Política

TELÉSFORO, PANCRACIO Y EL ABOLENGO

Por: Erus Símera

Luego de ver cómo su grácil figura, con elegancia, mesura y pañuelo en cuello, declamaba sentada sobre el trono dorado del salón palaciego y después de ver cómo con pausada sabiduría respondía a su tan inquisidora y bella corte; Pancracio recordó a su compinche, el final de un soneto de Manuel del Palacio:

“… ¿De qué sirve arrojar un mal monarca / Si quedan los errores en el trono?”

-Pero mi querido cantautor, si de tronos hablamos, nuestro nuevo monarca, el peruano Francisco, el vasco Sagasti y austro-húngaro Hochhäusler, tiene en sus genes a dos naciones con históricas casas reales y gran tradición monárquica. Seguramente, sabrá qué hacer con el trono.

Entonces, luego de un par de cervezas al polo, los cantautores y pretendientes poetas, presos de una espumosa y sarcástica inspiración, con unos sonetos de por medio pusieron a nuestro nuevísimo presidente: Cetro español, corona austriaca y peruana coronación.

 

EL REY BARDO

Por Pancracio de la Manuela

¡Entera la nación corre a su encuentro!
Don Francisco Sagasti, vasco y noble,
con algo de polilla, pero roble,
por fuera progresía, hueco dentro.

Estampa de virrey, casi Borbón,
con pañuelo de seda de armadura.
Caballero del pueblo ¡Qué finura!
Bardo dado al caviar, como al ostión.

Del Imperio del Sol, al Manzanares;
del paseo Colón, a la Cibeles;
nuestro Cid del Cantar de los Cantares

nos trae a los peruanos, oropeles.
Ser presidente, dicen nuestros bares,
es lo mismo que Rey de los Burdeles.

 

 

EL RÍMAC AZUL

Por Telésforo Picón

Un Schömbrunn como en Viena. ¡Un palacio!
Un Hochhäusler, merece esos jardines.
Francisco y sus rojetes querubines
tienen sublime el gusto, don Pancracio

Como un Habsburgo, brioso y a caballo,
ha traído caché su investidura.
¡Qué elocuencia sensible! ¡Qué postura!
¡Cuánto da orgullo, ser así un vasallo!

Mocasín, blazer, lentes de carey,
música, poesía y climaterio;
gobierna con mesura y es la ley.

¡Sagasti, Emperador del Sacro Imperio!
Danubio Azul del Rímac, aquí el rey,
termina siempre en celda y venusterio

 

 

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