Política

PEDRO Y VERO, DE VUELTA A LA CAVERNA

Por: José Antonio Olivares

No obstante sus graves contradicciones, sus acusaciones de traición, de pretender ser la “izquierda moderna” de no ser homofóbicos ni misóginos, de pretender ser anticorruptos, y defensores del medio ambiente, la  derrotada izquierda de cafetín se aupo al proyecto del lápiz de inspiración cubana. Ahora mejor que nunca se aplica la famosa “Alegoría de la caverna”, donde Platón da cuenta de cómo las personas están convencidas de realidades que no son más que verdades aparentes. Se trata simplemente de figuras proyectadas que ven prisioneros amarrados en el fondo de una caverna. Pero -dice Platón- si alguien lograra desatarse y salir de la caverna, se daría cuenta de que las cosas son distintas.

La paradoja es que ello ocurrió en la izquierda. Caído el muro de Berlín, cayó la vieja utopía de crear una sociedad nueva y un hombre nuevo. Un lugar donde no existan las clases sociales ni la división del trabajo. Donde cada uno podría “cazar en la mañana, pescar después de comer, criar ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena, sin necesidad de convertirse en cazador, ni en pescador,ni en pastor ni en crítico”, como decía Marx.

Asi lo expresaba Francisco Covarrubias, Decano de  Facultad Artes Liberales Decano de la Facultad de Artes Liberales de la Universidad Adolfo Ibáñez, de Chile, cuando afirmaba que la izquierda moderada empezaba a desaparecer. Señala Covarrubias que esta  utopía, del éxito del socialismo y el comunismo que no solo no ocurrió en ninguna parte, sino que fue la excusa para crear totalitarismos brutales, donde la escasez de libertad y la abundancia de hambre formaron parte del factor común en todos los lugares que existió.

Explica que así fue cómo surgió la socialdemocracia. Aquellos que habían salido de la caverna vislumbrando que el muro caería. Aquellos que se dieron cuenta de que las banderas de la preocupación social podían convivir con la libertad y el mercado. Fue la izquierda democrática y liberal. La izquierda de Tony Blair, de Felipe González, de Ricardo Lagos.

Paradójicamente, esa izquierda está desapareciendo. Los resultados electorales así lo muestran. En los últimos años así ha ocurrido en Grecia, en Holanda, en España, en Francia y, recientemente, en Alemania. Electoralmente han sido muy castigados los sectores moderados También paso así ocurrió en el Perú a JPP liderados por la  Sra. Mendoza, que ahora va en pos de la izquierda tradicional… y cavernaria. La izquierda que no cree en la democracia. Que no cree en la libertad. Que no cree en la tolerancia. Que cree en la “lucha de clases” y que tiene secuestrada la palabra “progresismo”.

Esa izquierda cavernaria tiene la creencia de que las fuerzas del mercado se pueden aplacar y reemplazar, de que las personas deben anestesiar su interés propio de surgir, consumir y divertirse. Tienen la fe en que la asamblea o el Estado puede resolverlo todo.

Parte de eso hemos visto en la campaña. Su discurso ahora quiere ser ambivalente. Perú Libre esta jugando desde adentro y desde fuera de la caverna. Pretende mostrarse moderado en su alianza con la Mendoza, quiere prestarse técnicos, asumir algunas propuestas, pretende respetar la institucionalidad, pero pesan más las  cosas cavernarias muy de la mano con el rol que ha tenido la ideología marxista leninista maoísta mariateguista  en su campaña, y la sombra de de Sendero Luminoso, y no no es terruqueo es la constatación de sus electos congresistas  vinculados o sentenciados por Terrorismo. Basta recordar, por ejemplo, la perorata en contra de “las fuerzas voraces de las transnacionales que explotan a nuestra gente”.

Es un hecho que los sectores moderados de izquierda empiezan a desaparecer. Y tal como predice Platón, quienes vuelvan a la caverna a tratar de desatar a quienes están ahí adentro, probablemente serán asesinados. Tal como les está ocurriendo a los grandes próceres de la tercera vía. Tal como le ocurrió a Ricardo Lagos en Chile. Y como probablemente ocurrirá con la Mendoza y sus progres rojiverdes  después de la elección presidencial. Creen probablemente que  “volver a las raíces” y meterse más al fondo en la caverna, es una opción . Pareciera ser que -como dice una canción de Serrat- “ellos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado”.

Castillo; Cerrón y Mendoza ahora quieren maquillar la caverna de  progresista, disfrazan asi la verdad, aprovechando que por lo general, el progresismo se asocia a los partidos políticos llamados de izquierda, en oposición a los conservadores, llamados de derecha. Preconizan el progreso (valga la redundancia) en todos los órdenes. Pero resulta que muchos de los partidos y líderes que se proclaman de izquierda llevan a cabo políticas crudamente opuestas al progreso: tiranizan a sus naciones, cercenan la libertad de opinión, generan pobreza, someten la Justicia a los miserables intereses del grupo dominante, son hipócritas, desprecian la dignidad individual, corrompen la democracia, debilitan las instituciones democráticas, quiebran la senda del derecho y otras calamidades por el estilo.

