DEL PERÚ, MÁS ALLÁ DEL DEBER CUMPLIDO

Por: Fernando Valdivia Correa

El 6 de diciembre de 1988, el entonces Presidente de la República Alan García Pérez rubricó la Ley de Creación de la Policía Nacional del Perú, agrupando en una sola fuerza a la entonces Guardia Civil, Policía de Investigaciones y Guardia Republicana.

Cerca de treinta y dos años después, los nimios intentos de unificar a nuestra benemérita (Vg. dejar de lado los “códigos” en los procesos de ascensos), y de acercarla con la población poniendo énfasis en el respeto al principio de autoridad, han significado un grave retroceso. El actual gobierno decidió sumarse a la descarnada ola de críticas de la “brutalidad policial”, cometiendo en el camino dos –sino más– terribles errores. Pidió a la población no generalizar pues existen buenos y malos policías; y relevó del mando al General Orlando Velazco, colocando en su lugar al General Augusto Cervantes, provocando el pase a retiro de 18 Generales.

De lo primero, es inexacta la afirmación del presidente transitorio porque la propia Constitución Política lo erige como Jefe Supremo de la Policía Nacional del Perú; vale decir, de todos los policías. Si en el ejercicio de la función es descubierto el mal accionar de algún efectivo, éste responde individualmente ante la justicia, y jamás se involucra a la institución. En lo segundo, y es lo que ha generado problemas al Ejecutivo, es no haber respetado la sucesión en el comando policial, propiciando la renuncia del Subcomandante General Edgardo Garrido, entre otros, hasta la reciente dimisión de Rubén Vargas como titular del sector Interior.

Es curioso que cuando niños nos enseñan a querer y respetar al Policía. Es tu amigo nos dicen, más en estas fechas en las que algunas personas de manera “improvisada y espontánea” se acercarán a la comisaría del sector para entregar canastas navideñas. Eso sí, transmitido por las redes sociales. Pero, a medida que crecemos la cosa cambia, toda vez que casi nunca nos incentivan a seguir la carrera policial.

Irónico porque el Policía hace literalmente de todo. Desde luchar por la pacificación del país contra el narcoterrorismo, delincuencia organizada, entre otros, para que nosotros podamos vivir y soñar en paz, hasta atender parturientas dentro del patrullero, multar en caso no usar mascarilla, verificar el aforo en un establecimiento comercial (que dicho sea de paso esto último siempre ha sido trabajo exclusivo de los municipios), etc. Lo hacen, no solo porque sea el deber, sino además porque nadie más lo haría.

Sin embargo, cuestionamos el cómo hizo la tarea. Si muere, honras fúnebres, aplausos con reconocimientos póstumos, buscamos desenfrenadamente un parque para colocarle un busto a su nombre, ofrecemos apoyo perpetuo a la viuda/o e hijos/as, etc. Pero el problema viene, o mejor dicho continúa, cuando sobrevive, y más si resulta ileso. Cuestionamos por qué o cómo fue que eludió la gloria eterna. Es entonces cuando nos preguntamos si acaso el presunto delincuente en realidad lo era, o fue simplemente un ciudadano que tuvo el infortunio de toparse con el policía que “le metió bala”. Simultáneamente expurgamos los antecedentes del efectivo, hasta encontrarle algo.

Todos los gobiernos, o para no generalizar casi todos, llegan al poder con esa gran expectativa a la gran familia policial: mejorar sueldos y condiciones de vida para él/ella y sus seres queridos. La realidad, lamentable pero cierta, es diferente.

Como lo dijimos, se fue Vargas, ingresa Cluber Fernando Aliaga Lodtmann como nuevo ministro del Interior, aunque el daño ya está hecho. No solo se afectó la dignidad policial, sino que el propio Sagasti ha enrarecido más la confianza frente a la ciudadanía.

El Policía seguirá ejerciendo esta valerosa labor encomendada más allá del deber cumplido pues como reza parte de su himno: “Policía soy, de corazón, por vocación noble y leal, con la tradición de los heroicos policías del ayer; doy mi juventud, mi abnegación, mi patriotismo y lealtad, para servir con fe y honor, en la gloriosa Policía Nacional“.

¡Somos Policía Nacional del Perú, seámoslo siempre!

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