No obstante, por la simple razón de exhibir carteles que los definen como “de izquierda” o “progresistas”, quieren estar  protegidos por el escudo de una excepcional impunidad. Supongamos que un gobierno desprovisto del maravilloso título de “progre” cercenara el disenso, metiera en la cárcel a los opositores, cerrara medios de comunicación que le resultan molestos, reprimiera manifestaciones y asesinara a decenas de ciudadanos en la calle. ¿Qué ocurriría? Seguro que habría incontables y muy sonoras expresiones de condena. Vean sus reacciones respecto a Colombia ahora mismo. Líderes que en este momento son tibios o cómplices activarían a las organizaciones internacionales para detener los abusos de ese poder. Se enviarían comisiones investigadoras, se escucharía a los disidentes, se difundirían con más intensidad sus crímenes, se implementarían sanciones políticas y económicas. No hay duda de que se haría todo eso y aún más.

Marco Agunis, escribió esto en la Nación, en Argentina: “Pero resulta que el gobierno de Venezuela se llama “progre”. Nació con la arrogante pretensión de crear un hombre nuevo (pretensión mesiánica que se repite de tanto en tanto y adquirió febril intensidad en 1917, con la fundación de la Unión Soviética). Cambió el nombre de la nación con el agregado de “bolivariana” y se proclamó adalid del “socialismo del siglo XXI”, que sanaría las fallidas experiencias autoritarias del pasado. Desgraciadamente, igual que en las experiencias anteriores, fue hundiendo al país en las ciénagas de una dictadura empobrecedora, ignorante y brutal, que solo mantiene como fachada la convocatoria a elecciones, a las que se contamina de fraude antes de que se realicen.

La revolución cubana también fue “progre”. Muy progre. Millones creyeron en ella con ingenua esperanza. Modestamente, yo también.

Pero los ideales solo flamearon en los discursos y las racionalizaciones. La gran revolución que devastó esa hermosa isla y ensangrentó con aventuras guerrilleras América Latina, África y otros continentes degeneró pronto en una dictadura unipersonal férrea, asesina y estéril. Los hermanos que la condujeron pueden ostentar las medallas de tiranos seniles. Pero a ese gobierno inepto, delirante, corrupto y asesino se lo sigue considerando “progre”, es decir, de izquierda. La razón es simple: como se ha proclamado progre y sigue diciendo que es progre, brinda certificado de progre a quienes lo apoyan, aunque ese apoyo cause náuseas.

Corea del Norte es una dictadura que ha elegido el aislamiento monacal. Es de izquierda porque nació con las bendiciones de la URSS y China y sus líderes se proclaman marxistas-leninistas. Pero su socialismo ha optado por una forma de sucesión que debe convulsionar los huesos de Marx y Lenin, porque impuso el reaccionario modelo de la monarquía absoluta. Algo que ni siquiera en estado de delirio aquellas grandes cabezas hubieran sospechado. Corea del Norte funciona como un colchón entre China y Corea del Sur y quizá por eso la dejen sobrevivir. El pueblo tiene hambre y debe mendigar comida, pero se gastan enormes cifras en bombas atómicas. Contra ese régimen no hay manifestaciones universitarias, ni políticas, ni de organismos humanitarios, porque repica su condición de “progre” mediante su odio al gran enemigo que encarna el imperialismo yanqui.

Desde hace décadas, ser enemigo de Estados Unidos condecora de inmediato con la credencial de “progre”. No hace falta más.

Llama la atención la escasa fortuna que ha tenido una obra mayúscula como El libro negro del comunismo. Con una documentación farragosa y estilo subyugante, pasa revista de las experiencias de izquierda, progres, que se concretaron desde comienzos del siglo XX. Los conflictos entre los reformistas socialdemócratas y los revolucionarios comunistas dieron por mucho tiempo ventaja a los comunistas. Tanta ventaja que ahora, cuando el comunismo ya está desenmascarado como una corriente ciega que en la práctica nunca genera más libertad ni justa inclusión, todavía sigue gozando de tolerancia o silencio. No abundan las condenas a Stalin, los gulags, a Mao, a Pol Pot y a los dictadores de las mal llamadas “democracias populares”. No son recordados como líderes de etapas tenebrosas que deben estudiarse para no repetirlas ni por asomo.

Con gran acierto, Horacio Vázquez Rial calificó a estos “progres” como la “izquierda reaccionaria”. O “perversa”. ¡Gran definición! Los discursos de esa izquierda son engañosos, aunque escondan la palabra comunismo y la reemplacen por socialismo, progresismo, nac & pop u otras variantes. No conducen a una mejor democracia, ni a la consolidación de los derechos individuales y colectivos, ni estimulan el pensamiento crítico, no consiguen un desarrollo económico firme, odian el respeto a las opiniones diversas, destruyen la meritocracia en favor de la burocracia y la ineptocracia nutridas por el poder de turno. Operan como la trampa de almas ingenuas u oportunistas, que no son pocas.

Como observación final, hago votos para que la palabra progresismo solo se aplique a quienes de veras quieren el progreso (no lo contrario), la modernidad, la justicia, la decencia, el respeto, la ética, las instituciones de una vigorosa democracia y los derechos asociados siempre a las obligaciones.” (sic).

En fin es la misma izquierda juntos en la misma Caverna.

 

© Café Viena

1 comentario

  1. Pues oremos, estamos en las “manos” de Dios, como Jesús en el huerto: Padre, si es posible aparta del Perú, el cáliz del comunismo, pero no se haga mi voluntad sino la Tuya.

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